Francisco Fernández García/Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Con el horizonte puesto en las próximas fiestas de la Cruz, vamos a recordar un suceso violento poco conocido ocurrido durante las fiestas de 1559, y que tenemos que enmarcar en el contexto de las luchas de bandos que tuvieron lugar durante los siglos XVI y primera mitad del XVII en Caravaca. Enfrentamientos entre grupos oligárquicos, prolongados en el tiempo originados por la ambición del ascenso social y económico, ocupando los puestos de mayor relevancia en el concejo y  enriqueciéndose con los amplios recursos que ofrecía la entonces villa de Caravaca y su término.

Aunque existieron otras facciones, los dos grupos más importantes fueron los encabezados por una parte por las familias Muso y Muñoz y por la otra, por la familia Mora, dándose la circunstancia de que ambas vinieron a Caravaca en las últimas décadas del siglo XV atraídos por el comercio y la ganadería.

De origen italiano, posiblemente de la Lombardía, los Muso llegaron a nuestra población procedentes de Cuenca buscando ampliar su negocio, se dedicaban al comercio de la lana, sector de amplias posibilidades en Caravaca. Por su parte, los Mora se habían distinguido gracias al servicio de las armas, habiendo algunos de sus integrantes participado en las guerras de Granada, de Italia, Francia y Flandes; también se dedicaban a la ganadería y al comercio de la lana, por lo que su rivalidad con los Muso Muñoz fue inevitable. En este bando se integraban también otras importantes familias, como los Robles, Reinas, Melgares o Moyas.

La necesidad de la corona de más recursos económicos propició que a partir de 1545 se autorizara la venta de regidurías, siendo este el modo por el que estos nuevos personajes pudieron acceder a los cargos públicos y posteriormente a apoderarse de ellos, ya que a partir del primer cuarto del siglo XVII pasaron a ser hereditarios.

El poder económico de ambas facciones y su acceso a los oficios públicos fue progresivamente aumentando. En 1558 Francisco Muso es acusado de tener “dos regimientos suyos uno en caveza del Lizenciado Pedro Muñoz su hijo y el otro en caveza de Salvador Garzia; y ademas un hermano regidor que era Pedro Muñoz y otro primo hermano que era Juan Caja regidor y otro regimiento de Christoval de Abila su sobrino hijo de su hermana puesto en cabeza de Bartolome de Raya rexidor que son 5 regimientos que todos hazian lo que Francisco Muso queria y le seguian como a su caveza si el Alcalde mayor le admitiese se seguiria que en el conzejo no se haria otra cosa que lo que el Francisco Muso quisiese sin que los demas ofiziales lo pudiesen resistir espezialmente concurriendo ser el hombre mas Rico y poderoso asi por tener mas de 60 mil ducados de hazienda como por tener los dichos zinco regimientos”.

La situación se mantuvo nivelada hasta 1558, cuando Francisco Muso obtuvo del Rey la concesión del recién creado oficio de Alférez Mayor de Caravaca, que posteriormente quedaría vinculado a su familia y descendientes. Este oficio conllevaba, entre otras prerrogativas, el mando sobre la milicia de la ciudad, la custodia en sus casas de morada del estandarte real y llevarlo en acciones militares y en actos civiles, entre ellos las procesiones de las fiestas de la Cruz, realizar el pleito-homenaje, llevar armas en las sesiones del ayuntamiento y sentarse al lado del alcalde mayor.

Ante lo que entendían era un agravio, las familias contrarias presentaron sus quejas ante el concejo de la villa e incluso suplicaron al rey que derogara el referido título, pero sus demandas no fueron atendidas, por lo que decidieron pasar a la acción planificando el asesinato del nuevo alférez mayor antes de que pudiera ejercer como tal durante las fiestas.

El 2 de mayo de 1559, vísperas de la festividad de la Cruz, un grupo de personas al frente de las cuales figuraba Fernando de Mora atacaron en la plaza pública de la villa al referido Muso, que se encontraba acompañado de varios de sus partidarios, con la intención de darle muerte “y estorbarle que llevase el estandarte en la funzion de cruz de aquel dia”; sin embargo, no pudieron alcanzar su objetivo ya que el alférez y sus partidarios buscaron refugio en el interior de la parroquial. Entre los agresores figuraban también el alcaide la fortaleza Alonso Melgares, los regidores licenciado Torrecilla de Morales, Pedro Marín Melgares, Juan de Morales, Alonso de Reina y Juan de Mora y los escribanos Alonso de Robles, Juan de Robles, Ginés de Perea y Juan Melgares entre otros.

Este contratiempo no hizo cambiar de opinión a los agresores, quienes se reunieron de manera improvisada en la casa de Hernando de Mora, decidiendo volver a intentarlo aunque para ello fuese preciso penetrar en la iglesia. Salieron nuevamente a la calle e irrumpieron en el templo y allí, sin respetar el carácter sacro del recinto, se produjo la agresión y aunque finalmente no alcanzaron sus objetivos varios de los presentes resultaron heridos antes de que la situación pudiera ser sofocada no sin gran esfuerzo por los alguaciles: “y entraron en la Yglesia donde ya estaba dicho Francisco Muso y con tropel hecharon mano a las espadas y tiraron muchas cuchilladas de que salieron heridas muchas personas, sin que el alcalde mayor ni los alcaldes ordinarios ni alguaziles pudiesen contener el furor con que buscaban a Francisco Muso para matarlo y los que con el estaban, con tal desacato al Templo y a los alcaldes que les quebraron las varas y otros exzesos”. El hecho fue denunciado a las autoridades civiles y religiosas, puesto que el altercado tuvo lugar en sagrado, y los agresores condenados a la pena de excomunión por el obispo de la diócesis, desconociéndose cuál fue la sentencia impuesta por la justicia ordinaria, aunque al parecer algunos murieron en la cárcel. Francisco Muso usó el título a partir de ese año, ejerciéndolo ese año “en la fiesta dela Cruz de Mayo, en la del Corpus y en las fiestas de alegria que se hizieron por las Pazes de España con Franzia”.

Para atajar la violencia, las principales familias llegaron a un acuerdo, firmándose un compromiso entre ellas. Sin embargo la paz duró poco, ya que nuevas diferencias hicieron que la violencia regresara, sucediéndose nuevos episodios con diversos duelos, lances y agresiones, una de la cuales llevó a Sebastián de Mora a refugiarse y pedir asilo en la ermita de San Sebastián, aunque no le sirvió de mucho, ya que el jueves de carnaval de 1561 fue asesinado a traición en la puerta de la ermita por un grupo de contrarios encabezado por los hermanos Luis y Sebastián de Sahajosa y el primo de ambos.

Para evitar su detención, los agresores se escondieron en la casa del bachiller Matienzo, huyendo posteriormente a Murcia, refugiándose finalmente en el monasterio de San Francisco de Orihuela. Esto generó nuevamente un clima de violencia que obligó al gobernador y alcalde mayor de la villaa dictar el 21 de febrero de 1561 un bando prohibiendo “andar de noche con armas ofensivas e defensivas, aunque sea espada o puñal, ni parar en la calle ni en cantones ni rondar casas ni otras partes, ni andar arriba de dos juntos so pena de dos meses de destierro desta villa e sus terminos”.

Para pacificar la población,  investigar los sucesos y castigar a los culpables el Consejo de Ordenes envió un juez de comisión, resultando condenados a muerte Luis de Sahajosa, Alonso Muñoz, Juan Pérez y otros consortes, aunque no se pudo verificar la sentencia ya que se encontraban ausentes de la villa. Algunos de los participantes fueron condenados a pena de destierro y otros encarcelados.