Antonio Gabarrón García/Archivero municipal

La construcción de la actual fortaleza, castillo renacentista construido en sillería en tiempo posterior a la Conquista, no podemos entenderlo sin un documento clave para la historia de la ciudad y conservado en el archivo municipal de Mula: nos referimos al fuero de Córdoba. El rechazo de determinados lugares, entre los que se encontraba Mula, a la adhesión al Tratado de Alcaraz de 1243 (tratado por el que el rey de Murcia Ibn-Hud pasaba a ser vasallo del rey castellano),  originó que el ejército de Fernando III tuviera que recurrir a la ocupación militar de esas poblaciones rebeldes al pacto lo cual, a su vez, llevó al repoblamiento castellano y la consecuente ordenación jurídica de las mismas. Los territorios que se acababan de incorporar a la corona –Mula, Cartagena, Lorca o Alicante- recibieron por parte de sus monarcas fueros y privilegios con los que atraer a una población reacia a asentarse en zonas fronterizas pero, además, conseguían una buscada uniformidad jurídica para las nuevas tierras de Murcia y de la Andalucía recién conquistadas.

Al recibir Mula el fuero de Córdoba en 1245 (fuero que era, a su vez, una refundición del de Toledo), se le eximía a la ciudad del pago de peaje en todo el reino, con excepción de las ciudades de Murcia y de Toledo, la posesión del sello y del pendón y la elección, por parte de la villa, de los propios miembros de su Concejo. Se sumaría después, con otros privilegios, la soberanía sobre Albudeite, Campos, Bullas y Pliego, con lo que el término municipal se amplió considerablemente. Con los privilegios obtenidos, Mula pasaba a ser una villa de realengo, es decir, una villa que dependía directamente del rey y no pertenecía ni a la nobleza ni a la Iglesia.

Todo siguió así hasta que en el año 1430 otro rey, Juan II, concede el  título de Señor de Mula a Alonso Yáñez Fajardo, Adelantado del reino. Esta concesión, insignificante en su momento, es el punto de partida de todos los conflictos que van a devastar la villa durante la Edad Moderna. Con dicha concesión, y violando lo contenido en el fuero de Córdoba, Mula pasaba de villa de realengo a una villa más del señorío de esta familia. Pero cuando la conflictividad empieza realmente a hacerse patente es a partir del año 1507, cuando la reina Juana I de Castilla –Juana la Loca- y en compensación por la incorporación del rico señorío de Cartagena a la corona castellana –que había pertenecido a los Fajardo-, le concede a Pedro Fajardo Chacón el título de primer marqués de los Vélez. A partir de ahí serán continuas las injerencias de esta familia en las decisiones del concejo muleño y constantes sus presiones para manipular a los miembros del mismo. Esta conflictividad desembocará en la crisis de 1520 con la revuelta que obligó al primer marqués a jurar y respetar esos privilegios que estaban contenidos en el fuero de Córdoba y especialmente los relativos al nombramiento de cargos del Concejo. La reacción del marqués ante esta humillación que le hicieron los muleños, fue la construcción de la enorme fortaleza que se alzó desde entonces sobre sus cabezas.

Ese fuero y esas franquezas que se habían concedido en el año 1245 a Mula a través del documento al que estamos haciendo mención, está considerado como uno de los primeros documentos extendidos por la cancillería castellana en el recién incorporado reino de Murcia. Fechado el 8 de agosto de ese año en Jaén, forma parte de la categoría denominada diplomáticamente como privilegios rodados, pues este tipo de documentos llevan en su centro un círculo o rueda en los cuales se insertaba el signo o sello real junto a las armas reales y en otro círculo interior el nombre del rey y de la reina que concedían el privilegio. A ambos lados de la rueda se incorporaban los testigos presentes en la concesión y que originariamente se correspondían con los prelados y ricos-hombres de Castilla a la derecha y a la izquierda los de León y de Galicia. Nuestro documento incorpora otra imagen circular más al inicio del mismo: es el llamado crismón, invocación monogramática o abreviatura compuesta por las letras griegas Χ y Ρ entrelazadas, iniciales de Cristo con las que se inicia el texto del documento. Escrito en latín, con tinta ocre y escritura gótica cursiva, llamada también escritura de privilegios, se encontraba rematado en su parte inferior por un sello de plomo cuya función era la de autentificar al documento. Las perforaciones que podemos ver hoy día en dicha parte inferior se corresponden con los huecos por donde una vez se entrelazaron los cordones de seda a los que iba cogido el sello y que, como en tantos documentos medievales, ha desaparecido. Una nota posterior, realizada en su parte inferior izquierda con otra tinta y otro tipo de letra, hacía un breve resumen del mismo pues, en siglos posteriores a la redacción del documento, ya había problemas a la hora de entender su contenido; ya se escribía de otra manera. Si bien Nicolás Acero y Abad en su Historia de la M. N. y L. villa de Mula (1886) lo transcribe, lo traduce y lo nombra, al igual que aparece transcrito y nombrado en la Historia de Mula de Antonio Sánchez Maurandi (1955), lo cierto es que el Fuero de Córdoba no se encontraba en el archivo municipal desde hacía mucho tiempo. Sería a través de las gestiones realizadas a comienzos de la década de los noventa del pasado siglo, siendo Bibiano Imbernón alcalde, cuando Mula recuperaría un documento tan emblemático de su historia y que se encontraba desaparecido; seguramente habría sido robado ante el abandono y la dejadez que aquejó a tantos archivos españoles durante décadas. El documento se recibió en un estado lamentable y fue sometido a un lento proceso de rehumidificación por parte del anterior archivero municipal, José Boluda Guillén, hasta que se consiguió devolverlo a su estado natural, tal como hoy podemos apreciarlo. Se recuperaba así una pieza clave del puzle de nuestra historia, completamente ligada, a su vez, con el origen histórico de la fortaleza muleña.