PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Fue tan profesional, tan artista, tan coherente, lógica y valiente, que nunca quiso desvelar su enfermedad para no preocupar a su legión de fans, pero, pese a todo, no pudo evitar que un cáncer terminal de pulmón le arrebatase la vida cuando tenía 78 años, muy difíciles de asumir por sus seguidores, en base a su siempre joven imagen y su dinamismo de movimientos sobre el escenario. Ha gozado de multitud de apelativos identificadores con los que fue “bautizada” con auténtico cariño: “La Carrà”, “La novia de Italia”, “Reina de la fiesta”, “Dominadora de la verbena” y otros muchos.

Intercontinental.- Querida, respetada, admirada y valorada en todos los ambientes de su Italia natal. También de España, donde siempre se le acogió con una hospitalidad excelente, así como en otros países con los que mantuvo estrecha relación profesional.

Multidisciplinar.- Ha sido actriz de cine, de teatro, presentadora, artista relacionada con la televisión como “show-woman” y, esencialmente, cantante que interpretaba canciones que atraían a todo el mundo por picantes, rítmicas, alegres, verbeneras y festivas. Probablemente, no fuera la mejor en ninguna de esas actividades, pero, ciertamente, esta incansable trabajadora del escenario, se ha distinguido, en todas las disciplinas practicadas, con notable admiración.

En “La Carroza”.- Le vimos, por vez primera, en el murciano barrio de Pueblo Nuevo, localizado en la pedanía de Santiago y Zaraiche, concretamente en la extinta y, en su momento, emblemática discoteca-sala de fiestas “La Carroza”, donde ofreció una actuación verdaderamente memorable. Era la década de los años ’70, cuando la italiana estaba en esa edad de los “treinta y…”, dispuesta a comerse el mundo, a protagonizar, con más fuerza que nunca, ese brusco movimiento de sus vértebras cervicales que exhibía durante la interpretación de la canción titulada “En el amor todo es empezar”, la de “explota, explótame, expló”, coreografía que muchos han imitado, pero pocos han logrado con la autenticidad de la italiana, ejercicio que ha seguido practicando toda su vida, sin importarle la edad, porque ha entendido, en todo momento, que se debía a quien le había hecho grande: el público.

Siempre artista.- Raffaella María Roberta Pelloni (18-06-1943, Bolonia-Italia/05-07-2021, Roma-Italia), artísticamente conocida como Raffaella Carrà, quien, además de las actividades antes mencionadas, ha sido compositora, coreógrafa y bailarina, amén de asumir cualquier actividad artística que se le pudiera ofrecer, porque, indudablemente, Raffaella era, esencialmente, artista.

Consternación general.- Afrontó numerosos programas en la RAI italiana, en nuestra TVE, a lo que sumó especiales de gran lujo en Perú, Chile, México y Argentina, logrando que Europa y Latinoamérica se rindieran a sus pies. El mundo “gay” también le ofrece triste y muy consternada memoria, porque se consideraba reflejado en sus siempre “misteriosas” y, a veces, “retorcidas” canciones, cuya relación es amplísima, como lo es su vida, por lo que, para narrar su brillante trayectoria, necesitaríamos, no una página, sino más de una edición íntegra de este semanario que tienen en sus manos.

Interminable lista de canciones.- No podemos dejar de citar canciones señeras como “Hay que venir al sur”, “Caliente, caliente”, “Corazón salvaje”, la ya citada “En el amor todo es empezar”, “Lola”, un tango que la italiana interpretaba muy sentidamente; “Fuerte, fuerte, fuerte”, “Latino”, “Rumore”, incluída en la banda sonora del film “El gran marciano”, canción lanzada en agosto de 1974 y con la que Carrà “aterrizó” en España; “A far l’amore comincia tu”, “Tanti auguri”, “Fiesta”, “Tuca, tuca”, “Qué dolor”, “Mamá, dame 100 pesetas” o “Lucas”, además de grandes versiones de “Adiós, amigo”, “Borriquito” o “Cuando calienta el sol”, sin olvidarnos de su enorme colección de villancicos, entre los que destacan sus adaptaciones de “La marimorena”, “Hallelujah” o “Feliz Navidad”. Acumuló mucho trabajo, su repertorio es amplísimo y su anecdotario interminable.

La noticia dejó sin respiración a Italia.- Su coreógrafo Sergio Japino, que también era su ex-pareja, tuvo que responsabilizarse de lanzar una noticia que, por inesperada, dejó sin respiración a toda Italia: “Raffaella nos ha dejado. Se ha ido a un mundo mejor, donde su humanidad, su inconfundible risa y su extraordinario talento resplandecerán siempre”. Italia se ha volcado en sus honras fúnebres. La capilla ardiente se instaló en el ayuntamiento de Roma, discurrió un ordenado y perfectamente organizado cortejo fúnebre por la capital italiana, tres días de luto y sepelio televisado en directo sin reserva alguna, con el orgullo de ofrecerle esas especiales condiciones a una icónica artista “suya”, merecedora de todo, al haber paseado la “marca Italia” por el mundo entero. Siguiendo sus últimos deseos, fue incinerada.

Con los “grandes”.- Desde muy pequeñita, ya sabía que quería ser artista y en ello se afanó. Y lo logró con creces, trabajando con los más míticos valores internacionales, con “duetos” grabados en discos, así como imágenes para concursos, galas y demás, en diversos medios. Pero también apareció en la película “El coronel Von Ryan”, junto a Frank Sinatra, Edward Mulhare y Trevor Howard. En el mundillo de la canción, no mencionamos colaboraciones porque se harían interminables, pero, por dar un nombre de su país y, otro, del nuestro, citemos, respectivamente, a Al Bano y Raphael. Fue mágico el incremento de su popularidad al mostrar su ombligo en la televisión italiana, extremo tan inusual como impensable, entonces.

Evitó el encasillamiento político.- Tuvo la habilidad, entre otras muchas actitudes, de votar durante numerosos años al Partido Comunista y, sin embargo, no manifestarse hacia ninguna tendencia política para no resultar encasillada. Quedan muchas “idas y venidas”, premios, reconocimientos, galardones, triunfos en todo el mundo y una vida activa llena de trabajo, simpatía y buena relación con todo el mundo, pero el espacio no nos permite ampliarnos, por lo que solamente nos queda decir, sentida y sinceramente, “¡¡¡ciao, ciao!!!, Raffaella, no te olvidaremos nunca y seguiremos haciendo sonar tu música en todas las fiestas. Ahora, descansa en paz, porque te lo has ganado para toda la eternidad”. Buenos días.