MANUELA SEVILLA ARNAO

«Nadie es profeta en su tierra» este refrán, tan escuchado y manido, refleja a la perfección su sentido en la figura de Rafael Serra Ruiz (Calasparra, 15 de diciembre de 1928). No lo es en su faceta humana, pues todo el pueblo de Calasparra conocía a la persona que paseópor sus calles. Gran amigo de sus amigos, Emilio Pérez Piñero (del que era Rafael Serra, en la Academiaprimo), Norberto Cassinello,FranciscoPérez Mayo…, como buen calasparreño sentía devoción por la Virgen de la Esperanza llegando a escribir un artículo sobre la ermita que editó el Ayuntamiento en 1962, siempre preocupado por los acontecimientos locales, regionales y nacionales, consejero de quién se lo pedía y estudioso de la historia de su pueblo. Gran aficionado al deporte también le gustaba jugar al futbol con el equipo calasparreño y a lo largo de su vida llegó a ser directivo de la Federación Murciana de Fútbol.
Es en su faceta como jurista, historiador e investigador, donde es un gran desconocido para sus paisanos. Estudió tres licenciaturas, primero Derecho en la Universidad de Murcia y posteriormente Filosofía y Letras, en la misma Universidad, y Ciencias Políticas en Madrid. Ya desde su época de estudiante en Murcia mostró su personalidad implicada en el mundo que lo rodeaba participando en la Revista «Cesar», creada dentro del Sindicato Español Universitario, pero con un marcado carácter crítico y que agrupaba a todos los estudiantes universitarios, cuyo director era Francisco Alemán Sainz y entre sus firmas destacadas señalamos aGonzalo Sobejano, Lasso de la Vega, Juan Barceló, Miguel Espinosa, Conchita Sánchez Pedreño.
Pasaba temporadas en Calasparra siempre que su trabajo se lo permitía. Encerrado en el Archivo Municipal, que en esa época estaba en los bajos del Ayuntamiento viejo, en el actual Hotel Constitución,se entretenía descifrando y transcribiendo los numerosos legajos que nos hablan de la historia de Calasparra, sobre todo en lo referente a la Orden de San Juan de Jerusalén, yo creo que es el primer historiador que ha investigado este tema. En este punto debo mencionar la figura de D. Antonio Roman Sirvent, Secretario del Ayuntamiento de Calasparra desde 1945, que supo guardar los papeles y legajos anteriores a 1920, fecha tope que puso la nueva Corporación para catalogarlos y destruir los anteriores, y a D. Enrique Reventós que realizó un trabajo minucioso al catalogar los documentos confeccionando unas tarjetas a mano para dar las máximas entradas a los documentos. Este fue el germen de que hoy en día tengamos un prestigioso y magnifico Archivo.
Rafael Serra recibió cuatro premios importantes a nivel nacional. El primero fue el premio «Menéndez Pelayo» en 1961, convocado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, por su obra «Honor, honra e injuria en el Derecho medieval Español». Este mismo año recibe el Premio de Investigación Jurídica «Gestoso Tudela», en honor al Vicerrector D. Luis Gestoso, por su obra»Juan de la Cierva, jurista murciano». En 1963 la Diputación de Murcia convocó el Premio Nacional Extraordinario «Cardenal Belluga», con motivo del III Centenario de su nacimiento, y se llevó el premio con la obra «Juicio crítico sobre el Cardenal Belluga». En 1965 vuelve a ganar el Premio «Gestoso Tudela» con su libro «El derecho de asilo en los castillos fronterizos de la Reconquista». En este año también es galardonado Francisco Alemán Sainz,escritor murciano, amigo de Rafael de su época de estudiante universitario y después familiar, pues su hermana, Carmen Alemán Sainz,se casó con Rafael.
En Murcia le gustaba pasear por Trapería. Profesor de la Universidad de Murcia muy querido por sus alumnos y compañeros y coetáneo de los profesores Cerdá Ruiz- Funes y Juan Torres Fontes, quienes lo definían como gran conversador y siempre lo recordaban como un alegre tertuliano que sabía animar un diálogo científico.
En Calasparra, siempreescuchando el latir de la realidad social e histórica,ocurrió un hecho que lo define como persona y jurista. En el año1962 hubo en Calasparra un hecho de gran importancia, denominado «La rebelión de los aparceros», quienes no estando de acuerdo con las cargas impuestas por los «usos y costumbres» en las cajas del arroz quisieron cambiarlo, con la consigna de no plantar el trigo para la próxima cosecha. En estas negociaciones entre la «Agrupación Sindical de Agricultores San Abdón y San Senén» y la Cámara Agraria con los representantes de los propietarios hubo muchas negociaciones, tiras y aflojas. En una de las reuniones estaba Rafael como mero espectador, sin voz ni voto, asistiendo sin pedir la palabra. Después de algunas intervenciones la negociación no se cerraba y tras marcharse los aparceros, en desplante sin firmar, fueron llamados cuando ya estaban en la calle puesRafael Serra había convencido a los propietarios de aceptar la subida económica que pedían los agricultores.(Manuel Moya Haro. 1996).
Por sus méritos académicos como profesor de la Universidad de Murcia, investigador con diversos artículos escritos en Revistas Científicasasí como los libros publicados, se le propone como Académico de la Academia Alfonso X El Sabio,órgano creado por la DiputaciónProvincial para desarrollar la cultura e historia de Murcia. Este cargo no llegó a ocuparlo ya que falleció en 1972, a la edad de 44 años.
En la prensa de esta época existen numerosos testimonios de compañeros y alumnos de la Facultad de Derechoensalzando la figura del profesor cuya voz ya no se oiría más en el eco de las aulas. Yo, como hija del pueblo, recojo las palabras que le dedicó Francisco Alemán Sainz comparando las cortas vidas de dos calasparreños de la misma época, que eran primos (su nombre completo es Emilio Rafael) y que fueron almas inquietas, uno investigador del pasado: Rafael Serra Ruiz, el otro investigador del futuro: Emilio Pérez Piñero, que de no haber aparecido la muerte en su camino se hubieran convertido en importantísimas figuras de la cultura española. Agradezco a Carmen Serra Alemán su información y documentación facilitada para que conozcamos un poco más a este Académico calasparreño.