PEDRO ANTONIO HURTADO/Ñico Fotógrafo

Su Calasparra del alma, su Santuario de Nuestra Señora la Virgen de la Esperanza, así como la propia Patrona del municipio arrocero eran su pasión permanente, además de su banda de música, sus amigos, que eran legión, sus compañeros de trabajo y, por encima de todo, su familia: sus hijos Antonio Jesús y María, a los que incorporó a “su” banda de música en la que, él, se ocupaba de hacer sonar su voluminoso bombardino. Sus citados hijos, respectivamente, manejan los pistones de fiscorno y clarinete, así como su querida y adorada esposa, Juana Dolores, quien también fuera abanderada de la propia formación musical local.

PEDRO ANTONIO HURTADO/Ñico Fotógrafo

Su Calasparra del alma, su Santuario de Nuestra Señora la Virgen de la Esperanza, así como la propia Patrona del municipio arrocero eran su pasión permanente, además de su banda de música, sus amigos, que eran legión, sus compañeros de trabajo y, por encima de todo, su familia: sus hijos Antonio Jesús y María, a los que incorporó a “su” banda de música en la que, él, se ocupaba de hacer sonar su voluminoso bombardino. Sus citados hijos, respectivamente, manejan los pistones de fiscorno y clarinete, así como su querida y adorada esposa, Juana Dolores, quien también fuera abanderada de la propia formación musical local.

Misa de aniversario

El pasado viernes, en la iglesia parroquial de “La Merced”, ese precioso templo del siglo XVI que goza de un excelente retablo que luce con enorme monumentalidad junto al resto de imágenes de sus amplias zonas de culto, presentando, igualmente, dos entradas importantes, una por la calle Germán Galindo y, otra, por Juan Ramón Jiménez, ofreciendo encuentro, por ahí, con la emblemática escultura, en su fuente, de “El arrocero”, tuvo lugar la misa de aniversario por el eterno descanso del alma de Juan Martínez Moreno, conocido por todo el vecindario, cariñosamente, como “Juan el Pepón”, querido en la comarca del Noroeste, valorado por los músicos de la zona y admirado por todos en base a su nobleza, generosidad, buen talante y afán permanente de hacer el bien a todo el mundo. Cuando la muerte vino a arrebatarle la vida, el día 21 de Enero de 2015, solamente contaba con 50 años recién cumplidos y era el Subdirector de CAJAMURCIA-BMN en su localidad natal, en Calasparra. Dejó un hueco insustituíble y representó una irreparable pérdida para su familia, por supuesto, pero también para todo el vecindario, como persona querida, apreciada, respetada, considerada y admirada que era por sus muchos valores y virtudes.

Navidad con “su familia profesional”

En el año 2013, la comida de Navidad que celebramos los compañeros de la entidad financiera mencionada, tuvo lugar en el restaurante de ese Santuario al que rendía veneración y, como no podía ser de otra manera y aunque la salud no le estaba siendo muy favorable en esos momentos, se desvivió, junto a los compañeros de su centro de trabajo, por ofrecer un memorable encuentro gastronómico al resto de compañeros de las oficinas de la Zona del Noroeste. Lo consiguió con nota sobresaliente, tal como reconoció el entonces alcalde del municipio, Jesús Navarro Jiménez, quien nos acompañó en el café, nos ofreció unas cariñosas y muy agradecidas palabras navideñas y reconoció la labor generosa y desinteresada del músico al que, ahora, solamente podemos recordar. Y, en ese paradisiaco entorno, repleto de irrepetibles paisajes, un lugar que, como él mismo solía decir, “hechiza, atrapa y embelesa como bucólico e inigualable paraje”, cosechó todo un éxito de los muchos que, involuntariamente, supo anotarse el distinguido calasparreño. Y, luego, tras la suculenta y copiosa comida, como buen músico y entonado intérprete, nos deleitó en el karaoke y nos dejó tan imborrable huella que le recordamos siempre y, muy especialmente, en esos encuentros navideños que, él como nadie, celebraba con entusiasmo, compañerismo e ilusión.

El templo estaba completamente lleno de familiares, amigos, compañeros y vecinos

Y la misa que ofició el pasado viernes el titular de la parroquia citada, José Manuel Martínez Rosique, fue otra prueba inequívoca de cariño y cercanía al músico y bancario desaparecido. La iglesia estaba repleta de familiares, amigos y paisanos que volvieron a engrandecer el acto religioso con su asistencia, sentimiento y oración, no sin dejar ver algunas lágrimas, en determinados momentos, en las mejillas de muchos asistentes que sentían la celebración como un motivo de acercamiento al siempre inolvidable Juan Martínez Moreno. El oficiante, con impecable casulla roja en tono mate, dijo que su indumentaria representaba la sangre de Cristo e hizo descansar la ceremonia religiosa en San Vicente Mártir, al ser el Santo correspondiente a la fecha que nos congregaba. Y el evangelio de San Marcos, al que se dio lectura, sirvió para que el sacerdote recordara en su homilía “nuestra vida como limitada y basada en ‘metas volantes’ que van marcando y consumiendo nuestra fugaz estancia en la tierra, a la búsqueda de una vida eterna, dejando constancia de que este breve paso terrenal es plenamente compatible con la alegría y la tristeza que sirven para fortalecer nuestra convivencia y hacernos más perseverantes en la fe para servir a Dios, como razón esencial de nuestra vida”, apostilló. Los interminables testimonios de pésame prolongaron un acto religioso, con el incesante recuerdo de ese devoto de Nuestra Señora la Virgen de la Esperanza, al que muchos no otorgamos certeza o veracidad a su inexplicable y temprana desaparición.

Una ilusión cumplida

Era su gran ilusión convertirse en pregonero de las fiestas calasparreñas y proclamar las bondades, virtudes y milagros de su adorada patrona. Y optó a ello, con el propio Santuario como telón de fondo y con la imagen de la misma Virgen “escuchándole”, ya que, como una premonición, a poco más de tres meses de su fallecimiento, fue el encargado de realizar tal misión, tras una elección unánime al efecto. Una noche mágica y verdaderamente indescriptible que tuvo como broche de oro un magnífico concierto a cargo de la prestigiosa Banda de Música de Calasparra, concierto en el que participó el propio pregonero manejando su instrumento musical habitual y con una concurrencia volcada con el protagonista que cosechó, de forma unánime, el aplauso colectivo con el que no solamente supo ponernos de acuerdo a todos sin ningún tipo de diferencia, sino que nos entusiasmó con su interpretación, en la que cobró enorme protagonismo por el buen hacer del Director de la Banda que supo y quiso otorgarle ese privilegio por su condición de pregonero y verdadero revulsivo de la memorable velada. Su intervención estuvo inmejorablemente medida en el tiempo, sosegada y de brillante exposición, además de cariñosa y afectiva, con detalladas semblanzas históricas sobre las fiestas y la patrona, las gentes y las vivencias familiares más entrañables, escenificando un pregón sentido y artístico que, seguro, será recordado siempre, porque ya forma parte de la historia reciente del municipio del arroz, pregón que pronunció, aquel día, un músico de dinastía al que consideramos como tal, porque también era músico su padre, todos sus hermanos y “enganchó” a toda su familia en la disciplina del pentagrama, un artista y persona de hondos sentimientos vecinales, sociales y de respetuosa entrega a la patrona de su pueblo. Nombrado, en 2001, Mayordomo de la Virgen por votación popular, y elegido, a continuación, Presidente de la Mayordomía de la Fundación Santuario Virgen de la Esperanza, cargo que ostentó hasta 2005. Luego, formó parte del Consejo Consultor de la referida Fundación, responsabilidad que mantuvo hasta el final de sus días.

Gran compañero y excelente profesional

Como profesional de la banca, trabajó en CAJAMURCIA-BMN, aunque procedente de la extinta Caja Rural de Murcia. Prestó servicio en numerosas poblaciones, lo que le sirvió para ocupar todas las responsabilidades que una oficina ofrece. Damos fe cierta de que, además de un profesional de altura, era una persona entrañable, querida, respetada, entregada y de los que piensan en el compañero, siempre, antes que en él mismo.

Incansables y copiosos recuerdos

Y, todo eso, se sigue recordando por parte de vecinos, amigos, compañeros y familiares que no nos cansamos de traer a la memoria las vivencias del querido “Juan el Pepón” al que, el pasado Domingo de Ramos, en el Auditorio Municipal de su pueblo, se le ofreció un magnífico y póstumo concierto, por parte de la Asociación Banda de Música de Calasparra, dirigida por José Antonio Pérez Botella, anunciado como “In Memoriam Juan Martínez Moreno ‘Pepón’”. El recinto cultural no pudo ofrecerse más repleto de público. Y es que Juan dejó una magnífica estela de cariño, una memoria inquebrantable y una huella imborrable de acertado buen hacer, de sentimiento humano y de sentido social inimitables. Nunca le olvidaremos. Descanse en paz. Buenos días.