JESÚS AMO PÉREZ

Al final del verano y con el otoño asomando sus bigotes quedan en el paisaje pocas flores que las abejas puedan libar. Sin embargo, si habéis salido a pasear, habréis tenido la oportunidad de coincidir con unos alegres colores amarillos que decoran a media altura las orillas del camino, unos tonos vivos que contrastan con los que presenta la demás vegetación, que se dispone a dormir.


Pues bien, la responsable de este fenómeno de color, y también de esperanza para las abejas y otros insectos polinizadores incluyendo ciertas mariposas es la denominada comúnmente Vara de Oro (Solidago vurga-aurea). Y digo esperanza porque en los días que se pone de gala, suele ser de las únicas flores que adorna el paisaje, aportando comida y nutrientes a quién decida robar su polen y néctar. El hecho de que los insectos puedan contar con esta planta es importante, pues supone su última ‘’campaña’’ de recolección antes de que el frío del invierno los invite a volver a casa.
Además, hasta tal punto es importante la Vara de Oro que hay estudios que afirman que podría producirse la desaparición progresiva de las abejas si esta planta disminuye su población o modifica su comportamiento a consecuencia de los aumentos de CO2 y el cambio climático. Como decíamos antes, Solidago es una importante fuente de nutrientes y por tanto de proteínas coincidiendo con el final del verano y principios del otoño (al final de la temporada) y por lo tanto las reservas para el invierno dependen, en gran parte, de ella.
Sin embargo, los científicos han identificado que los altísimos niveles de dióxido de carbono alteran la fisiología de las plantas y reducen significativamente (hasta un 30%) las proteínas presentes en estas fuentes importantes de polen, habiéndose producido el mayor descenso entre 1960 y 2017.
Este descenso de proteína no solo afecta a la nutrición de polinizadores como las abejas sino que también afecta a su éxito reproductivo por lo que el número de individuos de la población se ve afectado por partida doble. La disminución del contenido proteico supone un gran problema ya que como dice Lewis Ziska, un fisiólogo especializado del Servicio de Investigación del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, ‘’ El polen se está convirtiendo en comida basura para las abejas’’, de forma que si no remediamos esta agresión a nuestro clima nos enfrentamos a una pérdida progresiva y acelerada de las poblaciones de polinizadores.
Con todo, aún queda hueco para la esperanza, al parecer, este año la floración de Vara de Oro ha ido muy bien y las abejas, educadas por la madre naturaleza, parece que van dándose cuenta del problema e intentan buscar, a veces con éxito y otras sin él, otras fuentes de proteínas, pues son las mejores a la hora de llevar una dieta variable.