Jennifer Fuentes

Entrevistadora: ¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Por qué? ¿Siempre quisiste ser escritor?

Pascual García: Yo me recuerdo con un bolígrafo en la mano y unos enormes deseos de escribir casi desde la infancia, como si se tratase de un impulso irrefrenable que yo sabía que se haría realidad antes o después, porque me llegaba de muy dentro y era inexplicable. Es verdad que siempre quise escribir, aunque durante muchos años no tuve ni tiempo ni verdadera voluntad para hacerlo, pero aun así escribí mis primeros poemas y algún texto en prosa en la adolescencia y, por supuesto, con el paso de los años, lo destruí todo. Luego, en la Facultad, me ocurría lo mismo, tenía muchas ganas de escribir, pero no tenía tiempo ni verdadera concentración, aunque fue al final de la carrera cuando comencé a escribir mis primeros poemas, los que ya contarían para mí y con los que algunos años después cerraría un libro con el que gané mis primeros premios, que no eran otra cosa que un pequeño espaldarazo de los otros, de los que no eran mi familia, mis amigos y mi novia, porque tal vez estos no contaban del todo, no eran demasiado objetivos; en cambio, un jurado extraño y en otra ciudad me leía con agrado y me otorgaba su beneplácito, y eso fue determinante para mí. En ese momento supe que mi sueño estaba empezando a hacerse realidad. Han pasado más de treinta años de aquello y casi veinte desde que publicara mi primer libro, El intruso, una colección de cuentos, y ahora entiendo que se escribe porque resulta irremediable, porque no lo puedes evitar y porque eres muy feliz haciéndolo, o muy desgraciado, que en este caso es lo mismo casi.

E: Cuéntanos cuál fue tu primer contacto con el mundo editorial y tu experiencia cuando intentabas publicar tu primera obra. ¿Cómo afrontas el proceso de edición ahora que ya tienes una trayectoria consolidada?

P.G.: En el año 88 ó 89 terminé una colección de cuentos que fui escribiendo de una manera más seria, que pulí y corregí con detenimiento, que solo leyó mi novia y algún amigo a quien no les disgustó. A finales de esa década envié el libro a una convocatoria nacional del Ministerio de Cultura y le concedieron una Beca-Premio. Mi alegría fue absoluta, porque en el jurado había un elenco prestigioso de escritores a los que yo admiraba en ese momento y sigo apreciando. El premio consistía en una cantidad de dinero para mí y en una cuantía determinada para la editorial que publicase el libro. Y, sin embargo, y a pesar de esto, no fue fácil en absoluto la edición del mismo. Numerosas editoriales de ámbito nacional lo rechazaron con las típicas fórmulas vacías que usan con otros muchos libros. Pero yo no desistí, porque me di cuenta que el problema no era literario, sino económico. Ninguna editorial arriesgaría su dinero con un autor desconocido y joven y con una colección de cuentos, que no es un género demasiado popular todavía.
Durante algunos años parecía que no iba a conseguirlo, pero entonces empezaron las coediciones de la Consejería de Cultura y la Editora Regional de Murcia, que consistían en la compra de ejemplares a la editorial de ámbito nacional que se atreviera con la publicación de mi libro. Debo reconocer y agradecerle a Amelia Romero, la editora de Los Libros de la Frontera, un sello catalán en el que había aparecido Escuela de mandarines, de Miguel Espinosa, que se interesara por mis cuentos y que apostara por publicarlos y, al fin, el libro salió ahí en el año 95. Reconozco que fue toda una aventura y que costó mucho trabajo, pero que mereció la pena.
Hoy, aunque las editoriales siguen anteponiendo sus razones económicas, me resulta bastante más sencillo sacar un libro a la calle, y la verdad es que no he tenido problemas de este tipo en los últimos años. Por otro lado, la situación editorial en Murcia y en España ha ido mejorando y mi posición también es diferente. Acabo de publicar un poemario en Raspabook, Trabajan con las manos, y dentro de unas semanas aparecerá un libro de entrevistas en Murcialibro, Palabras y café con escritores; por otro lado, está pendiente la publicación en la Universidad de Murcia del libro que ganó el Premio Dionisia García el año pasado, Poemas del desamor verdadero, y hasta es posible que publique una novela en una editorial de Asturias con la que ya he entrado en contacto para el año que viene

E: Eres profesor de instituto y, a la vez, escritor. ¿Es la escritura para ti otro trabajo? ¿Cómo compaginas ambas facetas?

P.G.: Bueno, no, mi trabajo es dar clase desde hace más de treinta años, un trabajo que me gusta y por el que me pagan, pero escribir es una pasión, es otra cosa. No es fácil compaginarlos porque no me queda tiempo, pero aprovecho las tardes, los fines de semana y las vacaciones, y escribo siempre que puedo

E: ¿Cuáles son tus principales modelos y referencias? ¿Clásicos o contemporáneos?

P.G.: Si un escritor es bueno siempre es un clásico y siempre es contemporáneo nuestro, como lo son Homero, Proust, Kafka o Cervantes; cualquiera de ellos, los norteamericanos William Faulkner, Raymond Carver y Poe; los rusos Chejov, Tolstoi y Dostoyevski; el alemán, Thomas Mann; los hispanoamericanos Juan Carlos Onetti y Juan Rulfo; el irlandés James Joyce; el escocés Robert Louis Stevenson; los franceses Maupassant, Zola o Albert Camus; el portugués José Saramago. Y, por supuesto, los españoles Juan Ruiz, Fernando de Rojas, Cervantes, siempre Cervantes, Bécquer, Pérez Galdós, pero Clarín incluso antes, el magnífico Valle-Inclán, Unamuno, Machado, Pérez de Ayala, el alicantino Gabriel Miró, Luis Mateo Díez, Juan Marsé y el próximo Premio Nobel, Antonio Muñoz Molina; y, entre los murcianos, Pedro García Montalvo, Eloy Sánchez Rosillo, Dionisia García y un buen número de grandes escritores de los que seguramente me olvido y a los que pido que disculpen mi impertinencia.

E: Hablemos del proceso creativo. ¿Qué objetivo buscas con tus obras? ¿A quiénes van dirigidas?

P.G.: Me parece que, como le ocurre a buena parte de los escritores que no son profesionales, sino que escriben porque les da la gana y les gusta, no me planteo del todo el objetivo de mi escritura. Empecé como un tanteo en la oscuridad, un tanteo gozoso, claro, y aún ando ahí, en las tinieblas felices de la creación, sin tener claro del todo la utilidad y el propósito de lo que hago, como no sea la necesidad de sacar mis propios demonios de mi interior y con esto ayudar a que los otros, los lectores, puedan hacer lo propio. Venimos al mundo para decir algo, para dejar un puñado de palabras que los demás lean con agrado y compartan como una ceremonia de la palabra y de la idea. Entonces este sería mi propósito: compartir con los demás un territorio común, que es el espacio de la conciencia humana, sus contradicciones y sus desafueros y su verdad, si existe alguna definitiva.
Una obra así va dirigida a todo el mundo, pero tendrá que ser el lector el que haga el esfuerzo de llegar a ella, como lo venimos haciendo desde siempre, porque acomodar el libro al gusto de los otros, a un presumible nivel intelectual u orden ético y estético, no es honrado y supone una falacia y un engaño.

E: ¿Qué temas destacarías de tu producción poética? ¿Te encuadrarías en alguna línea estética?

P.G.: Yo he partido siempre de la idea de que la literatura es poesía o no es nada, de que los géneros no son importantes, porque todo es un mismo género, un mismo caudal, aunque discurra a veces por diversos cauces, pero lo fundamental es el agua. En cuanto a la reflexión sobre mi obra, preferiría que la hicieran los otros; de hecho, está en buena parte de las docenas de reseñas literarias, entrevistas y estudios a los que se han sometido a mis libros. El escritor tiene suficiente con la concepción de una obra; la reflexión es asunto de los lectores, más o menos críticos, inocentes o versados. Además, uno no es consciente del todo nunca de lo que está haciendo y, si lo fuera, seguramente se equivocaría en sus apreciaciones. Antes que de escuelas o de tendencias, preferiría hablar de calidad, de buena o mala literatura, de literatura de arte o de consumo, y yo espero estar en el primer término.

E: En diversos poetas de la región se percibe un acercamiento al mundo telúrico o cierta propensión elegíaca. ¿Crees que tu poesía entronca con en esa vertiente? ¿Existen características propias de la poesía murciana?

P.G.: Es muy complicado aventurar unas cuantas características de la literatura escrita en Murcia, pero supongo que el clima, la luz y lo mediterráneo nos influyen a todos, aunque, dentro de este sur, yo procedo del norte, de las tierras del frío y de la nieve, y eso presumo que también se nota. Resulta inevitable que la literatura concebida en una región fundamentalmente sureña y alejada de las grandes ciudades tenga un origen telúrico en ocasiones, pero escritores como García Montalvo o Rubén Castillo Gallego se hallan en otra dimensión más urbana, e incluso más abstracta y metafísica. Quizás lo que más nos una a todos es el aspecto elegíaco, la celebración de lo que ya no está o se ha ido, como una suerte de nostalgia del paraíso. Esta nota es claramente levantina, sin duda.

E: ¿Resulta más difícil publicar poesía que narrativa? ¿Piensas que, en este momento, la poesía está infravalorada? ¿Cómo podemos hacer que los jóvenes lectores se interesen por el género?

P.G.: Es difícil publicar cualquier cosa, pero a la vez es demasiado fácil; depende del camino que tomemos. Como las editoriales son empresas, su objetivo es ganar dinero o, al menos, no perderlo. En ese sentido es más fácil publicar narrativa que poesía, pero la autoedición se ha extendido y cualquiera puede publicarse su libro a buen precio; la ventaja de esto es que no tenemos que esperar demasiado para ver la obra impresa, pero el defecto es que con esta vía no hay apenas filtros, porque nadie te impedirá editar un libro, si pagas tú la edición. Ten en cuenta que parte de los cuentos de El intruso estaban escritos en 1988, pero el libro no salió a la luz hasta 1995, y eso gracias a un premio. En ocasiones que te pongan trabas para editar casi resulta beneficioso, pues en ese tiempo el autor pule y corrige sin parar, que es lo que yo hice en esos años de espera.
La poesía, en su vertiente más culta, ha sido siempre minoritaria, exclusiva y elitista, aunque paralelamente ha habido una corriente popular. Los nuevos medios de comunicación nos permiten compartir todo en un tiempo récord. Yo creo que en ese sentido estamos mejor que nunca y que no nos podemos quejar.

E: ¿Cómo ves la situación cultural en Murcia? ¿Existe un contacto asiduo entre los escritores y poetas de la región? ¿Qué labor desempeñan las revistas, los recitales, las antologías…?

P.G.: Hace años que la literatura en Murcia está viviendo una época de esplendor evidente, en cantidad y en calidad. Y esto es un hecho; un hecho, además, muy positivo. El contacto entre los autores es continuo, los foros diversos, aunque sean privados casi todos, porque los políticos no han considerado nunca importante esta faceta en su labor. Han nacido de un modo mágico y misterioso editoriales privadas, que heroicamente están publicando a pecho descubierto, como Alfaqueque, Gollarín, Murcialibro, Raspabook, La Fea Burguesía y otras; hay premios, se editan antologías, abundan los recitales y las presentaciones de libros, y el público responde a estas convocatorias con su presencia. Murcia, en este sentido, no tiene nada que envidiarles a ciudades incluso más grandes y con más habitantes.

E: Los medios de comunicación se refieren continuamente a la falta de lectores, al elevado precio de los libros, a las descargas a través de Internet… ¿Cómo ves el futuro de la literatura? ¿Te consideras “apocalíptico” o “integrado”?

P.G.: Esa es una vieja cuestión que no ha cambiado nunca. Yo estoy seguro de que lo esencial literario no acabará, porque la poesía es consustancial al ser humano y al misterio de la existencia. Y eso no va a modificarse porque el mercado tenga problemas o porque la tecnología varíe los modos y los instrumentos. Seguiremos leyendo, escuchando y atendiendo literatura mientras tengamos curiosidad por el mundo y por nuestro futuro, y eso será así mientras el ser humano no se extinga. Otra cosa diferente es que las editoriales ganen más o menos dinero, o que los lectores sigamos abriendo un libro de papel o encendiendo un ordenador o un ebook. Igual da, porque lo importante es el contenido, la historia, las ideas y las emociones, que prácticamente no han cambiado desde el principio de los tiempos, porque tampoco lo hemos hecho nosotros.

E: Dinos qué tres consejos le darías a un joven escritor.

P.G.: No sé si sería muy arrogante por mi parte dar consejos a nadie, pero si les sirve de algo, desde que decidí ser escritor, o sea, desde siempre, no he parado de vivir, no he parado de leer y he escrito todo lo que he podido. Esa es la única fórmula mágica que conozco: la vida, la lectura y la escritura como un emblema inalterable. Por lo demás, solo sería deseable un poco de suerte, que nunca viene mal del todo.