JUAN FERNÁNDEZ DEL TORO

En Mula, el periodo comprendido entre los años finales del siglo XIX y comienzos del XX fue una época de cierta prosperidad económica, tecnológica y social. La demografía aumenta ante la tregua de grandes enfermedades, desde el cólera de 1885 hasta la gripe española de 1918. Los cultivos se reinventan, ante las grandes plagas de filoxera que acaban con las vides, introduciendo cítricos y frutales, que dan lugar a la aparición de una tímida industria conservera. Llega a la ciudad, aunque tardío, el progreso tecnológico propio del siglo XIX (la fotografía, el telégrafo, el teléfono, el ferrocarril, la electricidad, etc.).

Francisco López Lamarca

Francisco López Lamarca

Esta cierta bonanza económica permite que algunos negocios locales funcionen muy bien, como es el caso de la tienda de textiles de D. Francisco López Lamarca. Nació D. Francisco en una familia humilde, el 13 de enero de 1861, en el número 13 de la calle del Grifo de Mula. Sus padres fueron Ignacio López Fernández y María de la Encarnación Lamarca Díaz. La economía familiar se fundamentaba en la carpintería propia del cabeza de familia, que con su prematura muerte pasará a ser regentada por su hijo mayor, Ignacio. También el hijo pequeño, Antonio, dedicó su vida laboral al oficio de carpintero con su hermano, mientras que Francisco, aunque debió de comenzar a trabajar en el negocio familiar, pronto entra como mozo en la tienda de textiles de D. Emeterio Cuadrado García.

Tras la muerte de D. Emeterio el día 6 de marzo de 1890, D. Francisco se hace con la propiedad de la tienda y es entonces cuando comenzará su ascenso económico y social, como propietario. Para entonces ya había contraído nupcias con Dña. Encarnación del Toro Barahona, hecho que tiene lugar el 10 de febrero de 1886. Fruto del matrimonio nacieron tres niños y una niña: Ignacio, Francisco, Juana y Antonio.

Con la tienda de textiles a pleno rendimiento, la familia adquiere grandes beneficios, los cuales se verán reflejados en la arquitectura que la familia manda levantar o reformar. Así, establecen su residencia familiar en la calle Boticas (el mismo lugar donde tienen la tienda), uno de los lugares más céntricos de la ciudad y donde residían las grandes familias. En el año 1905 levantan un panteón de gran calidad artística en el cementerio de San Ildefonso, inaugurado tan solo cinco años antes. Ese mismo año, D. Francisco adquiere unas tierras de labor en el paraje de las Balsas, muy próximo a la población, y encarga la construcción de una quinta para el recreo y esparcimiento familiar. El resultado fue una casa de planta cuadrada con torreón, siguiendo un modelo arquitectónico tradicional en el Mediterráneo.  Su característico color azul y el torreón le darían su conocido nombre: Torre Azul.

Atendiendo a la iconografía del programa decorativo que encontramos en las fachadas, la casa debió de sufrir una reforma en torno a 1920. Buena parte de esa decoración muestra elementos con influencia de la Sezession vienesa, estilo asumido en España, sobre todo en las provincias de Valencia y Murcia, a partir del V Congreso de Arquitectura celebrado en Valencia en el año 1909. Además, en el centro de las molduras colocadas sobre los balcones de planta primera encontramos pares de rosas enmarcadas, elemento diseñado por el escocés Charles Rennie Mackintosh, que se pone de moda a partir de 1915.

Al parecer, aquella reforma fue realizada por el maestro de obras local D. Juan Huéscar Egea, quien llevó a cabo buena parte de las reformas y obras de nueva planta que tuvieron lugar a comienzos del siglo XX y que tienen marcados tintes modernistas. Se trataba de una persona con gran habilidad en distintas artes, llegando a realizar sus propias baldosas hidráulicas con las que decoraba sus obras, vaciados de escayola o molduras de piedra artificial. Además de ser contratista de obras, fue cofundador de POMARHUES, una empresa dedicada a la producción y venta de yesos.

La amistad que mantenía el Maestro Juan con D.Francisco López Lamarca amén del testimonio de los descendientes del maestro de obras, nos induce a pensar que fuera este el artífice de la reforma, que debió de llevarse a cabo a comienzos de la década de 1920, a su vuelta de Torrevieja donde trabajó en la reconstrucción y reforma de los edificios destruidos tras un terremoto.

En definitiva, Torre Azul se constituye como un gran ejemplo de quinta de recreo modernista en Mula, un hito en la huerta inmediata al núcleo urbano.