Pedro Antonio Hurtado García

Que todos los hogares españoles deben alejarse de la pobreza severa es una necesidad imperiosa de inmediata atención. Ahora bien, dejando al margen a quienes, sistemáticamente, anuncian que, con ello, estaremos creando una nueva Venezuela, conviene reflexionar sobre esas ayudas oficiales que, igual que alivian pesadillas humanas, podrían convertirse en comodidades que no apremiaran a los perceptores para conseguir trabajo, al sentirse con la vida resuelta.

No seamos desconfiados por naturaleza. Nadie quiere prescindir de la dignidad del trabajo, ni pedir o depender de ayudas. No obstante, convendría establecer métodos de control e, incluso, obtención de rentabilidad para el Estado (somos todos) proporcionada por los beneficiarios, tanto del nuevo Ingreso Mínimo Vital como quienes perciben prestaciones por desempleo.

No podemos acostumbrarnos a recibir sin dar nada a cambio. Por lo tanto, bueno sería establecer una red de cuadrillas, grupos de trabajo y similares, todo ello coordinado, vigilado, controlado y dirigido por el propio organismo pagador, con el debido rigor y exhaustivo control.

Porque hay caminos rurales que limpiar, márgenes de ríos que mantener, cunetas que adecentar, setos centrales de vías públicas que cuidar, pero, también, ancianos que atender y, entre otras muchas cosas, servicios a la comunidad pública que afrontar.

Impidamos el acomodo y fomentemos el deseo de abandonar las prestaciones públicas. Eliminemos escaseces y gocemos de un sustento mínimo generalizado. Pero no nos durmamos y logremos reducir, como seguro que ocurriría con estas medidas, el gasto social por esta causa tan perentoria. Te doy, me das. Control y lógica reciprocidad para que, por ejemplo, no vuelvan a quedarse cosechas de fruta sin recolectar por falta de una mano de obra que puede estar ociosa y retribuída. Buenos días.