Pedro Antonio Hurtado García

Pocas carreras universitarias requieren de un trabajo de diez años y un examen continuado para alcanzar la gloria de la licenciatura o el doctorado, pero la carrera de los “Caballos del Vino”, en la cuesta del castillo caravaqueño, sí ha precisado de esa década completa para, al final, lograr la bendición de alzarse con el reconocimiento que convierte al festejo en “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”. Como ahora se dice en la “Tierra Santa” del Noroeste murciano, en “patrimonio de todos”.

Discurrió allí el periodo de mi vida profesional con el que más pude identificarme, gracias al carácter de las gentes de Caravaca de la Cruz y, cómo no, de todo el Noroeste murciano, personas que se abren en canal, que te brindan una hospitalidad insuperable y que te dan lo mucho o poco que puedan tener, porque son así: abiertos, sinceros, de su tierra y de sus costumbres, algo que reivindican, glorifican y con lo que se identifican a toda costa.

Es un mérito el trabajo desarrollado, un esfuerzo en el que nadie puede quedar fuera, porque ha sido tarea de todos, pero tuve la oportunidad de conocer, en primera persona, sin querer hacer distinciones y mucho menos desplazar a nadie, que existen “méritos especiales”, como los de los alcaldes que han ostentado esa responsabilidad durante estos diez años: Domingo Aranda Muñoz, José Moreno Medina y José Francisco García Fernández, así como sus equipos de gobierno, colectivos en los que la disposición para conseguirlo ha sido de total unanimidad, como queda refrendado en la foto que público “El Noroeste”, en su número especial, dedicado a este logro, instantánea en la que los dos últimos citados se abrazaban como signo de satisfacción y dando el bienvenido ejemplo que demuestra que Caravaca de la Cruz está por encima de política, partidismo y otras diferencias que, legítimamente, pudieran existir.

Y déjesenos, en representación de todo el municipio de Caravaca de la Cruz, mencionar a líderes festeros como el emérito y ya fallecido capellán de la Basílica de la Vera Cruz, Pedro Ballester Lorca, quien tan acertadamente identificara a los “Caballos del Vino” como “Festejo único, insólito y pasional”. El inolvidable, siempre agradable y documentado “Paco Pim”, quien también se nos fue sin ver conseguido este objetivo en el que tanto amor puso, como hiciera para el logro del “Año Santo Jubilar”, tarea en la que no podemos olvidarnos del incansable agricultor, empresario, farmacéutico y persona que rezuma su espíritu caravaqueño por todos los poros de su cuerpo, Pedro Guerrero Cuadrado, así como a las personas que, durante estos años de empeño para conseguir el reconocimiento de la UNESCO, han gozado del inconmensurable honor de afrontar la tarea de “Hermano Mayor” y, desde luego, a un pueblo volcado, sin distinción de sexos, edades, procedencias, raza, religión u otra condición social.

Ahora, queridos caravaqueños, toca, a todos, prestigiar este nombramiento y aprovecharlo turísticamente, a nivel de imagen, comercialmente para los establecimientos locales, empresas y en todos los sentidos, además de servir de refuerzo a la condición jubilar de Caravaca de la Cruz y sus caminos de peregrinación, porque el reconocimiento pone muchas oportunidades en manos de todos. Y no podemos permitir que nadie pueda reprocharnos el no haber sabido aprovechar tan extraordinario privilegio que posibilitará el que los “Caballos del Vino” brillen con luz propia, recuperando, incluso, la luminosidad perdida por el año “en blanco” con el que nos castigó el traidor coronavirus. Buenos días.