LOURDES AZNAR/PREGONERA

Este año tampoco podremos celebrar nuestras Fiestas patronales en toda su plenitud. No sonarán los cascabeles en los caballos enjaezados, no se derramará la adrenalina en la cuesta del Santuario, no impregnarán las calles las marchas moras y cristianas, ni la algarabía con la que la ciudad de Caravaca muestra el orgullo de su tierra. Por segundo año consecutivo deberemos ahogar nuestro júbilo en la intimidad de la familia y la oración, aunque a diferencia del anterior celebraremos los actos para honrar la Santa Cruz y pedirle porque aquella desolación se transforme en esperanza y pronto en recuperación.

A todos se nos encogió el corazón hace unos meses cuando nuestro Alcalde, José Francisco García, acompañado de la Hermana Mayor y la presidenta de la Comisión de Festejos, anunciaba con el aliento entrecortado que nuestras Fiestas no se podían celebrar. Un hito histórico forzado por la responsabilidad. Entonces nos sumimos en el desconcierto y el temor por la magnitud de una tragedia que tantas vidas se ha llevado y tanto dolor nos ha traído. Pero los caravaqueños nos aferramos a nuestra fe en la Vera Cruz para encontrar el ánimo necesario y sobreponernos a esta pesadilla.

Con un comportamiento ejemplar, de elevada altura cívica, todos los ciudadanos y grupos festeros han puesto todo de su parte para naturalizar lo que en otros momentos nos hubiera parecido impensable. Se han esforzado por preservar las Fiestas que puedan venir en el sacrificio de las que no han podido disfrutar. Sobre todo cuando más hay que celebrar, cuando han sido reconocidas en el mundo como Patrimonio de la Humanidad. El mejor signo de que siguen vivas y de que serán protegidas para ser disfrutadas por muchas generaciones.

El punto de partida para que miles de personas visiten la ciudad cuando sea posible, que conozcan su tradición y se empapen de su hospitalidad.

Tenemos que seguir trabajando, ciudadanos e instituciones juntos, para que desde todos los caminos peregrinen hasta Caravaca miles de personas; unos siguiendo los pasos de los templarios, a través del Camino de la Cruz, otros, los de San Juan de la Cruz, del Apóstol Santiago o por el Camino de los Vélez.

Caravaca y la Región de Murcia miran ya hacia el Año Jubilar 2024; será sin duda alguna distinto a lo que imaginábamos antes de la Pandemia, pero debe ser el mejor y el que nos haga alzar con más fuerza que nunca que somos uno de los mejores destinos turísticos religiosos del mundo.

Presumo que cuando retomemos la normalidad iniciaremos la prefiestas más largas de nuestra historia. Porque tanta euforia contenida buscará dar rienda suelta a nuestra pasión festera y, sin duda, nos lo habremos ganado. No sabemos sin será con o sin mascarillas, en número más o menos gradual, pero anhelamos poder abrazarnos de nuevo con nuestros amigos y familiares. Ahora vemos las fotos y los videos de las Fiestas anteriores y nos parecen muy lejanas, con todos aglutinados en los actos principales y compartiendo sin temor, desde el Templo a los refugios -¡cómo nos ha cambiado la vida-; agrupados en torno a las charangas, en esa multitud que ondea en la plaza del Hoyo y se desgarra en la Cuesta; hombro con hombro en los desfiles. En el beso a la Santa Reliquia.

Todo eso forma parte de nuestra memoria para iluminar nuestra esperanza.

Tocan ‘Fiestas de guardar’, de cuidar las distancias y las precauciones higiénicas necesarias sin excesos de confianza, al tiempo de rezar por los que ya no están o los que sufren por esta maldita enfermedad; para que seamos capaces de superarla cuanto antes. En este sentido, me gustaría agradecer el esfuerzo a todos los que desde Cofradía, Comisión de Festejos y el Ayuntamiento trabajan en estos tiempos de restricciones por mantener abierta la puerta del futuro.

Recorremos un terreno insólito que nos ha cambiado la sociedad, quién sabe si para siempre, pero nuestras Fiestas en honor de la Santísima y Vera Cruz serán nuestra seña de identidad y nos reinventaremos para seguir ofreciendo lo mejor de cada uno, y todo el amor y veneración a nuestra patrona.