GLORIA LÓPEZ CORBALÁN
Mucho antes del destape de la transición, la Republica tuvo su propio tiempo de libertad y desmadre, que dirían después las mismas que más tarde se colocarían mantilla para rezar por sus pecados y pero que en 1931 llenaban los teatros buscando en otros cuerpos lo que no encontraban en los suyos. Y allí les esperaba Tina de Jarque, una deTina de Jarque las actrices más conocida de su época, la primera en desnudarse en la gran pantalla por esos años, pionera del estriptis en teatros míticos de Valencia como el Shangai, el Alcázar o el Bataclán y misteriosa hasta en su muerte, menos clara que sus desnudos.
Constantina de Jarque Santiago nació en Barcelona el 25 de enero de 1906. Su padre, Antonio de Jarje, más conocido como el payaso Tonitoff, la mantuvo siempre cerca del mundo del circo y creció entre artistas y fieras, que luego le valdrían para destacarse como actriz.
En algún número de aquellos debió de verla Eulogio Velasco, el jefe de la compañía más importante de España, con el que se desnudo en los principales escenarios de la Península y de Sudamérica. La «Venus Morena» como la llamaba la prensa desataba pasiones en ambos lados de la política y se dejó querer por las dos banderas en un tiempo en que se nos podía estar en medio.
Fue amante del boxeador más célebre del momento, Paulino Uzkudun y de paso se acostaba con Juan March, el banquero de Franco. Igual pensó que aquello podía ayudarla. Está demostrado que algunas veces es mejor no pensar.
Tampoco debió de pensar mucho cuando dijo que sí, vísperas de la Guerra Civil al anarquista Armand Guerra para rodar una película con la actriz francesa Marlèn Grey. La historia de la película es para hacer otra película.
En ella la francesa bailaba desnuda en una jaula con cuatro leones sin más látigo que un tanga más bien pequeño. Tina de Jarque hacía de adultera en un filme que exhibía uno de los primeros desnudos del cine español. El rodaje comenzó dos días antes del golpe del 18 de julio, lo que ya debían haber entendido como primer aviso. El segundo aviso lo dieron los leones, que estuvieron a punto de comerse a la actriz de lo muertos de hambre que estaban, como media España. «Carne de Fieras» ha quedado para la historia como una de las películas malditas del cine español, ni más ni menos que 56 años tardó en estrenarse. Primero la guerra civil y luego la censura de la dictadura que » trató de tapar los desnudos con pintura, pero desistió ante su elevado coste» (así lo cuenta «El enigma de Tina» (Algaida) de Alfonso Domingo). Al final los 42 rollos de la película acabaron en el rastro madrileño, donde en 1991 los compró un coleccionista.
En 1936 un responsable de la CNT, Abel Domínguez, encuentra en el camerino de Tina una bandera falangista, que supongo que la utilizaría para taparse en según qué escenarios y es detenida acusada de espía de los «nacionales». El caso es que el anarquista tuvo que trasladarla a Valencia y como el roce hace el cariño cuentan que cerca de Albacete ya lo tenía enamorado. La pareja trataría de huir, no sin antes robar algo para poder mantenerse, pero por el camino se encontraron con milicianos de la FAI, también anarquistas pero más revolucionarios, y allí mismo serían fusilados extrajudicialmente.
Supongo que como no sabrían donde enterrarla, la dejarían en tierra de nadie, donde nadie la ha encontrado, lo que llevó a imaginarla desnudándose lejos de aquella España divida en dos y en la que no se podía estar en medio.
Una vida doble con doble final, como el de sin tetas no hay paraíso pero sin duque.