Ya en la calle el nº 1034

Tierra de frontera, por Fulgencio Caballero

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Es bien sabido que la Comarca del Noroeste en su día fue tierra de frontera. La expansión de la Reconquista cristiana del siglo XIII provocó que la comarca se convirtiera en un peligroso territorio fronterizo con el Reino musulmán de Granada. Las incursiones por aquel entonces en territorio enemigo se convirtieron en habituales por ambos bandos con el objetivo de capturar esclavos y robar ganado. El saqueo de los pueblos a un lado y a otro de aquel frágil límite territorial, como el sufrido en Caravaca de la Cruz en el siglo XV, y la destrucción de todo cuanto era tomado a la fuerza por el enemigo bien podría encuadrarse dentro de lo que se conoce como política de tierra quemada, pues, tras la retirada, los campos y construcciones acababan sucumbiendo bajo el pasto de las llamas.

La reciente peregrinación a Moratalla de la Virgen de la Arrixaca, patrona de Murcia hasta el siglo XVIII, nos hace recordar la relevancia por aquel entonces de unas tallas religiosas que se trasladaban a caballo (tallas de arzón) para venerarlas en los campamentos cristianos durante las contiendas que mantenían contra el Reino de Granada. Importancia que se acrecentó en la última fase de la Reconquista y años después con una política eclesiástica que potenció la construcción de una red de centros de culto en la línea fronteriza con el reino nazarí. Entre otras muchas, la ermita de la Encarnación, en Caravaca, construida antes del siglo XV. Así mismo, la ermita-santuario de la Rogativa, en la pedanía moratallera de El Sabinar, limítrofe con la provincia granadina, es una de las pequeñas ermitas rurales que se construyeron para colonizar cristianamente la tierra quemada de la actual Comarca del Noroeste. En este sentido, no es de extrañar que sea esta comarca tierra de peregrinaciones, pues en ella se encuentran centros históricos de culto tan significativos por su solemnidad como la Basílica de la Vera Cruz de Caravaca, que el próximo 2024 celebra su Año Jubilar, el Santuario de la Virgen de la Esperanza (la Virgen gestante –el cáliz- que porta en sus entrañas la sangre de Cristo), en Calasparra, o la Ermita Casa de Cristo, en la que se venera a Jesucristo Aparecido, que comparte el patronazgo de Moratalla con la Virgen de la Rogativa. Los máximos símbolos de la cristiandad: la cruz, la madre de Dios y el propio Jesucristo se convierten en el interior de la tierra de frontera de la Comarca del Noroeste en el súmmum de la presencia de la cristiandad en la zona, precisamente para delimitar donde acababa el reino musulmán y empezaba el cristiano. Todo ello, sin olvidar los múltiples Santos y Vírgenes que bajo cualquiera de sus advocaciones se veneran en todos y cada uno de sus pueblos: Nuestra Señora del Rosario, en Bullas, la Purísima Concepción y Santa María Magdalena, en Cehegín, y decenas de ermitas y oratorios del campo y huerta de Caravaca (Almudema, Archivel, Entredicho, La Junquera, El Moral o Ntra. Sra. de Belén, ya desaparecida, en el camino Moratalla-Caravaca).

Tierra de frontera, por Fulgencio Caballero
Antiguo mapa de los reinos de Granada y Murcia

Siglos después, todo ese entramado de construcciones religiosas de la frontera con el Reino de Granada sigue siendo uno de los nexos de unión entre Bullas, Calasparra, Caravaca de la Cruz, Cehegín y Moratalla; cinco pueblos de una misma comarca a los que les une una circunstancia de suma relevancia histórica, la de haber constituido una de las líneas fronterizas más importantes de la Península Ibérica entre los siglos XIII y XV. Sin duda, un hecho del pasado a tener en cuenta para forjar un futuro en común.

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