José María Egea Sánchez

Si planteásemos un libro rojo como el que propone la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) pero dirigido a bares, sin duda a The River Café deberíamos catalogarlo como una especie amenazada en extinción. Un local que ha sabido mantener durante más de una década una identidad propia y una personalidad gravitando en todo momento en torno a los clásicos del rock, el heavy y el punk como estilos predominantes.

The River Live

Un oasis para melómanos y amantes de géneros sempiternos aunque sostenidos por gente romántica alejada de promesas del Dorado en forma de “Operaciones Triunfales”, sin recorrido y efímeras.

The River Café no es solo música, es una experiencia cultural, es salto espaciotemporal, es tomarse una cerveza en Woodstok, es cruzar el paso de cebra de Abbey Road, es “tocar a las puertas del cielo” con Axl y a la vez salir por la vereda de atrás con Robe. Estamos hablando de un auténtico museo por el que podemos recorrer décadas de historia musical. Es fácil abstraerse de una conversación en sus mesas y quedarse embobado mirando los cientos de pequeños detalles que nos rodean y que siempre parecen descubrirse de nuevo.

Como la Puerta de Alcalá, ahí sigue viendo pasar el tiempo, asediado por modas musicales e intereses comerciales que han desalmado a la mayoría de los locales de la comarca, ha sabido mantener firme su esencia para mayor disfrute de los muchos que lo valoramos.

Hablaba líneas atrás de gente romántica e idealista, gente con principios sólidos y Ginés, con el que hablamos esta semana en el Noroeste, sin duda lo es.

Ginés Fernández Jódar (1972) vecino del municipio de Bullas, es el menor de tres hermanos e hijo de Pedro “el galgo”, el apodo ya nos muestra que no se le daba mal correr y en efecto fue una figura destacada del C.D. Bullense. Su madre, María “la porrilla” es ahora a la que dedica su principal atención con una exclusividad dominical.

Como a su padre, a Ginés también le gustaba dar patadas, pero en vez de al balón, a otras personas. Campeón Regional sub18 de Taekwondo en 1991, un deporte que recuerda con cierta nostalgia y del que se apartó por problemas de salud.

Barra de The River

Un gran apasionado de Bruce Springsteen al que descubre cuando escucha a través de la radio de su coche “Brilliant disguise”, a ese encuentro le han seguido catorce conciertos en directo y la inspiración para el nombre de un local. En 2010 se embarca junto a María Isabel Fernández Fernández, el otro cincuenta por ciento de este proyecto empresarial, y deciden coger el local en el que tiempo atrás había existido el mítico pub “El Tunel”, para crear con un alarde de criterio estético, un santuario del Rock. Nace así “The River Café”

¿Cuál es el motivo por el que alguien con un trabajo estable y sin ninguna experiencia en restauración decide emprender esta aventura?

Yo he sido un músico frustrado, me gustaba mucho la música y he “aporreado” la guitarra en dos grupos locales, primero en “Jóvenes ocultos” y posteriormente en “Locos extraños” pero no se me daba bien, mi talento para la música no era el más apropiado en vista de lo cual corté prematuramente mi efímera carrera musical y esto me dejó un “gusanillo”. Paralelamente, yo un gran seguidor de la serie “Cheers” en los años 80, en ésta veía como se juntaban los colegas en un bar y toda la trama discurría en ese ambiente y dije “yo algún día tengo que abrir mi propio bar”. Así que mezclé las dos cosas, mi afición por la música y la influencia de la serie “Cheers” y a pesar de que yo tenía mi trabajo me eché la manta a la cabeza y dije “la victoria no está hecha para cobardes” y hasta hoy.

The River, interior

¿Te ha costado mucho mantenerte ajeno a las modas musicales y ser fiel a tu criterio?

Como te decía yo tenía mi trabajo y no pensaba en montar un bar para hacerme rico o con un objetivo económico como fin último, quería montar un local en que sonara lo que yo considero que es música y no un producto comercial. Al principio algunos colegas del gremio me decían que tenía que poner estilos más modernos que esa música por la que apostamos estaba ya pasada pero con los años creo que he callado alguna que otra boca. Es difícil porque a veces los clientes te piden canciones que se salen de nuestro registro y tenemos que decirles que lo sentimos mucho pero que esto es un bar de rocanrol.

Para no haber tenido ninguna experiencia previa conseguisteis hacer de la decoración uno de los principales atractivos de la cafetería. ¿Cómo fue ese proceso de creación?

Pues fue saliendo un poco todo sobre la marcha, también en cierto modo influenciados por la estética de los “Hard Rock Café” fuimos decorando con imágenes de los grupos míticos, a la vez los amigos y vecinos nos fueron trayendo de forma desinteresada discos de vinilo con los que fuimos forrando la pared de dentro de la barra. También un terraza en la que es posible que haya un poquito de cada uno de mis viajes y las experiencias personales que hemos vivido. Desde pequeño siempre he tenido mi habitación muy cargada de objetos y he sido muy “barroco” para la decoración y es algo que hemos trasladado a nuestro bar.

The River, exterior

¿Cuál crees que ha sido vuestra seña de identidad?

Sin duda la apuesta decidida por la música en directo. En estos años hemos ofrecido, sin cobrar por ello, más de ciento quince conciertos desde aquel primero en el que la policía nos tuvo que cortar por no tener el permiso (éramos unos novatos, ni siquiera sabíamos que había que sacar un permiso para dar un concierto (entre risas)). Grupos muy reconocidos como Ian Parker que venía de llenar el Royal Albert Hall, Los Marañones o Pepe Bao pero también hemos apostado por los grupos locales como Skasos o Fidel Pairén entro otros muchos.

¿Por qué habéis planteado traspasar el local?

Todo en la vida son etapas y ciclos, yo durante todo este tiempo he tenido paralelamente mi trabajo al margen de la cafetería y soy diez años más viejo que cuando empezamos, es complicado mantener intacta la ilusión del primer día tantos años, considero que he cumplido un sueño y que es una página que me toca pasar. También la pandemia nos ha desgastado mucho, hemos soportado unas medidas que creemos injustas en muchos de los casos, y se ha hecho mucho daño al sector en general. Me quedo con el reconocimiento que todos los clientes nos han brindado, reconocimiento de gente que llega desde cualquier punto del país.