MANUELA SEVILLA

Calasparra siempre ha elaborado productos necesarios para la manufactura textil, por ejemplo el cultivo de la seda, ya citada en los impuestos que recogía nuestra Encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén, la barrilla, producto utilizado para el blanqueo textil y, por último, el esparto que crecía por los montes de la localidad, en el que centraremos nTextiles Calasparra S.A.uestra atención.
A principios del s. XX el encarecimiento de la seda y la aparición de las fibras artificiales hace que se vuelva a la industria del esparto en Murcia. En realidad, era una industria que nunca se había abandonado, pues era la primera provincia exportadora, sobre todo a las islas Británicas, al utilizarlo como materia prima para pasta de papel. Es en la década de los 50, al finalizar el aislamiento español, cuando se relanzan las inversiones de capital y modernización tecnológica en industrias de esparto en Murcia. Así es como en 1952 se constituye y construye TÉXTILES CALASPARRA S.A.
El capital fue conseguido a través de una sociedad por acciones, la única del sector del esparto que empleó esta modalidad. Tuvo el mayor volumen de capital de toda la Región, 4,5 millones de pesetas, y un Consejo de Administración que estuvo presidido por Juan López-Ferrer (fundador de «Vigaceros») desde 1952 a 1956 y Francisco Espinosa de Rueda (dueño de la Finca «El Chopillo») alternándose la presidencia del consejo. La unión de estas dos personalidades de la época hizo posible el sueño de crear en nuestro pueblo una gran fábrica. Francisco Espinosa, concejal y diputado por Murcia y Presidente del Grupo Nacional de Montes Espartizales a nivel nacional, fue quien dispuso el lugar y sus contactos en el mundo del esparto. López-Ferrer, que estudió en Barcelona Peritaje Textil y que ya tenía otra empresa familiar en este sector en Espinardo, quiso realizar una fábrica modelo dentro de Murcia. Había otros accionistas, mayoritariamente familiares de los anteriores, y otros eran inversores del mundo de la conserva que colocaron aquí su capital, como Martínez-Lozano y Frutos Gómez, pues siguieron la fórmula utilizada en otras fábricas de esparto de la Región invirtiendo en esparto su capital de conservas. El domicilio social siempre estuvo en Murcia.
El edificio. Era una imponente construcción cuadrada, con patio central y varias dependencias: almacén de materiales, sala de preparación, nave de trabajo de hilatura, almacén de productos terminados, dos servicios sanitarios de hombres y mujeres, dos viviendas para portero, director y oficinas. Todo diseñado con los últimos avances en construcciones de fábricas. El espacio interior de la nave de hilaturas era diáfana no existían columnas, tenía 65 metros de longitud por 16 metros de anchura y una cubierta alemana metálica con luces de 16 metros. El suelo era de hormigón, con grandes ventanales en todo el recorrido y cubierta a la catalana (plana). Disponía de unos vestuarios con lavabos, duchas y aseos alicatados de azulejos blancos que causaron impresión en los obreros.
La maquinaria era de fabricación nacional de la firma Joaquín Galceran de Mongat, de Barcelona. De los almacenes, el esparto primero y después el sisal, pasaba por unos carros a la sala de preparación donde era escogido, clasificado y humedecido con unos pulverizadores. Los atados de 40-45 gramos permanecían veinticuatro horas tapados y de allí pasaba a la «ablandadora», después a la «rastrilladora» o «brique» con una sucesión de peinados y doblados para entrar en las «manuares» donde se retorcía, para finalizar en las «hiladoras» que los ponían en carretes.
El producto. En los primeros años se hilaba el esparto cocido, que comprendía desde los números 3.300 y el 850 sistema tex, es decir diámetros con los que se hacían hilos de agavillar más gruesos o finos según pedido. Agavillado de mieses, sacos, cordelería general y confección de sacos, así como cuerdas de gran grosor que se utilizan en los barcos de la Empresa Nacional Bazán. Pero es en el año 55, con la crisis del esparto debido a los altos jornales de los obreros cualificados en esta dura tarea y la importación de esparto de otros lugares, cuando se realiza una transformación en la fábrica, al comenzar a utilizar el sisal como materia prima. Para ello vino D.Daniel Cárdenas Monecillo, que trabajaba de mecánico en «Hilaturas Rius» en Barcelona. Le propusieron trabajar como director de la fábrica y aceptó. Así, adaptando la maquinaria, se hilaba sisal que venía de Angola en balas de 500 kg, con la ventaja que se realizaba una cordelería más larga y resistente.
Los trabajadores. Se realizaban tres turnos de 65 obreros. El turno de mañana era de 5 a 14 horas, el de la tarde de 14 a 22 horas, y el de la noche, con menos personal, en el que se preparaba el material. Por la fábrica pasaron un total de 500 personas, todas dadas de alta en la Seguridad Social (un hito en aquella época), proporcionando mucho trabajo en el pueblo. Hubo también algunos accidentes, sobre todo por una máquina que repelaba los cordeles, pues trabajaba a gran velocidad y producía cortes. También se produjo un incendio originado por un cortocircuito cerca de la máquina llamada «brique», que echaba la parafina al sisal, que fue controlado por los bomberos. Como anécdota citaremos que en 1970 los trabajadores se hicieron cargo de la Cofradía de la Samaritana cuando esta se separó de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús y la imagen se guardaba durante todo el año en los almacenes de la fábrica.
El cierre. Nada más liberalizarse la economía española en 1959 se produce la crisis con la importación de fibras de toda clase y la entrada de productos plastificados extranjeros mejor elaborados y más baratos. En 1975 se fusionó con otra empresa, Maquinaria Industrial de Estudios y Proyectos M.I.E.P. de Mocejón Toledo, cambiando otra vez la materia prima, para adecuarse a la oferta y demanda, fabricando bolsas de polietileno de alta y baja intensidad sobre todo las bolsas llamadas de camiseta. El nuevo nombre fue TEXCASA S.A. aunque conservaron la misma marca «Gallo». Para dirigirla vino D. Carlos Folch, conocido en nuestro pueblo como el padre de «la familia de los 14». La fábrica no pudo remontar y a finales de 1979 y comienzos de 1.980, la fábrica cierra, con suspensión de pagos y el embargo de toda la maquinaria. El solar de la fábrica salió a subasta adjudicándoselo a la Cooperativa Virgen de la Esperanza.
Hoy en día Textiles sigue en pie, con su patio central abierto y convertido en la Plaza Francisco Pérez Mayo. Existen todavía restos de la construcción de la fábrica que se va demoliendo en parcelas para construir nuevas viviendas. Todas las personas que trabajaron en Textiles guardan en su retina la majestuosa fábrica que con su ruidosa maquinaria les hizo posible trabajar y comer, lamentando que cuando cerró muchos tuvieron que emigrar en busca de trabajo.
Agradezco a la familia Cárdenas Fernández toda la documentación aportada para que esta intrahistoria de Calasparra no permanezca en el olvido.