Mª Concepción Robles Martínez

Fisioterapeuta CDIAT AVANZA

Asociación APCOM

Estas dos terapias están siendo muy utilizadas en la actualidad, pero vamos a comenzar explicando que es la parálisis cerebral infantil.

Hay muchas definiciones de parálisis cerebral, siendo más precisa y aceptada la del trastorno del tono postural y del movimiento, de carácter persistente (pero no invariable) secundario a una agresión no progresiva en un cerebro inmaduro (Fernández E. 1988). Esto puede ocurrir durante la gestación o tras el nacimiento.

Dentro de la parálisis cerebral hay varios tipos, la más habitual es la hemiparesia espástica, en donde se ve afectado un hemicuerpo (brazo, pierna y en ocasiones tronco) mientras que el contralateral no sufre afectación alguna. Este tipo de hemiparesia puede ser congénita, donde la lesión causal se produce durante la gestación, o puede ser adquirida, que se produciría tras el nacimiento.

El niño va a presentar dificultades en los movimientos, por lo que veremos una disminución o falta de movilidad activa/espontánea en miembro superior e inferior de ese hemicuerpo, también se verá alterado el equilibrio y la coordinación, todo ello debido al escaso control muscular que presentará.

El papel de la fisioterapia aquí es importante. Su tratamiento debe ser lo más precoz posible para aprovechar la neuroplasticidad cerebral de los primeros años, que nos ayudara a que el niño mejore o adquiera funciones motrices, y su evolución sea lo más positiva posible. Su objetivo es tratar las posibles deformidades y mantener el recorrido articular del miembro superior e inferior.

En este caso, nos vamos a centrar más concretamente en la extremidad superior, donde el objetivo será mejorar la función de la mano, manipulación de objeto y alcanzar la mayor autonomía posible para llevar a cabo las actividades de la vida diaria.

Aquí se pueden utilizar muchas técnicas y/o terapias, entre las cuales, las anteriormente mencionadas, terapia restrictiva y terapia bimanual. Estas terapias según estudios realizados con evidencias científicas son eficaces, es cierto que son relativamente recientes por lo que hay diversidad de protocolos para su aplicación, pero se ha comprobado como ayudan a mejorar la actividad motriz.

El trabajo de estas terapias se centra en el movimiento funcional del miembro superior y no en el normalizado, esto quiere decir, que lo que buscan son movimientos que sean útiles en las actividades de la vida diaria del niño, sean o no de la forma que esperamos.

Son intervenciones o protocolos en las que es necesario la implicación de la familia, ya que sin ella no se podrían conseguir los objetivos de este tipo de terapias, debido a que se llevan a cabo mayormente en casa y en su entorno.

Su finalidad es conseguir que el niño mejore sus movimientos y le sean útiles para su vida diaria, mejorando su autonomía personal, lo cual repercutirá de forma positiva en su vida social.

A continuación, explicaremos de forma general en que consiste cada una de ellas.

Terapia restrictiva.  Esta terapia consiste en restringir el movimiento de la mano sana (con esto provocamos una reorganización cortical en el cerebro, que combinado con ejercicios funcionales intensivos, generará cambios plásticos a nivel central). La restricción se puede hacer de varias formas, mediante un guante, envolviendo la mano…  siempre intentando dejar libre la muñeca para poder utilizarla si es necesario como apoyo en alguna actividad o ante un desequilibrio, de esta manera aumentamos el uso del brazo afectado a través de actividades repetitivas y funcionales. El tipo de actividades propuestas dependerá de la edad del niño, pero nunca pueden crearle frustración y siempre serán atractivas para él.

La franja de edad en la que se suele utilizar esta terapia es desde bebés (aprox. 3 meses) hasta la adolescencia.

Terapia bimanual.  Creemos que tiene importancia el trabajo de las dos manos en conjunto porque la gran mayoría de las actividades de la vida diaria se requiere un uso de ambas a la vez. En esta terapia participan ambos miembros, el afecto y el no afecto, experimentando el movimiento en conjunto y cuya finalidad es mejorar la coordinación y orientación espacio-temporal del miembro superior afecto en la realización de las tareas.

En el desarrollo de estas tareas cada mano tiene un rol, una dirigirá la tarea y la otra estará de apoyo. Dependiendo de la dificultad, no siempre tendrán el mismo rol, se irán invirtiendo.  El tipo de actividades o tareas propuestas ocurre como en la terapia anterior, deben ser atractivas para el niño y evitar siempre la posible frustración. Durante la tarea estaremos atentos para evitar las posibles compensaciones que se puedan hacer con otras estructuras corporales.

Esta terapia se puede aplicar a partir de los 3 años teóricamente, edad en la que el niño puede tener la suficiente atención para realizar las tareas.

Los protocolos de ambas terapias son diversos, pero si se ha visto que es necesario unos tiempos mínimos para que se mantengan los beneficios conseguidos. En el caso de la terapia restrictiva es un mínimo de 60 horas y en el de la terapia bimanual de 90 horas, si bien, para establecer el reparto de estas horas y las actividades, se tendrán en cuenta las posibilidades del niño y de su entorno.

Como conclusión podemos decir que estas terapias pueden ser un buen complemento al tratamiento realizado en los centros especializados, en donde nosotros, los fisioterapeutas, apoyamos el trabajo de estas terapias y además realizamos un trabajo más específico con el niño.