JESÚS AMO PÉREZ

Nacida en El Sabinar (Moratalla), Rocío es reconocida como la madre de la Inmunología por haber introducido esta ciencia en la Región de Murcia. Pronto su familia se traslada a Caravaca de la Cruz, donde transcurren sus primeros años de formación en el Colegio Cervantes de la Consolación y su juventud. Cursa estudios de Farmacia en Granada y de vuelta a Murcia, prepara su tesis doctoral y accede al programa de Formación Especializada de postgrado. En esos años crea la Unidad de Inmunología del Hospital Virgen de la Arrixaca, lo que le da la oportunidad de realizar una estancia postdoctoral junto al premio nobel de Medicina Jean Dausset en París, todo un privilegio que le llevó a ser la primera mujer jefe de servicio en dicho Centro.

Actualmente el gran alcance de la divulgación científica hace fácil despertar las vocaciones científicas, sin embargo, esto no era tan fácil años atrás ¿En qué momento nace en usted esta vocación?

Ciertamente en aquellos años había mucha menos información, pero se compensaba con una inmensa ilusión y un profundo afán de conocimiento, en mi caso transmitido por mi abuela. No tengo noción de un momento preciso ni de una vocación bien definida, pues, aunque quise estudiar Física acabe estudiando Farmacia, pero sí de que mi interés por la ciencia se despertó y fue alentado por las magníficas lecciones recibidas de dos grandes maestros de mi bachillerato, D. Vicente Plá y D. Arturo Valenzuela, cuya memoria quiero humildemente honrar desde aquí.  Luego mi dedicación vino marcada por una mezcla del azar y la necesidad que impone el devenir de la vida.

Cada vez son más las mujeres que escogen la Ciencia como profesión, en cambio, esto no era así en el pasado ¿Cuál es su experiencia como mujer científica?

Haber tenido la ocasión de dedicarme a la ciencia ha sido una experiencia apasionante, pues me ha permitido disfrutar de un trabajo creativo que mantienen viva la mente y una inquietud permanentemente abierta hacia el aprendizaje de todo cuanto la vida pone a tu alcance. No obstante, he de ser sincera y admitir que ser científica, implica también afrontar un trabajo que en el día a día es muy duro, porque exige interminables horas de dedicación para obtener unos resultados con escasa visibilidad inmediata en la sociedad. Esa falta de visualización en una sociedad como la actual, donde prima el mercantilismo cortoplacista, creo que condiciona, y esto es una opinión muy personal, que las jóvenes de hoy pongan menos interés en la ciencia y se decanten por la elección de profesiones en las que el triunfo puede ser más inmediato.

Cabe señalar que, aunque como bien afirma usted cada vez hay más mujeres formadas para la ciencia dado que el número de las que acceden la Universidad es superior al de hombres, la proporción de las que eligen la carrera científica disminuye drásticamente después del doctorado y, está estancada desde hace una década. Las razones de ese abandono creo que radican más que en un súbito desinterés científico, en que la merma de financiación a que se ven sometidas tras los periodos de procreación, lastra la posibilidad de liderar sus proyectos. Una situación derivada de la ausencia de políticas que incentiven y mantengan su competitividad que, entiendo es urgente corregir si se quiere propiciar la igualdad. Tampoco hay que ignorar que la propia biología femenina, les pone ante la disyuntiva de tener que elegir entre asumir la responsabilidad del cuidado de los hijos o la de una sacrificada dedicación a la ciencia con menor compensación afectiva. No son pocas las que eligen, por ser más gratificante, esta última opción, con lo que el techo de cristal sigue sin romperse.

¿Qué les diría a las chicas que terminan el Bachillerato para animarlas a escoger una carrera científica?.

Que confíen profundamente en sus capacidades y que no tengan miedo al esfuerzo requerido, ni prisa por degustar el placer del reconocimiento. Además, les recomiendo que, si quieren dedicarse a la ciencia, elijan su carrera sobre la base de principios para el progreso en el saber y no por intereses espurios y que, aborden su ejercicio profesional desde una perspectiva estrictamente ética que las preparará para no flaquear ante las dificultades. Si se afianzan en estos principios y permanecen firmes sin reclamar compensaciones inmediatas, que no les quepa la menor duda que, su buen hacer será debidamente reconocido quizás más tarde, pero de forma más duradera. Ah! y que tengan siempre en la cabecera de su cama y en su mesa de estudio una copia del “Si” de Rudyard Kipling para en momentos de duda, aprender a esperar “sin cansarse en la espera”.

De entre todas las disciplinas científicas, usted escogió la inmunología. ¿Qué le apasionaba de este campo?

La novedad y la escasez de conocimientos que en el momento de mi elección había sobre su principal objeto de estudio, el Sistema Inmunitario. Algo que me llevaba al planteamiento sistemático de dudas y preguntas científicas, básicas en todo proceso investigador. No en vano, en investigación, a medida que avanzas en la resolución de un problema digno de ser publicado, surgen nuevas cuestiones que ensanchan tu camino para que sin proponértelo, como me ocurrió a mí, te encuentras sumergida en ese apasionante mundo que encierra todo tipo de ciencia verdadera.

Durante su carrera como investigadora tuvo la oportunidad de trabajar con el premio Nobel de medicina, Jean Dausset ¿Qué destacaría de esa etapa?.

Fue una experiencia inolvidable, en un tiempo en que, a diferencia de ahora, para una mujer salir al extranjero para completar su formación suponía un reto poco habitual. Esa estancia constituyo mi gran fortuna profesional, pues crecí como profesional y como persona y adquirí suficiente ilusión como para no desligarme nunca del mundo de la ciencia. Fue un periodo apasionante y enriquecedor en el que tuve ocasión de asistir al nacimiento de la primera red de intercomunicación para intercambio de órganos y células, la organización France Transplant, embrión de la posterior Red Europea y, también de participar en sus reuniones científicas anuales sobre compatibilidad de tejidos, donde pude contactar personalmente con los más grandes científicos de la Inmunología de la época. Del profesor Dausset, me impactó su rigor y estricto sentido de la ética científica, cualidades que, en honor a la verdad, he de decir que ya había observado previamente en mi director de tesis, el Prof D. Francisco Sabater, hombre de un perfil humano cercano al Dausset y en el Prof. Lozano Teruel, también oriundo de Moratalla. Soy consciente de que en la vida Dios me ha regalado mucho más de lo que hubiera podido soñar, en lo personal por concederme el privilegio de unos padres que me educaron en valores y en el respeto al prójimo y, en lo profesional por poner en mi camino a personas tan increíblemente valiosas y que, tanto me han aportado.

El año pasado se cumplieron 100 años de la grave epidemia de la gripe española ¿Existe en la actualidad riesgo real de una epidemia de características similares?.

La aparición de una epidemia en el mundo de migraciones y mestizaje actual no es impensable, máxime si se trata de enfermedades causadas por virus que tienen la habilidad de mutar frecuentemente para escapar de la vigilancia del Sistema Inmunitario o evitar la acción de los fármacos disponibles.

Precisamente recuerdo que, en el último año de mi estancia en Paris, hizo aparición el virus de la Inmunodeficiencia Humana, por entonces desconocido y causante de una enfermedad tan agresiva como el SIDA para la que no existían vacunas ni tratamientos. No obstante, hoy el conocimiento, la efectividad de las vacunas, de fármacos adyuvantes y la mejora de condiciones higiénicas y de salubridad, distan años luz de las existentes cuando se extendió aquella gran epidemia de gripe y son garantía para una prevención eficaz y de que, las nuevas amenazas que puedan aparecer pueden ser más fácilmente sofocadas. A tal efecto, recordemos como cuando más recientemente el virus del Ébola tuvo entrada en España, su expansión se logró frenar con eficacia en poco tiempo.

El pilar fundamental de las nuevas terapias contra el cáncer (CAR-T) es la inmunología ¿Qué podemos esperar de estas terapias en los próximos años?.

Las células CAR-T comportan la última aportación de una inmunoterapia dirigida a la preparación tratamientos personalizados, que ya se ha empleado con éxito en ensayos clínicos para melanomas y leucemia de células B y que, en combinación con anticuerpos monoclonales activadores del Sistema Inmunitarios, se ensayan también como inmunoterapia efectiva en otros canceres, como el de mama. En definitiva, creo que tanto los conocimientos como los fármacos de origen inmunitario son la esperanza para un mantenimiento integral de nuestra salud en el futuro.

Permítame añadir porque así lo siento que, la Inmunología es hoy no sólo el pilar de las células CAR-T, sino también soporte de las más modernas terapias aplicables a enfermedades hasta ahora incurables y más específicamente contra el cáncer. Una disciplina que ha dado grandes benéficos a la salud individual y colectiva, en la que yo empecé a trabajar, cuando ya sus aportaciones en vacunación y seroterapia, habían contribuido a resolver grandes problemas infecciosos y, poco después, la Organización Mundial de la Salud anunciaba la erradicación de una enfermedad tan lesiva como la viruela. Por entonces, ya se atisbaba que sería esencial en la  era del Trasplante ya superada y, hoy has entrado de lleno en la era de la inmunoterapia, con el uso de los anticuerpos como principios activos de fármacos aplicables al tratamiento del cáncer y enfermedades autoinmunitarias como la esclerosis múltiple, la psoriasis etc y, se vislumbra una nueva era en la que, la Inmunología puede ayudar a solventar enfermedades neurológicas de tanta importancia como el Alzheimer y el Parkinson.

Para finalizar, ¿Cómo ve la situación actual de la ciencia española? ¿En qué dirección piensa que avanzamos?

Se había avanzado bastante, pero en los años de las crisis se ha producido un regreso, sobre todo en los incentivos para la formación nuevas investigadoras y en el rescate de las ya formadas que trabajan en el exterior. Tengo la convicción de que este país no avanzará y, menos sus mujeres, si no se mejoran los fondos de investigación, aunque ello implique reducir gastos en lujos y campañas políticas que, con la disponibilidad los medios audiovisuales y las redes de comunicación actuales, son en mi opinión superfluas y prescindibles. Además, urge dotar ayudas especiales para jóvenes y grupos de tamaño reducido, pues ellos representan nuestro futuro y es triste, además de poco rentable que sus buenas ideas no sean tengan escaso aprecio y queden mayoritariamente sin posibilidad de desarrollo por falta de esa financiación. En España prima la presión de los grandes grupos y, a la hora aprobar proyectos, se valora más la cantidad que la calidad de las publicaciones y la experiencia prima sobre la originalidad propuestas. Sirva de ejemplo que uno de los hallazgos científicos más importantes de los últimos años, hecho por un joven investigador de Alicante, el profesor Mojica, permaneció durante años en el anonimato y prácticamente sin ayudas, enlenteciendo así su progreso y aplicación hasta que investigadores americanos y alemanes, se dieron cuenta del valor que ese descubrimiento de un joven español podía tener en la edición genómica.