Juan Fernández Montoya

Si ya estamos convencidos de que la actividad agrícola es esencial para la economía murciana (hubo tiempos en que soñábamos abandonar cultivos para dedicarlos a campos de golf) hemos de obrar en consecuencia.

Sabemos que la agricultura tiene épocas en las que produce una gran demanda de obreros para efectuar la recogida del albaricoque, melocotón, melón, ciruela, aceituna y más…En otras no se precisan tantos.

Si llegan a nuestros campos cientos de trabajadores de temporada, “temporeros”, habremos de tomar las medidas necesarias para resolver los problemas que conlleva la llegada de los mismos. Aunque sea por poco tiempo, precisan condiciones dignas de estancia en nuestra tierra. Contratación, vivienda con aseos y ducha, transporte seguro…Hoy existen medios para prepara en verano instalaciones que reúnan esas mínimas condiciones decentes -mejor si son máximas- que puedan acoger a hombres y mujeres durante el tiempo que dure la contratación. Evitar así el desplazamiento de familias enteras que con sus hijos plantean a su vez nuevos problemas donde arriban. E igualmente en sus localidades de origen han de arbitrarse medios para que los escolares puedan ser atendidos un tiempo con medidas que suplan suficientemente la ausencia de los padres en épocas de trabajo temporal Es posible que el impacto de la crisis sea tal que hoy no se de de la misma forma la llegada de los temporeros. O que se produzca de otra manera. Lo veremos dentro de pocos días. Porque esto, si se sigue así, no es algo coyuntural y esporádico sino que ocurrirá de forma periódica pero durante muchos años.

Y, a nuevos tiempos, nuevas soluciones. Soluciones que han de propiciar los propietarios de explotaciones agrícolas de forma conjunta, por medio de las cooperativas, por ejemplo.

La solución francesa de antaño parece que no tiene mucha cabida. Aquí no viven los agricultores como tales ni siquiera en las fincas pequeñas. Por tanto no cabe pensar que van a ampliar instalaciones para acoger a sus propios jornaleros.

Urgen medidas arbitradas por las cooperativas u otras organizaciones que sean imaginativas, eficaces y dignas. Que den solución estable a esas personas que vienen a resolver nuestros problemas en el mundo agrario. Pensar que pueden malinstalarse, hacinados en viviendas, viejas o semiderruidas, sin servicios ni buen techo o debajo de un puente, son salidas arcaicas ya impensables. Ningún empresario debe programar esta solución, para hacer la recolección de sus producciones de forma competitiva. Ni ningún gobierno debe permitirlo.

Y los pueblos que se adelanten a darle solución tendrán una posibilidad más para su despegue económico.