Carmen M. Martínez Asturiano/Maestra de Pedagogía Terapéutica e Inglés

¡En la mochila!

En el artículo de hoy, hablaremos de un tema bastante controvertido y del cual tenía ganas de aportar mi criterio, y también, el de muchos padres y compañeros que me han pedido crear este pequeño espacio.

Hoy hablaremos de “las notas”. ¡Ay, las notas!. Ese temido fantasma en forma de “número” que nos persigue desde que tenemos uso de razón. Así que, intentaremos ofrecer ambas caras de la moneda, hablando de los pros y los contras que ofrecen dentro del sistema educativo.

En primer lugar, he de decir que, el valor de un niño no se define por sus calificaciones, ya que, queda demostrado que, en algunas ocasiones, aprobar no es sinónimo de aprender. Si apostamos por una educación basada en el aprendizaje y no en la evaluación cuantitativa, estaremos dando el valor que corresponde a las calificaciones y no crearemos una presión añadida a los niños que no alcanzan el 5 o a los que luchan por un “sobresaliente” para destacar sobre el resto o para ser “los mejores”. Pero, ¿los mejores en qué?.

Las notas, por desgracia, ofrecen un status social distorsionado. Nos crean desde pequeños, esa presión añadida en la que si no superas cierto “número”, no eres válido. Pero para mí, (y por suerte, para muchísimos maestros), un “cinco raspado” de un niño que puede dar mucho más de sí, no tiene el mismo valor que un “cinco” de un niño que se ha esforzado al máximo y que ha dado todo lo que podía. Sin duda alguna, en el segundo caso, es un aprobado con mucho más valor, donde se habrán tenido en cuenta otros muchos aspectos como el esfuerzo, la perseverancia, el interés, etc. y, muy probablemente, en la nota final ese “cinco” se convierta en un “siete”.

Afortunadamente, en la actualidad, muchas empresas, tienen en cuenta otros factores para contratar a su personal, dejando de lado el expediente académico y manifestando más interés por habilidades demostrables y por las relaciones interpersonales como pueden ser: el trabajo en equipo, la empatía, la capacidad de esfuerzo, la fidelidad, entre tantas otras.

Si, y los que estén leyendo este artículo pensarán que todo lo anterior queda “muy bonito”, pero, que si no consigues una nota, no puedes entrar a un  curso o a una determinada carrera. Y es cierto; pues vivimos inmersos en un sistema en el que la valoración numérica juega un papel importante, pero debemos ser objetivos y darle la importancia que merece y saber que, si un niño consigue entender y comprender lo que hace, eso desencadenará en una buena nota (y no al revés). Debemos dejar de presionarnos y presionar con ese baremo tan poco objetivo. Como padres, podemos utilizar las notas para guiarnos sobre los puntos flacos y fuertes de nuestros hijos, para así poder analizar qué le cuesta más y dónde debemos reforzar o cambiar el proceso de estudio o de aprendizaje diario. También son un buen mecanismo para aprender a gestionar el estrés, siendo conscientes de que, no todos los días nos levantamos con las mismas ganas o fuerzas y que, un examen, no dice cuánto sé de un tema, ni mucho menos, cuánto valgo. Y un punto muy importante a tener en cuenta, es la comunicación constante con el profesorado, para poder solucionar cualquier problema que esté afectando al rendimiento de nuestros peques.

Y, puesto que no podemos librarnos de las “temidas notas”, hagamos que el proceso de aprendizaje de nuestros hijos y alumnos sea de calidad y no de “cantidad”

Dando voz a tantos maestros que luchan por una mejor y más bonita educación»