Cabila Yusuf Ibn Abd Al-Rahman al-Firi

Ellos siempre miran directo a los ojos y su mirada es transparente, limpia.

José Manuel se alegra sinceramente cuando te ve por la calle. Con muy pocas palabras o en silencio te tiende la mano y te mira. Siempre te mira a los ojos y se alegra. Eres uno de los suyos. Detrás de su mirada, que no alberga sentimientos ocultos, ni intenciones equívocas, hay un deseo noble de seguir contigo.

A José Manuel le gustaría estar siempre junto a un amigo, nada más franco en él que la búsqueda de aprecio y de compañerismo. Que te pares en la calle y compartas un rato con él. Cuando ves a José Manuel por la calle siempre lamentas tener prisa. Es de esas veces que te preguntas por qué has de ir siempre con prisa. Con esa absurda prisa. En contraste, José Manuel está sereno, esperando paciente a que algún amigo lo salude. Quizás se haga preguntas continuamente y quizás nos las trasladaría, aunque no lo haga, pero nunca refleja ansiedad. Nunca te trasladará ningún mal sentimiento.

Juan Pedro también tiene una mirada directa, sencilla, pero una mirada llena de interrogantes. Igual que José Manuel no oculta nada, ni en sus ojos, ni en sus palabras. La conversación con Juan Pedro está llena de afecto y siempre está convencido de que el afecto es recíproco. Siempre tiene alguna preocupación. Es seguro que a Juan Pedro le inquietan las cosas.

A Juan Pedro le gustaría ir más deprisa de lo que le permiten sus propias condiciones físicas. Sus pies. Los deseos de Juan Pedro van por delante de los límites infranqueables que le imponen sus pies. Le cuesta caminar, pero sus ojos y su corazón llegan a todas partes. En la calle, desfilando, mira a todos sitios. Detrás de su silueta hay una imagen inmaterial que lo abarca todo; es un espectrómetro que abarca a cada una de las miles de personas que lo observan y que crea una comunicación intangible, porque es un intercambio intenso de sentimientos.

Juan Pedro y José Manuel pasan horas sentados con nosotros en el refugio, esperando, en silencio, pero ocupados de que todo salga bien. Para que los Yusuf sean los mejores. !faltaría más!

Juan Pedro y José Manuel son como nosotros o quizás mejor que nosotros. En todo caso, son nuestros cómplices, nuestros cómplices de siempre, nuestros cómplices y amigos.

Nuestra complicidad tiene un origen poco definido. Al menos yo no sería capaz definirlo. Ellos se sintieron atraídos por algo que forma parte de los Yusuf. La misma atracción que nos ha dado cohesión en el tiempo. Quizás sea algún instinto oculto y común que llevamos dentro y que explica nuestra permanencia en el tiempo a pesar de nuestras cosas, de nuestras carencias organizativas, o de nuestra absurda tendencia a acumular trajes y prendas inútiles en los armarios de nuestras casas o de algunas otras características que nos han colocado tantas veces al límite de la supervivencia.

Juan Pedro y José Manuel disfrutaron con nosotros llevando los timbales de la banda, pero quizás nadie haya sido tan feliz como lo fueron ellos al otorgarles nuestra capitanía, al ponerlos al frente de ese ejército abigarrado y sin armas que somos los Yusuf.

Ahí delante, mirando a todos, recibiendo los aplausos que han sido también nuestros aplausos. !Tantas miradas cruzadas que desentrañan esa parte noble que late en todo ser humano y que por lo menos alguna vez en la vida nos hace ver que somos iguales, que el dinero, la belleza, el poder o la inteligencia, nos apartan muy poco de nuestra naturaleza idéntica, de nuestras aspiraciones idénticas, de nuestros anhelos más irrefrenables sobre aquellos seres que más queremos.

Tanto Juan Pedro cómo José Manuel, han sido nuestros angeles,  nuestros protectores,  los que siempre han unido a todos los cabileños. Con su inocencia, cariño y alegria  han vivido la fiesta, y el espíritu de los Yusuf como ninguno de nosotros. DEP Juan Pedro.

Ya, está  con su amigo y  compañero del alma José Manuel.

Siempre seréis, los mejores y seguiréis en el recuerdo, abriendo cada año el desfile con nosotros, en vuestro lugar preferente.