R. Elbal

FOTOGRAFÍA: LÁSER

Como cada día, un grupo de ancianos de la residencia estaban reunidos viendo la televisión, en ese momento eran  los anuncios quien bombardeaban con sus mensajes, María, una  de las voluntarias que estaba acompañándolos, se dio cuenta, que algunos de ellos los miraban atentamente y en sus cara vio  la tristeza reflejada, prestó atención, para ver qué podía ser  aquello que  los  apenaban.

Eran bonitos anuncios de productos navideños, donde se veían, varias generaciones familiares reunidas en torno a una mesa, sonrientes y felices, los habían enmarcado en el entorno ideal. Los abuelos miraban al televisor con añoranza, aunque sabiendo de sobra, que lo que veían era simplemente teatro, aún así, no podían remediar sentir, una punzada de envidia

Los más afortunados serían requeridos por sus familias para pasar con ellos esos días entrañables, pero la mayoría, por distintos motivos, tenían que pasarlas en la residencia.

Las monjas y los trabajadores intentaran poner un toque de alegría, adornándola con motivos navideños, y haciendo menús  especiales, pero si cabe, en estos días su tristeza se acentúa un poco más.

Aquella voluntaria, cariñosa  y dulce que tanto se preocupaba por ellos, no pudo remediar entristecerse y pensó que debía de hacer algo para alegrarlos,  que no se sintieran desdichados.

Empezó a dar forma a una idea, lo primero fue contar con la aprobación de la directora del centro, luego con la cooperación de todos los voluntarios  y la de los trabajadores del centro.

Empezaron a ir de un sitio para otro, cada uno se hizo cargo de una tarea, sin desanimarse, movieron  hilos buscaron  contactos, realizaron llamadas de teléfono y removieron cielo y tierra hasta conseguir su cometido

El domingo antes de Navidad, la residencia se lleno de alegría, de risas, de besos y abrazos, consiguieron que la mayoría de los familiares acudieran a celebrar una fiesta sorpresa a sus mayores. No podían dar crédito a lo que estaba ocurriendo, todo se desenvolvía en un ambiente cordial y festivo, hijos, padres, nietos, sobrinos, hermanos o incluso primos, se saludaban, se abrazaban y juntos festejaban la Navidad. En torno a una gran mesa comieron y bebieron, hablaron , cantaron villancicos….   Los ancianos sonreían satisfechos, sus rostros reflejaban la felicidad que sentían ese momentos, había música y mucha alegría . Era todo tan Espectacular ,que María, no creía que pudiera ser verdad.

De pronto toda aquella dulce algarabía se fue apagando,las voces desaparecieron y  todo se quedó en silencio, solo veía un pequeño resplandor. Abrió los ojos y comprobó que no estaba en la residencia, si no en su cama, y que  la luz que veía, era  el sol que se filtraba por la ventana, todo había sido un sueño. Se quedó un poco triste, ese  era el día elegido para la celebración,  ya sabía de antemano, que no iba a ser como la de su sueño. Algunos familiares habían confirmado su asistencia, pero eran muy pocos. También se encontraron con el inconveniente que muchos de los internos, no tenían ya familiares

De todas maneras, no se desmoralizó, y se encaminó a la residencia, esperando  que la pequeña fiesta fuera del agrado de todos.

Al llegar noto un bullicio fuera de lo normal, había mucha animación, todos los trabajadores del centro habían acudido, los que libraban , los que tenían otro turno, todas los voluntarios y algunos amigos.

Fue una gran  sorpresa para los ancianos, estaban muy alegres de ser los protagonistas ese día, algunos tuvieron la suerte de compartirlo con los suyos, y los que no la tuvieron, se sintieron arropados por el personal del centro y los voluntarios. Aquel lugar se llenó de amor,  compartieron bromas, sonrisas y buena compañía.

El día no fue tan grandioso como en su sueño, pero mucho más sincero y emotivo. Los ancianos que se creían solos, supieron que ellos también contaban con una gran familia.   María regreso a su casa con el corazón alegre.