CARLOS MARTÍNEZ SOLER

La música probablemente sea una de las disciplinas artísticas que más presente está en nuestras vidas. Basta con echar un vistazo en la calle, en el metro, en el autobús, en las salas de espera…, para darnos cuenta de que a nuestro alrededor se encuentran miles de personas que se mueven por el mundo conectadas a unos auriculares en los que escuchan a sus grupos favoritos. Además, la música tiene algo maravilloso, su capacidad evocadora, pues cuando escuchamos un tema que nos ha marcado, somos capaces de trasladarnos al momento y lugar exacto donde lo oímos por primera vez y recordar con exactitud el acontecimiento que lo rodeaba.

Bajo esta premisa, la música como motor y acompañamiento de nuestras vidas, se mueve una de las últimas creaciones de Netflix, la serie Soundtrack, cuyo título no podría ser más explícito, pues se trata de un musical en el que se nos narra la historia de un padre recientemente enviudado que lucha por sacar adelante a su hijo.

Si tuviera que definir Soundtrack, diría que es la versión seriada de La La Land, pues su historia avanza rodeada de grandes coreografías y canciones muy reconocibles, que además se integran con gran acierto en el relato, ya que responden al estado emocional que viven los personajes en cada momento, consiguiendo que incluso a los que no le gustan los musicales puedan caer rendidos a sus pies.

Haciendo un símil discográfico, podríamos decir que Soundtrack se trata de un disco de 10 canciones (10 capítulos), cuyo único propósito es sumergir al espectador en un viaje emocional, que como en los buenos discos, comienza con 2-3 tracks que atrapan, encandilan al oyente, para posteriormente sumergirse en 3-4 temas que sirven de puente y descanso, para finalmente culminar con 2-3 canciones que vuelven a enganchar y dejar al público con ganas de más.