MICAELA FERNÁNDEZ

Marchó muy joven de Albudeite, su pueblo natal. Ha recorrido medio mundo y fijado su residencia en parte del otro. Londres, Italia, Francia o Turquía han sido parte de su vida.

El jueves 6 de mayo Soren Peñalver recibía un emotivo homenaje en su pueblo, donde pretende volver y para el que tiene importantes proyectos culturales.

¿Qué ha supuesto este homenaje?

La gente más sencilla del pueblo, incluso marginal, me emociona, porque están contentos.

Eso dice mucho, no porque yo sea populista, ni mucho menos, porque yo soy más del pueblo que la aristocracia como buen republicano pero que sea la gente sencilla la que me recuerda y se pone contenta, eso me gusta más que nada, sin menospreciar a la gente erudita, pero que sean las personas sencillas las que me recuerden, las que quizá nunca han cogido un libro, eso me emociona.

¿Qué ha sentido al llegar al número 41 de la calle Mayor?

Mi infancia, los hurones, mi padre cazaba, los perros galgos, y sobre todo, vivíamos en una digna pobreza pero un artista nunca es pobre, tenía imaginación, y a mi padre siempre lo llevaba loco, decía que tenía un hijo de Marte, y mi madre decía “Isidro, ¿entonces yo de donde soy?”. Mi madre era muy especial.

¿Ve la posibilidad de fijar su residencia definitivamente en Albudeite?

Sí, yo siempre dije que terminaría aquí. Dije que terminaría en un cementerio cristiano, como cristiano, nunca he roto a mi moral cristiana. Yo terminaré en mi pueblo y con ellos, y me enterrarán aquí, lo tengo claro.

Los homenajes, ¿en vida?

Sí, eso es lo que más me gusta. Puedo compartirlo con mis amigos, con la gente, con los chicos jóvenes que hemos visitado en la Casa de la Cultura.

Si te lo hacen después de muerto, sí que lo tiene tu nombre pero no lo tienes con quien quieres compartirlo y, eso quizá es lo que más me gusta.

Yo la vanidad la tengo cubierta desde hace mucho tiempo porque poetas, escritores que han hablado muy bien de mí a lo largo de los países en que he vivido, incluso en España, en Madrid, sobre todo en Barcelona, en Granada, esa vanidad la tengo cubierta, la vanidad de cuando eres joven, pero ahora es otra cosa. Es algo que no tiene una definición concreta, creo que la voy a encontrar y haré un poema sobre ese tema, pero sí, tiene que ver con la emoción que es ciega ante las palabras, es difícil a veces expresar.

Yo tengo facilidad de palabras, me salvaba en el colegio porque tenía un pico, pero curiosamente la emoción es muda.

Primavera en Albudeite…

Tengo un poema que se llama ‘El mes de las flores recuerda a Josefina’, que tengo que rescatar, de una mujer que murió de parto aquí y fue el primer poema que le leí a las monjas Dominicas que tanto me quieren en Murcia y cuando les leí ese poema me adoptaron.

Es sobre una mujer que murió aquí de parto sobre esas fechas. Y es quizá el poema humano que yo quizá mejor he sabido definir, y fue uno de los primeros que me proporcionó algo de fama.