MAGDALENA GARCÍA/@garciafdez

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Y la oportunidad surgió. Hay momentos en la vida en los que aparecen personas que comienza a valorar tu trabajo, o al menos las ganas de aprender y dar lo mejor de una misma.
Cuando me plantearon ser fotógrafa fija del documental «Jóvenes orquestas: Orquestando un camino» el cual participa en el Festival internacional de cine documental de la Ciudad de México, se me pasaron muchas cosas por la cabeza. La primera fue preguntarme si yo sería capaz de estar a la altura de un proyecto tan complejo y tan bonito como era ese. El segundo fue la respuesta… «¡Por supuesto que sí!»
Puede ser que algunos no comprendan lo trascendental que puede ser una decisión en un momento determinado de tu vida.
Durante mucho tiempo he caminadodando vueltas por diversas zonas de confort conflictivas para mí, puesto que, aunque son las que más «estabilidad» económica te proporcionan, en muchas ocasiones son las que más infeliz me hacen, porque no estoy siendo yo. México me abrió la puerta a nuevos pensamientos, y me introdujo en un momento muy introspectivo. Yo misma desconocía hasta qué punto estaba metida dentro de mí para volver a encontrarme. Y lo que sí supe al fin es lo que no debía y sí debía hacer en ese preciso momento de descubrimiento… Y, por supuesto, después de un trabajo interno muy profundo sí sé para lo que estoy preparada en este momento de mi vida. Para ser yo misma. Descubrí que no hay que precipitarse en amar a alguien si estás en el «proyecto» de amarte a ti misma.
Posé mi cámara sobre mis manos, y la llevé a mis ojos para encontrar otros mundos. Y descubrí un grupo de gente, encabezado por Juan Carlos Calzada, que jalaba a niños de una colonia muy marginal del Distrito Federal para enseñarles música… y que éstos a su vez fueran replicadores a otra gente de estas colonias. Adultos, adultos mayores, niños… Valores, integración, inteligencia emocional, bailar como forma de quitarnos el rencor (como me decía una amiga que lleva enseñándome la vida desde hace casi tres años). «¿Qué no sabes bailar? Yo tampoco… ¿A caso sonreír y mover un pie al ritmo de la música no es bailar también? El baile está dentro de una misma».
La vida nos pone a prueba muy a menudo. A veces es jodida, tenemos decepciones, pérdidas inesperadas. Pero esas cosas van a aparecer queramos o no. Entonces mejor enfrentarse a eso con la mejor actitud, para que no acabemos aplastados. Hay gente que no tiene de nada, que se enfrenta a la vida sin alguien que por naturaleza debía seguir en pie y es incapaz de esconder la sonrisa. Aprendamos de eso. ¿Ya sí? Sí, ya… Ya estoy preparada para amar. Todo tipo de amor. Amor de pareja, amor de amigos, amor a la vida. Estoy siendo lo que quiero ser y lo que siempre fui pero no saqué. Siendo consciente y disfrutando de eso. Riendo… Risas, risas, risas… A veces, esa, es también la mejor de las músicas. Démosle entonces música al alma, y deja que el alma vuele.