FÉLIX MARTINEZ MARTÍNEZ

A principios del mes venidero algunos de nuestros jóvenes tendrán el que puede ser el examen, en realidad es una sucesión cuasi infinita de ellos, más reseñable de su vida académica, la archiconocida Selectividad. De todas las ramas existentes en Bachillerato, así como la oferta de asignaturas, bien comunes bien específicas, me gustaría detenerme en las (mal)llamadas lenguas muertas. ¿Para qué sirven las lenguas del pasado que ya no se hablan y, a su vez, no son el mayor requisito para la oferta del mundo laboral? En las antañas enseñanzas, con sus vetustos programas la enseñanza de la lengua griega y latina, unido a sus literaturas e historias, se hacía bajo un modelo basado en el ideal humanista, el cual se encontraba encarnado en Grecia y Roma. Además, este ideal era elemento de veneración, así como su consideración de elementos esencialmente constituyentes de la corriente de la vida y de la cultura que nos había traído hasta los más presentes de nuestros días. El aprendizaje del latín y del griego no tiene, al menos en estos cursos pre-universitarios, un carácter práctico-profesional: es desinteresado. No se busca el aprendizaje de estos idiomas para hablarlos de manera cotidiana, ni tan siquiera para trabajar de camarero -uno de los trabajos más recurrentes de este país destinado al sector servicios de otros países-, ni para ser astronauta, ni, tan siquiera, para ser interprete. Lo que se pretende es el conocimiento de la civilización de estos pueblos que han marcado el devenir cultural de parte occidental del globo terráqueo. Si se nos requiere que para conocer nuestro presente es preciso atender a nuestro pasado, del mismo modo para entender los postulados de las civilizaciones modernas deberíamos, como un proceso de identidad paralela, atender al lenguaje de las civilizaciones que las conformaron. Porque no nos engañemos, el lenguaje es el elemento básico y vertebrador para el conocimiento de una determinada cultura.

Julien Gracq

Julien Gracq

Los estudios de lenguas clásicas podrían ser entendidos como un hilo comunicador de toda la historia del pensamiento: filosofía, ciencia, literatura… Sin embargo, hoy en día, como bien supo ver Julien Gracq, en la enseñanza cada vez se busca más una comunicación trivial fundamentada, principalmente, en el estudio del inglés, teniendo este como una suerte de esperanto mitificado. A pesar de que el estudio del inglés no es un condicionamiento regresivo, a priori, tiene otras consecuencias, como el desplazamiento de las lenguas clásicas y el conocimiento arriba mencionado. Se ha perdido la estimulación creativa del aprendizaje de las lenguas muertas por una vía fácil y cómoda para una comunicación que, de manera alguna, se precisa como inclusiva; por lo que las ventajas de la elección idiomática se revelan como ausentes.

Con el nefasto devenir de los tiempos los dioses de las artes y de la sabiduría clásica serán reemplazados por otras deidades. Deidades mucho más terrenales y supeditadas al poder del capital meramente económico, de inmediata tangibilidad. Con todo, solo nos quedará una humanidad desmemoriada que ha perdido su genealogía tanto de su identidad como de su historia.