FÉLIX MARTÍNEZ/FILÓSOFO

El tema de hoy se perfila complejo, arduo. Es y será debatido. Un concepto así, tan difícil, sutil, escurridizo y altamente prostituido por cualquier vocero. El tema de hoy gira en torno a la libertad, aunque como es un tema con muchos puntos de vista y distintos matices vamos a acotar el tema: “mi libertad termina donde empieza la de los demás”. Atribuida al filósofo francés Jean-Paul Sartre. Esta frase ha sido ampliamente utilizada, rara es la persona que en una ocasión cualquiera no la haya utilizado o escuchado.

Sin embargo, tenemos que matizar que la frase más parecida que encontramos en Sartre aparece en su obra El ser y la nada: “mi libertad se alinea en presencia de la pura subjetividad del otro, que funda mi objetividad, no podría alienarse en modo alguno frente al otro-objeto”. Pero esto, ¿qué quiere decir? Que la libertad, la individual, deja de ser tal cuando hay, existe, otra persona. Esta persona, a su vez, es la que me hace un objeto ante su mera presencia. De tal modo que se transmuta la percepción y perspectiva de un sujeto a un objeto. Aunque la explicación de la proposición puede ser algo difícil de seguir, la intentaré matizar a continuación.

Si tomamos la primera frase como cierta tenemos varias perspectivas: 1) La libertad no es un todo, pues empieza y termina (no puede ser, por lo tanto, un concepto que pueda ser pleno); 2) La multiplicidad de libertades. Aquí se nos plantean dos: la de un “yo” y de un “tú” que, en principio no parecen ir de la mano. Pues una es condición de la otra, ya que una se termina cuando empieza la otra.

Como esto parece un poco contradictorio, propongamos una nueva visión: “Mi libertad empieza cuando comienza también la tuya”. Hagamos de la libertad un hecho compartido, un movimiento social donde cada una de las libertades de cada individuo forme parte también de las libertades subjetivas de los demás, de esta manera podemos salvaguardar la libertad como concepto, y aspiración; así como garantizar la libertad individual de cada uno de nosotros, al tiempo que intentaremos fundar una sociedad basada en la libertad donde queden subsumidas todas las libertadas individuales.

Aquí, y perdonen por ponerme pesado, pero surge otro problema. Otra mala concepción de la libertad. Si a alguien se le pregunta qué es la libertad es difícil no acertar al pensar en algo así: “libertad es hacer lo que cada uno quiera”, introduciendo a continuación, como no puede ser de otra manera la manida proposición con la que comenzamos este artículo. ¿De verdad la libertad es hacer lo que queda uno quiera? Cuando se habla o se piensa de esta manera ¿se tienen en cuenta factores externos a nosotros mismos? Dudo que alguien crea que la libertad es un vergel de puro individualismo exacerbado. Vivimos en una sociedad, cuya concepción puede ser más micro o más macro, pero no vivimos aislados. Sin embargo, esto no debería de interferir o declinar la balanza a favor de un acotamiento de la libertad, como se ha intentado vislumbrar más arriba. Quizá la clave, sea darle un giro de tuerca, una transposición verbal para terminar diciendo que la libertad es más parecida a querer hacer lo que se hace que a hacer lo que uno quiera hacer. Pero esto, como todo, es una cuestión que dejo para vuestra reflexión.