José Antonio Melgares Guerrero/Cronista oficial de Caravaca y de la región de Murcia

Entre las localidades de Navares y Singla, en lugar de singular encanto natural, emerge entre la fronda de una amplia pinada el vetusto y barroco edificio dedicado a la Concepción Inmaculada de la Virgen María.

interior de la ermita de Singla

interior de la ermita de Singla

El inmueble, desde la carretera de acceso a Singla, invita a su visita por el marcado contraste cromático que ofrece al ocasional espectador. Se trata de un conjunto arquitectónico religioso, de carácter rural, con vivienda anexa al templo, donde vivieron los capellanes, siendo el último de ellos, a quien conocimos los de mi generación, el popular D. José María, ermitaño andariego, hasta bien pasado el ecuador del pasado S. XX quien, desde su residencia, dirigía largas cartas a los padres conciliares, reunidos en Roma durante las sesiones del Concilio Ecuménico Vaticano II, misivas que nunca tuvieron respuesta.

El edificio, de estilo barroco popular y bien orientado (de Oeste a Este), se abre al amplio valle del río Quipar desde el S. XVIII en que fechamos su erección. Su planta es de cruz latina, exhibiendo al exterior vistosos contrafuertes curvos. Sobre el crucero airosa cúpula que proporciona luz natural al interior, aumentándose ésta con los vanos rectangulares abiertos a lo largo de la nave. En el presbiterio retablo barroco del S. XVII, procedente con seguridad de un convento murciano desamortizado en 1835. La imagen de la titular, la Purísima Concepción es un bello ejemplar de escultura dieciochesca, dotado de todas las características propias de la escultura barroca: movimiento, policromía, bella encarnación en rostro, manos y pies; ojos de cristal, adornos corporales y una tez morena y simpática que denota la belleza del modelo, sin duda alguna mujer de la tierra. Desconocemos su autor, aunque no es aventurado atribuirla a un  discípulo de Salzillo, posiblemente José López. Quemada accidentalmente en los años setenta del pasado siglo, fue restaurada en el Centro de Restauración de Obras de Arte de la CARM, dándole el aspecto que hoy tiene.

El santuario se edificó entre las aldeas de Navares y Singla para atender las necesidades espirituales de ambas poblaciones, equidistantes poco más o menos del templo, aunque a él se llegue por caminos diferentes.

Ante la facha, como ates dije, se abre el amplio valle del río Quipar, cuyas fuentes, en las Cañadas de Tarragona, distan pocos kilómetros de este lugar. Muy cerca el yacimiento arqueológico de la “Tala de la iglesia”, y poco más lejos “La Torrecica” (diminuto puesto vigía sobre el Quipar, edificado en época almohade y que forma parte de un conjunto de pequeños jalones defensivos a lo largo del valle del río, a los que hay que sumar, en el Estrecho de la Encarnación la “Cueva de la Reina Mora”). La “Torrecica” no es más que una evocación de lo que fue. Sobre un diminuto altozano, que le sirve de plinto, cuatro muros de tapial semiderruídos, con sus significativas hileras de “luths”, tan propias de este tipo de edificaciones musulmanas de encofrado. Desde aquí se avistarían los posibles peligros de incursión, que luego de la Reconquista de la zona, serían de distinto signo. Sin duda alguna que los pobladores templarios la recuperaron y utilizaron a partir de 1244, comenzando su abandono y lenta demolición natural, tras la conquista de Granada y comienzos de la Paz Hispana en 1492, cuando el peligro musulmán que amenazaba al Reino de Murcia por la Comarca Noroccidental del mismo desaparece.

De Singla dice Pascual Madoz en su “Diccionario” de 1894 que es “lugar de clima frío, siendo las enfermedades más comunes la pulmonía y los dolores de costado. Tiene más de 200 casas de mediana construcción; una iglesia pequeña, una fuente de buenas aguas, de las que se surten los vecinos; y un cementerio que en nada perjudica a la salud pública. El correo se recibe dos veces a la semana. Los caminos comunican con los pueblos inmediatos, siendo el principal de ellos el de Caravaca que va a Granada”.