CARLOS MARTÍNEZ SOLER

Desde que surgiera hace ya unos años Daredevil, Netflix está empeñada en sacar la serie de superhéroes definitiva, varios han sido los intentos, algunos buenos, como Jessica Jones y otros simplemente prescindibles: Luke Cage, Iron Fist y The Defenders. Sin embargo, ellos no han cesado en su empeño y siguen en la búsqueda del Santo Grial, lo cual ha traído de nuevo a las pantallas un producto comiquero, en este caso The Punisher, el personaje que le robó protagonismo a Daredevil en su segunda temporada y al que ahora le dan la oportunidad de emanciparse y hacerse mayor.


No he visto toda la temporada completa, voy por la mitad, pero por ahora la cosa funciona, me gusta lo que veo, no es que me entusiasme, que sea para tirar cohetes, pero sí que me causa interés, me llama la atención, lo cual se deba en gran medida a su personaje principal, Frank Castle, un padre de familia al que le arrebataron a su mujer e hijos y que decide dar caza a cualquiera que estuviese implicado en el funesto altercado, él es juez y verdugo, aquí no hay redención posible, ni segundas oportunidades, si Castle aparece en tu camino estás vendidos, solo te queda correr e intentar escapar, porque como él te encuentre, simple y llanamente date por acabado.
The Punisher es un tipo rudo, parco en palabras, con aspecto de boxeador retirado, y al que la guerra ha curtido en mil batallas, siendo su principal talento su capacidad de destrucción, su instinto asesino, su violencia implacable, pero para ello no se vale de ningún superpoder, él es como tú y como yo, un tipo normal, aunque su motivación es tan grande que nada parece detenerle.
Hasta ahora los acercamientos al universo de Frank Castle en el cine habían sido simplemente vergonzantes, pero Netflix parece haber dado con la tecla, configurando un discurso más adulto, maduro, en el que se nos intenta explicar el universo que rodea a Castle y qué es lo que le ha llevado hasta aquí, siendo precisamente está humanización del personaje lo más atractivo de la serie, aunque eso sí, sin renunciar a la acción y a la violencia extrema, pues no olvidemos que él es El Castigador, el que juzga nuestros pecados y eso no hay nadie que lo controle.