Nuria Faus/Sexóloga, Asesora de Salud Sexual y Ocio Adulto.

Entendemos por sexting “cualquier conducta de envió o recepción de material pornográfico o erótico, incluyéndose los mensajes de texto, fotos y otro material multimedia”.

La adolescencia es un periodo del desarrollo donde la aceptación del grupo de referencia, amigos y compañeros de clase, es muy importante. En la época en la que nos ha tocado vivir, esa aceptación está mediatizada por completo a través de lo que llamamos la cibersocialización, esto es, la popularidad en las redes sociales e Internet.

En la mayoría de las ocasiones estas conductas están dirigidas a las primeras parejas, o a personas que les gustan, con la finalidad de flirtear a través de este medio. Además, en la adolescencia suele ser característica la falta de percepción de riesgo y ese punto transgresor que desencadena en los desafíos propios de esas edades.

Debido a su corta experiencia vital en las relaciones sociales, confían en que ese contenido no va a pasar de su destinatario. No son capaces de proyectar las variadas formas y consecuencias que pueden acarrear que cierto tipo de imágenes sean de dominio público.

Para tener un poco más claro que es en realidad el sexting hay que tener en cuenta cuatro premisas:

1. Voluntariedad inicial. Se trata de contenidos que se generan si necesidad de coacción ni sugestión. Normalmente se utilizan como regalo para la pareja o como herramienta de flirteo.

2. Dispositivos tecnológicos. Teléfonos móviles, tablets, Webcams, etc. Éstos facilitan el envío a otras personas que hacen incontrolable su uso y redifusión.

3. Lo sexual frente a lo atrevido. El protagonista posa en situación erótica o sexual, con contenido explicito. Las fotografías sugerentes o atrevidas no entrarían dentro de lo que llamamos sexting aunque, en ocasiones, la línea que lo separa puede estar difusa.

4. La importancia de la edad. Es cierto que los jóvenes y adultos también hacen uso del sexting pero en el caso de los menores de edad exige un tratamiento especial desde el punto de vista jurídico.

Este fenómeno nació con los mensajes de texto o sms en 2005, ahora ha retomado gran protagonismo por aplicaciones como el Whatsapp o Live, donde muchos adolescentes tienen acceso directo a sus amigos, ya no solo a través de mensajes de texto, sino también de contenido multimedia. Según un estudio publicado en 2010, en España 8 de cada 10 adolescentes de 15 a 16 años tiene su propio teléfono móvil. El 48% envía fotografías y el 21% publica en Internet. Un 4% reconoce haberse realizado fotos provocativas y los que declaran haber recibido estos contenidos asciende al doble.

El riesgo que corren nuestros adolescentes con el llamado sexting no es tan solo las consecuencias legales, sino que dichas imágenes pueden servir como herramienta perfecta para el chantaje y la extorsión de sus compañeros de clase llevando a casos graves de bullying, gooming o ciberbulling.

Fuera del ámbito escolar estos adolescentes pueden convertirse en víctimas del abuso sexual por parte de adultos que aprovechan estas imágenes para sobornarlos y ponerlos frente a situaciones comprometidas. Por todo ello es necesario ejercer un control y proporcionar una información a estos jóvenes, haciendo hincapié en el valor de la privacidad y de los riesgos reales que pueden acarrear este tipo de situaciones.

El mensaje principal es recordarles que piensen antes de publicar, ya que cuando envías una información pierdes absolutamente el control sobre ella y de los destinatarios para los que puede estar disponible.

Advertirles que, lo que puede parecer un juego inocente entre personas de su edad, puede convertirse en un infierno tan solo con un clic.

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