Pedro Antonio Hurtado García

Existen informes que califican a España, tras Noruega, como el segundo país más seguro del mundo para caminar en solitario por la noche. Que no se lo digan a sufridores de atropellos, secuestros, efectos de drogadicción, acciones contra su voluntad e, incluso, la muerte.

Culpamos a los servidores Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Inadmisible que así sea, porque el número de efectivos resulta insuficiente, máxime en momentos en los que estos colectivos atienden tráfico, control pandémico, delincuencia, robos u otros excesos no permitidos.

Considerémosles víctimas del sistema al no disponer de efectivos para todas las necesidades existentes, especialmente cuando, después de jugarse la vida para capturar a un delincuente, lo ven liberado, inmediatamente, porque la injusta justicia así lo determina.

Impresentable que se anuncie la detención de un individuo que ha cometido 40 actos delictivos. Si estaba libre, ¿qué penas se le han impuesto por los 39 delitos anteriores?. Resulta demoledor, por mucho que queramos llamarnos país seguro, porque, suponiendo que lo fuéramos, no debemos quedarnos en la estadística, sino intentar ser, todavía, mucho más seguros.

“El que la haga, que la pague”. Porque, en un territorio como nuestra Murcia, por ejemplo, con 45 municipios, no se puede controlar el confinamiento perimetral de todas las localidades sin contar con el adecuado número de integrantes de los citados colectivos de seguridad. Lamentablemente, estamos acostumbrados a que se nos vigile, mientras usamos una desmedida picaresca. Dictaminar sin vigilancia, arroja resultados insospechados. Apliquemos normas, sí, pero controlemos su cumplimiento y, desde luego, no hagamos descansar culpabilidades en unos colectivos afanados en cumplir, pese a no resultar suficientemente respetados por unos superiores que deberían predicar con el más vivo ejemplo. Buenos días.