JOSÉ MARÍA EGEA SÁNCHEZ/Doctor en Agroecología/zagaleco@gmail.com
La “seguridad alimentaria” es un concepto que surge en los años 70 en el seno de la FAO y que tiene que ver, según su definición, con la «capacidad en todo momento de aprovisionar a todo el mundo con productos básicos, de modo que se puede sostener un crecimiento del consumo alimentario, soportando las fluctuaciones y los precios». Aunque en un primer momento estaba claramente dirigida a los países que sufren hambrunas y malnutrición entre su población, existen numerosos escenarios, presentes o futuribles, en los que este concepto podría tomar especial relevancia en nuestra realidad social cercana.
Ya los cubanos nos enseñaron como, cuando dejamos en manos de terceros nuestra “seguridad alimentaria”, un cambio súbito e impredecible puede colapsar toda nuestra maquinaria social y productiva, de esta forma, cuando el bloque soviético cayó en los albores de la década de los 90, en la isla caribeña dejó de entrar combustible y materias primas que, junto con el bloqueo de Estados Unidos, supuso que el país se paralizase de la noche a la mañana. Imaginaos que un día os levantáis y os encontráis el precio del gasóleo a cincuenta euros el litro, pues algo parecido vivieron en Cuba, una paralización literal del país, sin insumos para producir alimentos de forma convencional, tuvieron que buscar, no sin pasar un periodo realmente crítico, alternativas como fueron recuperar cultivares autóctonos adaptados y dirigir su producción a una agricultura orgánica (una agricultura ecológica “obligada”, ya que carecían de los fertilizantes químicos y los pesticidas que hasta ese momento les mandaban los soviéticos). Las variedades locales y la agricultura campesina tradicional y orgánica salvaron a los cubanos de un auténtico drama humanitario. Hasta tal punto fue así, que uno de los artífices de este proceso, Humberto Ríos Labrada, fue a la postre reconocido internacionalmente con el premio “Goldman” equivalente al nobel en cuestiones de medio ambiente.


Más actual y cercano, tenemos otro caso singular de “seguridad alimentaria”, otro país como es Inglaterra, que concede a terceros el papel de proveedor de alimentos básicos se ve súbitamente sorprendido por unas condiciones climáticas inusuales en la zona productora lo que hace que el precio se dispare, surjan problemas de abastecimiento e incluso se limite el acceso a los productos al más puro estilo “cartilla de racionamiento”.
Sin duda, Inglaterra no es Cuba, y tiene una estructura económica y social capaz de amortiguar estos inconvenientes casi sin despeinarse. Pero seamos cautos.
Ante esta situación, la facción sensacionalista y xenófoba inglesa, la del Brexit, la de “The Sun”, se ha apresurado a lanzar titulares como: “En España los supermercados acumulan frutas y verduras pese al desabastecimiento en Inglaterra”, del pasado 4 de febrero, curiosa ironía, “karma” dirían algunos, cuando los que animaban al “aislamiento del país” del resto de incultos bárbaros europeos, ahora se rasguen las vestiduras porque las verduras murcianas no lleguen en convoy humanitario hasta sus islas.
Si conseguimos sacar una lección de esto, observaremos que la base de la “seguridad alimentaria” de la ciudad de Murcia, ha sido el cinturón de fértil huerta que la rodea y que le otorga independencia y soberanía y que tan maltratada ha sido en las últimas décadas. Al igual que los heterogéneos agropaisajes de gran valor que existen en toda nuestra región, especialmente en nuestra comarca del noroeste. Conservarlos es sinónimo de independencia.
[