INDALECIO POZO MARTÍNEZ

Para conmemorar el próximo Año Jubilar 2017 de Caravaca de la Cruz y contribuir de alguna manera a su mayor esplendor y repercusión, la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, el Excmo. Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz, la Fundación Cajamurcia y el Obispado de Cartagena están organizando una Exposición titulada Salzillo y Caravaca. El escultor del mayor crédito de estos Reynos a celebrar en la antigua iglesia de la Compañía de Jesús de esta ciudad, entre los meses de febrero y mayo. Los comisarios designados para la muestra son don Cristóbal Belda Navarro y don Indalecio Pozo Martínez, autores del libro Francisco Salzillo y la Escuela de Escultura de Caravaca editado en el pasado mes de abril, investigación histórica y germen y de este ambicioso proyecto de Exposición.


Caravaca fue un destacado núcleo dinamizador de la escultura del siglo XVIII extendido sobre un vasto territorio que comprendía, además de la jurisdicción de la propia vicaría santiaguista (desde Pliego hasta Moratalla), las tierras altas de la Andalucía oriental, zonas meridionales de las sierras albaceteñas y el área occidental del reino de Murcia hasta la villa de Águilas. La ciudad de Lorca fue un centro receptor de la escultura salida de Caravaca, especialmente cuando los gremios comenzaron a reivindicar el trabajo manual como forma de colaboración en el desarrollo económico, impulsados por las políticas ilustradas de Carlos III.
El proceso se inició tímidamente en los albores del siglo XVIII con la llegada del joven Ginés López Pérez al taller de Nicolás Salzillo. Sin embargo, no será hasta que su hijo José López Pérez concluya su periodo de aprendizaje y oficialía con Francisco Salzillo cuando esta nueva Escuela de Escultura Caravaqueña, derivada del gran maestro, comience verdaderamente a hacerse un hueco destacado en la Historia del Arte del antiguo reino de Murcia. El regreso de José López a su villa natal en 1765 y su feliz encuentro con el vicario don Pedro Becerra señalan el camino transitado por esta Escuela desde el Barroco al Clasicismo que no terminará sus pasos hasta la desaparición de Francisco Fernández Caro (1841) y de su hijo, el también escultor y pintor don Casiano Fernández Caro, fallecido a causa de la terrible epidemia de cólera de 1855.
La Exposición pretende reivindicar una vez más la figura de Francisco Salzillo como uno de los grandes artistas del siglo XVIII pero, en este caso, incidiendo especialmente en su papel protagonista a la hora de formar e influir en los nuevos escultores de esta tierra del Noroeste que aprovecharon ventajosamente los saberes y los modelos creados y desarrollados por el gran maestro murciano. Aunque hoy sabemos que Fernández Caro no fue discípulo de Francisco Salzillo y que su formación esencial procede del Academicismo de San Fernando, sus primeros pasos en el Arte los recorrió seguramente con José López quien sí fue principal seguidor del maestro junto a Roque López.
La muestra está divida en cuatro Secciones tituladas: Estudiar principios y dibujar modelos, Con el anhelo de oírle y aprovecharse de sus luces, Con algunos principios en el dibujo y también en la escultura y La felicidad común del Estado, enunciados alusivos a la formación y los recursos de los artistas y la importante tarea que debían desempeñar los diversos oficios y asociaciones gremiales en el progreso y el fortalecimiento de la Monarquía Ilustrada.
Además de los recursos gráficos y los textos necesarios para comprender cada una de las Secciones, la Exposición contará con unas cincuenta obras aproximadamente, entre imágenes en madera, documentos manuscritos, impresos, ornamentos, vajilla sagrada y pinturas, que proceden de diferentes templos e instituciones de la Región de Murcia y del Museo Diocesano de Orihuela. Entre las importantes tallas escultóricas solicitadas cabe destacar especialmente el famoso grupo de La Caída, relacionado con el gremio de los carpinteros, de 1752, San José y el Niño, San Roque, San Eloy, San Isidro y la Virgen de las Angustias de Yecla, de Francisco Salzillo, o las tallas de San Judas Tadeo y San José y el Niño de Nicolás Salzillo, ambos como precursores en la formación de los artistas de la Escuela de Caravaca. Y en cuanto a los propios artífices de Caravaca, se ha procurado reunir una buena parte de la obra conservada y que resulta significativa. Así por ejemplo, de Ginés López Pérez (1687-1751): el San Francisco, San José y el Niño de la Virgen del Rosario de Santa María de Magdalena de Cehegín. De su hijo José López Pérez (1735/1737-1781): el San Antonio de Padua, Nuestra Señora de las Angustias y El Prendimiento de Jesús, todas en el Salvador de Caravaca, o las Inmaculadas de los conventos de Santa Clara de Lorca y Caravaca. De su discípulo Marcos Laborda García la Dolorosa del antiguo Hospicio de Santa Florentina de Murcia, el Niño Pastor del MUBAM o la Virgen de las Angustias de Cehegín. Y de Francisco Fernández Caro la excepcional imagen de la Purísima de la iglesia y hospital de La Concepción.
Junto a las esculturas se mostrarán una serie de documentos manuscritos originales relativos al perfil biográfico de los artistas y la formación recibida, algunos de sus encargos profesionales y la importancia cada vez mayor que fueron adquiriendo los grupos gremiales como nuevos clientes para los imagineros. También algunos retratos al óleo de figuras capitales en el periodo tratado como el propio monarca Carlos III o el conde de Floridablanca, o indumentos de carácter sacro de los siglos XVIII y XIX exponentes de las labores de los torcedores y bordadores de seda y oro.