Pedro Antonio Hurtado García

Criticamos, denunciamos o ridiculizamos, velozmente, acciones erróneas de la sanidad pública. Situaciones como consecuencia, mínima, de miles de actuaciones que asume el sector médico.

Sin embargo, pocos, o casi nadie, nos ocupamos de realzar y valorar, en su justa dimensión, los múltiples aciertos de esos profesionales: exitosos trasplantes, recuperación de vidas que se daban por perdidas tras un grave accidente de tráfico o de cualquier naturaleza, situaciones aparentemente irreversibles, etc., etc.

Queremos alzar la voz en favor de todos esos médicos, personal de enfermería, celadores, cirujanos, psicólogos y demás profesionales que hacen de una enfermedad algo menos fastidioso e, incluso, gracias a su simpatía, saber estar y psicología de trato, consiguen hacer agradables los periodos de estancia, en un hospital, de cualquier enfermo que llegó sin saber lo que le aquejaba y se marcha recuperado, totalmente curado, contento y agradecido de haber alcanzado la situación que soñaba cuando entró en el centro sanitario.

No obstante, tampoco sale animado a reconocer, públicamente, el trato recibido, porque, como a egoístas no hay quien nos gane al género humano, entendemos que, esa, es la obligación, única y exclusiva, del profesional, sin pensar que el error, sin desearlo nunca, también puede producirse, como en la panadería, taller mecánico, colegio u otra actividad.

Los centros sanitarios funcionan, no por la administración y sus recortes económicos, afán de direcciones para cargos políticos y omiso caso a quejas por colas, escaseces, aplazamientos y demás dificultades amortiguadas por profesionales a los que se les hacen “las tantas” para comer, atienden consultas interminables, disponiendo de un tiempo inmoralmente impresentable para escuchar a sufridos pacientes que perciben a los profesionales como auténticos artífices de que todo salga adelante. Buenos días.