GLORIA LÓPEZ

Fotografía © Patricia A. Llaneza

Para el jurado del Premio Nacional de las Letras es el ejemplo de trayectoria excepcional a lo largo de 40 años de trabajo y la ha definido como “un universo personal cuya temática refleja sus compromisos vitales y existenciales que ha sido calificado como la ética de la esperanza”.

Para el Noroeste va a ser la mujer del año. Porque es la quinta escritora de entre 34 ediciones que tiene este premio y porque entre tantas influencers y jelipoller de última moda, ella sola, a base de trabajo y constancia, se ha marcado en España ser una de las máximas representantes del Nuevo Periodismo.

Para mi, que amontono sus libros junto a mi almohada para tenerlos siempre cerca de mis sueños, es una de las mujeres de mi vida. Con ella descubrí que los desamores dejan mejores historias que los amores, que las mujeres tienen más de una historia y más tarde, casi me sentí viuda ante la ridícula idea de no volver a leerte. No hay semana que no me lea su columna ni noche que no sueñe ser como ella. Porque en cada palabra me araña el corazón, en cada frase me acaricia el alma y en cada libro me deja su poso de sabiduría.

Rosa Montero nació 3 de Enero de 1951 en el madrileño barrio de Cuatro Caminos, el mismo año que Camilo José Cela publica su novela “la Colmena”. De su padre, banderillero, debió de heredar la fortaleza para enfrentarse a la muerte desde muy pequeña. Enferma de tuberculosis y anemia, cuatro años se tiró en la cama escribiendo cuentos de ratitas que hablaban, una premonición de su lucha por dar voz a las mujeres en este mundo de ratones.

Y como no siempre en la primera salida encontramos nuestro camino, con diecisiete años se matriculó en Filosofía. De allí fue a la escuela de periodismo en 1969 y no tardó mucho en colaborar con numerosas publicaciones, Pueblo, Arriba, Garbo, Jacaranda, El indiscreto o Fotogramas. En 1977 inició su colaboración con El País, donde fue nombrada directora de su suplemento en 1980. Un trabajo periodístico que le ha dado muchas alegrías y más premios. Pero es su lado de escritora el que más me gusta. Yo topé con ella y su “Te trataré como una reina” mucho después de su publicación en 1983.

Para entonces ya había conocido a Pablo Lizcano, del que dicen que era “un hombre bueno sin esfuerzo” y mucho más inteligente. Una vida juntos, como le escribía Rosa Montero en su columna, “mirar a un amigo, mirar a tu amante y ver en sus ojos el pasado común. Todos los libros leídos, las músicas gozadas, los besos recibidos. La alegría de vivir. Y la fugaz y espléndida belleza”. Tan fugaz como un chispazo, el de la última mirada de Pablo a Rosa el 3 de mayo del 2009, dejándonos a todas las que leímos su libro llorando, no la partida a un viaje sin retorno de él, sino ante la ridícula idea de que no ibas a poder volver a verlo, ni compartir esos momentos que tan bien supiste reflejar. Un dolor tan hondo que lo sentí como mío en cada una de las páginas.

Tan sola en tu soledad. Pero con tus palabras.

Querida Rosa, que razón tienes cuando afirmas que «La literatura es un arma poderosa contra el mal y el dolor», para el que escribe, que suelta lo que le pesa en el corazón, y para el que lee, que le ayuda a sobrellevar los suyos.

Y entre tanta cosa que nos arrastra hacia la tristeza, siempre emerge en tu escritura la esperanza, esa “ética de la esperanza” que tambien te define. El volver a empezar cada mañana, el sonreír aunque nos duela y ver la vida como lo que es… algo instantáneo y momentáneo que hay que saber aprovechar, porque nunca sabes lo que te puede durar.

A los que sonrien, aunque esten llorando. A los que buscan su camino, aunque no lo encuentren.

A los que luchan, aunque pierdan. A todos. Feliz 2018.