JOSÉ MARÍA ORTEGA

«El alcalde de Cehegín, José Soria, acompañado por los concejales Nicolás del Toro y Antonio Marín, ha visitado el convento del Corazón de Jesús y San José de Carmelitas Descalzas de La Aldehuela, en el Cerro de los Ángeles, en la diócesis de Getafe, fundado por Santa Maravilla de Jesús en 1926.
El objeto de esta visita haSanta Maravilla sido, como ha explicado el alcalde, «el de tener una primera toma de contacto con la comunidad religiosa que habita el convento donde reposan los restos de la santa para comenzar el proceso de realización de una imagen suya que reciba culto en alguna de las iglesias de nuestra localidad, dando respuesta así a la petición de muchos vecinos y devotos de la monja carmelita canonizada por Juan Pablo II en el año 2003».

Lo primero que me llamó la atención al leer en prensa el párrafo anterior es que fuera un Alcalde quien se ocupara de «dar respuesta a la petición de muchos devotos», Asumir el protagonismo de una cuestión tan internamente religiosa refleja, cuanto menos, una severa confusión entre las funciones propias de un Alcalde, y otras de carácter confesional.

En ninguna disposición legal vigente en España puede leerse que los poderes públicos tengan como función promover el culto a los santos y contribuir a la creación de imágenes religiosas.

Sin embargo, la ya fatigada Constitución Española si dice en su artículo 16.3: Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

Una relación de cooperación no es asumir los gastos que ocasiona un proyecto propio de una comunidad religiosa, ni ocupar el papel dirigente de unas tareas ajenas a las funciones municipales, máxime cuando entre los trabajos propios de alcaldes y concejales, queda siempre tanto por hacer.

No debe ser prioridad, por tanto, para los representantes de las instituciones dedicarse al hecho religioso. Cosa muy distinta es lo que cualquier ciudadano, incluido un Alcalde, haga en su vida privada con su fe, sin que yo sea nadie para juzgar nada al respecto.

Sin embargo, el asunto de la Santa Maravillas de Cehegín se anuncia ya como un caso de mezcolanza intencionada entre lo civil y lo religioso, así como de uso propagandístico de la fe. Aquí se va a mezclar todo, lo político, lo religioso y los presupuestos municipales, de los cuales ya gotean los primeros gastos para viajes y manutención. ¿Pagará también el contribuyente ceheginero la imagen de la santa?.

Pero ¿Es esta confusión un accidente? No. Este tipo de proyectos, con cargo siempre al contribuyente, tienen un objetivo que raramente se confiesa: quedar bien con la iglesia, identificar a las siglas de un partido de gobierno con una comunidad cristiana que, por otra parte, es transversal en lo ideológico.

No sé ustedes, pero yo cada vez que veo que un representante administrativo asume personalmente la tarea de contentar a unos devotos, primero pienso en un cangrejo andando para atrás, luego me echo la mano al bolsillo.

A lo mejor, en el imposible caso de que un santo pudiera opinar sobre lo que ciertos políticos son capaces de montar con tal de honrarlos, más de uno pediría la baja de dicha condición; pues la humildad, esfuerzo, entrega, pobreza y desprendimiento que se les supone a muchos santos de la iglesia católica, también a la madre Maravillas, nada tienen que ver con lo que hacen aquellos que se dan codazos por llevar el estandarte de la fe pensando en las elecciones.

Terminando este artículo leo una nota patética nota de prensa en la que el PP pide la dimisión de la alcaldesa socialista de Torrelavega por no haber asistido a una misa. ¿Alguien tiene alguna duda de que el PP, y no sólo el PP, ha decido instrumentalizar políticamente, a Dios y a la Virgen?. Eso, en mi tierra, se llama meapilismo y la propia iglesia, si quiere ser la iglesia de muchos, no sólo la iglesia del PP, debería prevenirse ante él, ocuparse de sus devotos sin dejar que cualquier político asumiera el papel de timonel de la fe.

Y a todo esto, la aconfesionalidad del estado no ha empezado todavía.