María Luján Ortega/Tomás García Martínez

En la pedanía murciana de La Copa de Bullas, el ciclo de Navidad se vive con gran entusiasmo e intensidad al igual que en otros puntos de la geografía regional. El paso del tiempo ha provocado que infinidad de pueblos, pedanías y aldeas de la Región de Murcia pierdan sus rituales propios del tiempo de Pascua, sin duda alguna, uno de los periodos más alegres y activos para algunas hermandades y cofradías con advocación al Carmen, al Rosario, a las Ánimas Benditas, a la Purísima Concepción o a San Antón, etc.

Si revisamos la legislación estatal, concretamente la Ley 10/2015 de 26 de mayo, para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado Español, su artículo 1, nos indica que tiene consideración de Bienes del Patrimonio Cultural Inmaterial: “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos, reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural”. Es aquí, donde empezamos a localizar elementos patrimoniales de carácter inmaterial presentes en nuestros días en esta comarca natural del Noroeste de Murcia.

Asimismo, cabría destacar el canto y pedida de ánimas por las calles del pueblo durante los días de Navidad. Los animeros han ido transmitiendo sus canciones de “voz a voz” de “toque a toque” durante décadas. Un ritual que representa sin duda alguna el epicentro de la Pascua en el que ante las puertas de las viviendas “se canta una canción que a veces va relacionada con el detalle del acontecimiento, y que por lo general se reza en donde ha habido algún fallecido ese año”. Tras una jornada de “canto de las ánimas” por las calles del pueblo, el día acaba con el canto de La Confesión. En este ciclo navideño de gran importancia para los animeros, la comensalía esta representada con la elaboración y degustación de los dulces propios de la Navidad, así la Dieta Mediterránea es otro factor catalogado como elemento patrimonial de gran importancia, el cual tenemos presente en la localidad de La Copa a través del recetario de guisos, dulces tradicionales de Navidad y licores.

Tras “la carrera de aguilandos” en los días claves de Navidad, llega el nuevo año con los actos programados para festejar a San Antón. Dentro de esta importante fiesta localizamos elementos simbólicos de gran importancia como la hoguera del sábado en la noche, ritual que siglo a siglo se hacia en las distintas calles del pueblo, uniéndose actualmente en una. Siendo tan espectacular como flamante, la inmensa montaña de leña parece abrirse camino al cielo con su flama para hacerse paso entre lo terrestre y lo divino, reduciéndose con el tiempo a las esperadas brasas para dar paso a la degustación de carne de cerdo asada en sus brasas, siendo esta acompañada de excelente pan y delicioso vino de la tierra. Ceremonia que recuerda al “chinico” de San Antón, quien en épocas pasadas, recorría las calles del pueblo, alimentándose de los productos dados por los vecinos y posteriormente subastado el día de la fiesta.

Al día siguiente acontece otro importante ritual, la subasta de San Antón, con productos la mayoría de ellos caseros, de exquisito paladar. Productos hechos y donados con cariño y con amor. Al degustarlos reconocemos que tienen un sabor, especial e irrepetible hasta el año siguiente. Subasta universal y única, que cualquiera puede llegar a adquirir, si su puja es la última y a la voz de “a la de tres” que da el producto adjudicado. Por la tarde el baile tradicional hace acto de presencia a través del baile de ánimas, donde se encuentra el folklore tradicional, con la interpretación de jotas, malagueñas y alguna que otra pieza de baile “agarrao”. La música junto a la figura del “inocente” hacen un espectáculo singular. A él es a quien los asistentes le ofrecen dinero para que un vecino o un familiar baile, o toque la cuadrilla. A la voz de “ánimas” realizada por el “inocente” el sonido de los instrumentos enmudece hasta la nueva orden. Por último, al caer la tarde y para consumar estos elementos del patrimonio cultural inmaterial tiene lugar la celebración de la procesión con la imagen de San Antonio Abad por las calles del casco antiguo del pueblo y su parada obligatoria al final de la calle Carril donde la explanada de “La Cañá” acoge los animales requeridos en el encuentro para su bendición y protección del Santo. Un castillo de fuegos artificiales homenajea a San Antón cuando la procesión comienza a su etapa final y de esta forma llega a la calle Mayor dirección a la Iglesia.

Puja San Anton, 2011 (fotografía Tomás García)

HACIENDO HISTORIA

El 19 de enero del año 1927 el diario La Verdad[1] de Murcia mostraba una interesante noticia relacionada con los cultos religiosos y festivos celebrados en la localidad de Bullas y en la de La Copa. Para la noche del 16 de enero al toque de Ánimas se dispararon cohetes “costeados por el ferviente entusiasta del Santo, don Esteban Egea Suárez”, vemos pues la presencia del toque de campanas, como un importante elemento del patrimonio sonoro de la Región de Murcia el cual ha marcado durante siglos la vida de los habitantes de pueblos y aldeas a través de sus toques de difuntos, para las tandas de riego, para la fiesta del santo patrón o para las catástrofes. De igual forma observamos la presencia de la pólvora como elemento identificador y característico de nuestras fiestas populares. Para el 17 de enero de ese mismo año, festividad de San Antonio Abad, tenía lugar la celebración de una novena religiosa en honor al Santo en la iglesia parroquial Nuestra Señora del Rosario.

Relacionado con esa misma noticia de prensa, el corresponsal de Bullas mandó una información relacionada con la localidad de La Copa en la que se celebrara función religiosa al Santo organizada por los mayordomos de aquel núcleo de población rural. José Sánchez, cura párroco, fue el encargado de oficiar la misa el día de San Antón, por la tarde los vecinos de La Copa disfrutaron por sus calles de la procesión, “no faltando la tradicional subasta de embutidos y espinazos” realizada a la salida de la misa, un ritual de gran valor histórico, ya que las rifas y las pujas se han venido celebrando en los rituales festivos desde hace siglos hasta nuestros días, y en el que la población de La Copa de Bullas ha conservado y defendido este legado transmitido generación tras generación. Embutidos y espinazos sacados por aquel entonces de los donativos que hacían al Santo, para ser pujados y de esta forma obtener una ayuda económica para realizar la fiesta.

En el año 1970 viajó a la localidad de La Copa el redactor del Diario Línea[2] Luís Peñafiel con la intención de cubrir la tradicional celebración de San Antón. A su llegada el chofer paró el vehículo frente a la iglesia, el periodista se bajó en las inmediaciones de una fuente con tres caños de agua y pregunto a unos niños por el alcalde Mateo Fernández Espín. A su llegada el redactor del Diario Línea pudo contemplar que La Copa estaba en plenas fiestas, un lugar eminentemente agrícola dedicado a la vid, almendro, albaricoque y al cultivo del azafrán, el cual volvía a tener auge entre su vecindario. A las siete de la mañana el joven Alfonso Fernández Béjar tocada “a diana” con la campana de la iglesia despertando a los vecinos junto al estruendo de la pólvora tirada por Cristóbal Gea Valera. Tras la celebración de la Misa, la plaza se atestó de vecinos, “en un amplio corro comenzó la puja de ofrendas a San Antón”, ritual en el que participaron casi todos los coperos. Una infinidad de animales eran pujados a viva voz “conejos, orejas de cerdo, tocino, jamón, longaniza, morcón o morcillas” eran colocadas en una pared junto a frutas o verduras. Los organizadores del evento, la cofradía de San Antón, era la encargada junto a su mayordomo Isidro Espín Escámez de llevar la puja por buen camino “y entonces empezaron a subastar Antonio García Valera y Antonio Ruíz Carrasco como todos los años” con la idea de obtener beneficios y ayudar a la cofradía del Santo. Ese día, inolvidable sin duda alguna para el periodista, acabo con el baile de ánimas, tuvo la oportunidad de conocer al “inocente” del mismo, singular personaje ataviado con pantalón amarillo, amplio y chaqueta roja, rematado por un “sombrero que es de paja, forrado con rasos azules y rosa, cintas largas de seda que le cuelgan por detrás y sobre el sombrero, formando unas flores en varios colores”. Elementos decorativos de una belleza y simbolismo extremo, destacando como original el detalle de los espejos. Un elemento simbólico el sombrero del “inocente” el cual atraía las miradas de todos. Gracias a la crónica de Luís Peñafiel podemos conocer que el “inocente[3]” de las fiestas de La Copa por aquel entonces fue Antonio García Valera “el Salao” de 58 años de edad el cual pujó por la mañana en la plaza embutidos y verduras para la Cofradía y en la tarde ataviado con su singular indumentaria de “inocente” y acompañado de “un bastón que tiene sus 70 años” presidía el conocido como baile de ánimas. En aquella tarde de San Antón, la música estaba formada por cuatro guitarras (José María Fernández Gil, Juan Rosa Fernández, Antonio Ruíz González, Joaquín Sánchez Espín), un pandero (José Fernández Sánchez) y unos platillos (Sebastián Ruiz Gea). El baile, formado por jotas, malagueñas, manchegas, pardicas y boleras era disfrutado “previo pago” al “inocente” por mozas y mozos, viejos y viejas. Tras unas horas de continuas pujas por colocarle “el sombrero a la moza” y un sinfín de jotas y malagueñas, el cohete anunciaba la salida de la procesión, de repente el baile fue suspendido. Abriendo carrera el estandarte de la Cofradía de Nuestra Señora de la Consolación datado de 1927, tras el mismo, una fila de mujeres y hombres con velas alumbrado por las calles de La Copa al Santo adornado con flores.

[1] La Verdad. 17 de enero de 1927, p. 3.

[2] Línea. 20 de enero de 1970, p. 6.

[3] Recordamos a Ginés Espín “l Cabras” o José González “el Piruli” inocentes en las últimas décadas.