PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Aunque sea “grande” por naturaleza, por historia, por trayectoria, por aportación artística y por otros muchos valores, resulta más complicado serlo y hasta aparentarlo cuando se ha caminado por la vida junto a otras estrellas rutilantes, cuyo brillo oscurece y hasta apaga el del “damnificado”. Es el caso de Richard Henry Parkin Starkey Jr., nacido el 7 de Julio (festividad de San Fermín de Amiens y día grande de los pamploneses “Sanfermines”) de 1940, en Liverpool-Inglaterra, como George, Paul o John, sus siempre triunfadores compañeros en el cuarteto “The Beatles”, siendo el mayor de todos ellos y, junto a Paul McCartney, uno de los dos supervivientes de la banda.

Siempre se habló de él con menor intensidad y atención, se tuvo menos en cuenta en todo momento y ahí estaba, manejando las baquetas de una batería que se paseó por los cinco continentes a la sombra de sus tres compañeros en una banda en la que fue menos inspirador de simpatías y gozó de bastante menos brillo, porque no era tan buen compositor y músico, incluso, como sus paisanos Lennon, McCartney o el insuperable y discreto Harrison. No obstante, sí tocó, también, el bajo, la guitarra, el piano, cantó con “The Beatles” y, tras la separación del grupo, se convirtió en cantante solista que, aunque respetado, nunca gozó del predicamento internacional de sus tres colegas de banda. Así, pues, no le resultó fácil integrarse en la formación de modo definitivo, pues, como ya comentamos en el obituario de George Martin (“El Noroeste” publicado el día 17-03-2016), el productor de la formación, conocido como “el quinto beatle”, fue el encargado de convertir a Starr en el “Cuarto Beatle” durante la grabación de “Love me do”, en 1962.

Su evolución

Contrajo matrimonio con Maureen Cox (1965-1975) y, posteriormente, con Barbara Bach (desde 1981 hasta la actualidad). Fue componente de “Rory Storm & Hurricanes”, otra banda de Liverpool de la que formó parte hasta que “The Silver Beatles” le dieron cabida en su seno, de manera definitiva, como ya comentamos anteriormente, para pasar, entonces, a llamarse “The Beatles”, denominación con la que invadieron el mundo de gloria, buenas canciones, popularidad y grandes éxitos. Starr, entonces, se convirtió en el baterista único y definitivo de la acreditada banda de Liverpool, pero, además de tocar el instrumento de las pieles, fue vocalista en canciones creadas por el cuarteto como “With a little help from my friends”, “Act Naturally”, “Yellow submarine” o “Boys”, entre otras, amén de convertirse en el compositor de “Octopus’s garden” y “Don’t pass me by”.

Su aportación creativa a “The Beatles”

La participación en la música de “The Beatles”, como creativo, sin ser la más copiosa e intensa, llegó a convertirse en objeto de felicitaciones por parte de críticos y músicos de altura, algo con lo que no estamos muy “en sintonía”, sobre todo si tenemos en cuenta que sus canciones no fueron las más relevantes del cuarteto y, además, su participación como intérprete llegó a someterse a juicios críticos que le dejaban en no muy buena posición, pese a que el baterista Steve Smith, quizás por afinidad profesional, llego a decir que la popularidad de Starr “dio luz a un nuevo paradigma donde se comenzó a ver al batería como un participante más en el aspecto compositivo”. Respetable opinión, pero nunca fácil de compartir. No obstante, en 2011, los lectores de la prestigiosa revista musical Rolling Stone eligieron a Starr como el quinto mejor baterista de todos los tiempos, algo en lo que podríamos hasta estar de acuerdo, aunque no, desde luego que no, porque nada tiene que ver con su forma de cantar y de interpretar las canciones. Opinión, pues, un tanto exagerada en un mundo musical con bateristas de un nivel extraordinario para ejecutar, improvisar y brillar con las baquetas.

Su carrera en solitario

Comenzó una carrera musical en solitario al llegar 1970, nada más producirse la separación del cuarteto, una década recién estrenada en la que cosechó éxitos musicales importantes, pero no nos cabe la menor duda de que fue gracias al amparo e impulso de la firma de formación de la que procedía y en la que todo tenía éxito, gozaba de prestigio y se vendía copiosamente. Ahí, triunfó con “Ringo” (1973), así como “Goodnight Vienna”, un año después, pero, eso, no evitó descarados fracasos en la década de los ’80, periodo en el que tuvo que dedicarse a probar suerte en el cine, de forma simultánea, con películas tales como “El cavernícola”, en 1981. Participó, además, como músico de sesión (esporádicos contratos con bandas para momentos determinados), apoyando, incluso, en ocasiones, a sus tres antiguos compañeros en “The Beatles” en sus actuaciones individuales, algo tan lamentable como patético y pobre. Por añadidura, narró las dos primeras temporadas de la serie infantil animada denominada “Thomas y sus amigos”. En 1989, creó la formación que llevaba por nombre “Ringo Starr & His All-Starr Band”, un grupo con una mecánica cambiante y alternativa como la que presentaba “Bill Wyman’s Rhythm Kings” y con la que todos los años emprendía gira mundial aprovechando el “tirón” de su nombre, su apellido y su pretérita pertenencia al cuarteto de Liverpool.

Publicó, entonces, el álbum titulado “Time Takes Time” como primera de una destacada serie de colaboraciones con el músico Mark Hudson, el hombre que produciría destacados trabajos como “Vertical Man”, en 1997, “Ringo Rama” (2003) y “Choose Love” (2005). Su disco más reciente fue publicado en 2015 bajo el título de “Postcards from paradise”.

Su vida y sus dificultades

Nació Ringo Starr en el seno de una familia trabajadora que habitaba en un suburbio portuario de Liverpool. Sus padres, Elsie Gleave Parkin y Richard Starkey, se divorciaron, quedando el joven al cuidado de su madre, trasladándose, ambos, al número 10 de Admiral Grove, al tiempo que su madre compatibilizada diferentes trabajos para poder subsistir. Permaneció en coma durante diez semanas, a la edad de seis años, debido a las inesperadas y fuertes complicaciones de una grave peritonitis. A los trece y tras contraer matrimonio su madre con Harry Greaves, un resfriado le condujo a una pleuresía, enfermedad que aconsejó su ingreso en el Myrtle Street Hospital, centro médico en el que permaneció dos años. Con tal motivo, se ausentó de las aulas de formación académica durante ese notable periodo, extremo que le dificultó, muy considerablemente, su aprendizaje, lo que ocasionó el que, a su salida, tuviera serios problemas tanto en la lectura como en la escritura. Entonces, tuvo que trabajar, gracias al apoyo de su padrastro, para la “British Rail”, en calidad de mensajero, pese a que, no rebasó, ni siquiera, las primeras seis semanas, teniendo que ser despedido al no superar el oportuno examen médico. No transcurrió mucho tiempo para que Harry Greaves lograra conseguirle trabajo como aprendiz de ensamblador en una compañía local de mecánica.

La vida de Ringo Starr brilló gracias a “The Beatles”, pero sus conocimientos musicales, su vida académica, su formación profesional y otros aspectos semejantes dejaron mucho que desear y bastante que quedó demostrado en su trayectoria personal, como hemos tratado de reflejar en esta crónica que podríamos extender y ampliar, si de páginas dispusiéramos para ello, aunque no ocultamos que también goza el artista de su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Y es que ser “Beatle” aporta enormes ventajas. Buenos días.