PASCUAL GARCÍA

No resulta sencillo acoplar dos lenguajes, en apariencia tan distintos, como el de la imagen y la palabra. Yo creo que el escritor José Cantabella y la pintora Carmen Cantabella lo han conseguido con mérito en esta obra que propone una doble metáfora, la del amor y aquella de la acción social dirigida a cambiar el mundo, pero queRevolución en nuestros días posee una identidad propia en ese movimiento que surge de la indignación y del hartazgo el 15 de mayo de 2011, cuando un grupo de jóvenes, movidos por la ilusión de cambiar un estado de cosas deplorable y abrirse paso en un futuro incierto, se echan a las calles y ocupan las plazas de las ciudades españolas, acampan al raso y permanecen de un modo pacífico pero contundente con la finalidad de hacerse ver y el propósito de modificar el panorama ético de la política española.
José Cantabella posee el don de la palabra sencilla y transparente: «podremos/ muy pronto, caminar juntos, Revolución,/ por las calles liberadas/ de tu ciudad triunfal.» En este contexto romántico y vigoroso se cruza una hermosa historia de amor, que camina paralela al ímpetu de las asambleas, los encuentros y la esperanza de jóvenes y adultos. Esa Revolución con mayúsculas es la verdadera protagonista de este libro transitado por bellísimas y contundentes imágenes de vallas que la pintora Cantabella ha ido intercalando en las páginas entrañables, emotivas y bien escritas del poeta.
Carmen Cantabella es una artista sobradamente conocida no solo en Murcia, y desde el principio se ha caracterizado por no dejar indiferente a nadie y por una sensibilidad donde confluyen la maestría de la pintora y la inspiración rebelde de la mujer joven que protesta contra un mundo detestable. También aquí, en perfecta complicidad con el otro Cantabella, podemos admirar sus propuestas iconográficas, su valentía rebelde y su imaginación, que el poeta serena con el espíritu lírico de unos versos libérrimos, cercanos a aquellos de Ernesto Cardenal o de Neruda donde se conjugaban la defensa del amor, clandestino e intenso, con el alma misma de una revolución necesaria: «tú y yo,/ nos pasamos la vida disimulando,/ a sabiendas de nuestro pacto,/ hablando el uno del otro.»
Porque el amor y la revolución son casi la misma cosa y proceden de un fuego semejante, suelen prosperar en épocas levantiscas y se apoyan el uno en la otra muy a menudo: «Muéstrame, Revolución,/ tu verdadero rostro,/ para que así yo,/ en un puro afán de certidumbre,/ pueda descubrir el mío.»
Este es un libro para leer y para vivir, una obra inolvidable que aconsejo con entusiasmo. Mi sincera enhorabuena a los dos autores.