FRANCISCO SANDOVAL

Hemos estrenado lo que será el epílogo de la segunda década del XXI. 2019, el año en el que se ambientaba Blade Runner. A no mucho de que la futurista Metrópolis de Fritz Lang alcance el centenario. Visiones intangibles, quizá etéreas y sugerentes, del porvenir del ser humano. ¿Y qué nos dicen los datos? Desde hace una década, más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, y se espera que esa cifra alcance el 70% en 2050. Con este panorama, ¿cómo planearemos el futuro desde el posmodernismo?

Vamos a empezar asimilando que el concepto posmoderno es contemporáneo. Echemos un vistazo a la ciudad: la Gran Vía de Caravaca es moderna, y en 2020 se cumplirán 100 años desde que se proyectó su primer tramo. Algunos de los altos edificios de nueve plantas del desarrollismo tienen hoy más de 50 años. Podemos decir que todo eso forma ya parte de la historia de la ciudad, y si preguntamos por el valor estético y la ambientación de dichos inmuebles, nos costará encontrar una opinión positiva.

Pero, ¿solo se hizo mala arquitectura en el siglo XX? Los más veteranos recuerdan -y los más jóvenes conocemos gracias a fotografías- algunos edificios de cuidado diseño que fueron un icono, como el Matadero o el Cinema. En 1927 se firmaba un proyecto de Mercado para Caravaca que recogía esa corriente estilística que se venía dando en muchas ciudades desde el siglo XIX. Sin embargo, nada de eso ha perdurado.

Para entender la ciudad, otro capítulo importante es la demografía. En el último año, los municipios de la comarca del Noroeste han seguido perdiendo población, excepto Bullas que prácticamente se ha mantenido y Caravaca que ha ganado 97 habitantes. Aquello que a mitad del siglo XX se llamó el éxodo rural sigue produciéndose, y parece que solo las ciudades que dominan un territorio y que ofrecen los servicios que en la actualidad se demandan crecerán. Asistimos así a ciudades grandes cada vez más pobladas y a pueblos del entorno rural que están abocados a la extinción.

Para afrontar la situación se pueden plantear estrategias de diversa índole. Voy a centrarme en la estrategia urbana, ya que el planeamiento urbanístico no solo es una potente herramienta, sino que en función de cómo se diseñe puede influir en gran medida en la vida del ciudadano. Caravaca ha sido uno de los municipios que recientemente elaboró una EDUSI (Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado) y resulta interesante para comprender, en parte, cómo se encuentra hoy la ciudad. Según este documento, una de cada cinco viviendas en Caravaca está vacía. Si antes hemos dicho que el siglo XX no nos ha legado ninguna seña arquitectónica de relevancia, contrasta comprobar que solo una de cada diez viviendas es anterior a este período.

De la EDUSI caravaqueña también se desprende otro dato que ya intuíamos: hay 3,63 metros cuadrados de zona verde por habitante, muy por debajo del estándar recomendado, que es de 10. A las áreas verdes deficitarias podríamos unir un espacio urbano degradado, es decir, muchas calles repletas de coches estacionados, de aceras escasas o fuera de normativa. Y no solo calles, las plazas también parecen aparcamientos improvisados más que un espacio para el peatón. Es difícil percibir toda la esencia de la placeta del santo entre tanto vehículo, o para muchos, la plaza de Santa Teresa es desconocida precisamente, porque el estrecho paso libre que le queda provoca que se entienda como una calle más.

El poco cuidado del espacio urbano se refleja también en los pavimentos. Anímese a recorrer el tramo desde la Casa de la Cultura, por la Corredera, hasta Poeta Ibáñez. Yo he contado hasta 8 pavimentos distintos y sin relación entre ellos, lo que denota una obra sin carácter unitario.

¿Se han fijado de qué forma tan arbitraria termina un pavimento y empieza otro? No acompaña al uso en muchas ocasiones.

En la EDUSI se emplea el conocido análisis DAFO, pues se asimilan las Debilidades y Amenazas y se proponen Fortalezas y Oportunidades. Una de las oportunidades es avanzar hacia un urbanismo más amable, y para ello debemos ser conscientes de que no depende solo del proyectista, sino de cada uno de los ciudadanos. Una de las debilidades es la escasez de aparcamiento y, sin duda, sería muy buena idea contar con aparcamientos en el entorno del casco antiguo para liberar nuestras calles, pero antes que eso los ciudadanos debemos hacer un uso responsable del vehículo en un casco urbano donde muchas de las distancias son transitables a pie sin demorar mucho tiempo. Así, si en un futuro tenemos que andar 100 metros para ir al aparcamiento, quizá veamos que no es lógico coger el coche para ir a la calle de al lado.

Me podría extender bastante más, pero tan solo mencionaré que para aspirar a ser una ciudad del siglo XXI es importante que cada de uno de nosotros seamos conscientes de la importancia del desarrollo sostenible, de la eficiencia energética, de que nuestras calles y plazas nos pertenecen más que nunca. Hace poco el decano del Colegio de Arquitectos de Murcia animaba a los ayuntamientos a revisar su planeamiento urbanístico. Desde que se redactó el nuestro hace unos 15 años hemos cambiado bastante. Tan solo en el aspecto más técnico, he obtenido mucha más precisión en las mediciones de mi Proyecto Final de Carrera con métodos de última tecnología que con el planeamiento vigente. Imaginen lo que se puede llegar a incorporar entonces en la que es la herramienta fundamental para el desarrollo urbano de la ciudad.

Hemos traspasado la modernidad y no podemos permanecer al margen del vertiginoso mundo contemporáneo. Como Miguel de Unamuno enunció en su día, “el progreso consiste en renovarse”.