José Francisco García Fernández. Portavoz del Grupo Municipal del PP en el Ayuntamiento de Caravaca.

Se cumplen 18 años del secuestro y brutal asesinato del concejal del Partido Popular en Ermua Miguel Ángel Blanco, un acto de barbarie que conmocionó a toda España y que recordamos aún con dolor quienes ya teníamos uso de razón por aquel entonces. Ese asesinato significó un punto de inflexión en el rechazo popular de la sociedad vasca en particular y española en general hacia la banda terrorista ETA y su entorno. Esa rebelión cívica que se conoce como el ‘Espíritu de Ermua’ supuso un cambio de percepción frente a esta organización criminal y el que las organizaciones y expresiones contra ETA aumentaran notablemente.
El ‘Espíritu de Ermua’ constituyó asimismo un antes y un después en la política vasca, cuyos dirigentes, de todos los partidos, predicaron el aislamiento político y social de los radicales. La unión de la sociedad y el trabajo de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se tradujo en un continuo y prolongado debilitamiento de ETA, que anunció el cese de parte de su actividad delictiva en 2011. Sin embargo, este cese de ETA en su lucha armada, como bien matizó el filósofo donostiarra Fernando Savater, significó que los terroristas «han abandonado la violencia como quien baja de un tren» y de ahí que sea necesario averiguar si es porque «se dan cuenta de que iban en la dirección contraria» o porque creen que «ya han llegado a la estación que querían». Si fuera por este segundo motivo «toca demostrarles que no han llegado a la estación».
Las palabras de Savater continúan vigentes y el tenerlas presentes se hace más necesario que nunca. Ahora, 18 años después de aquellos tres días negros de julio de 1997, muchos radicales ocupan puestos de responsabilidad en las instituciones, diputaciones y ayuntamientos vascos a través de Bildu, un partido político apoyado por otros como el PNV o el PSE en unas coaliciones que en muchas ocasiones han tenido como único objetivo alejar y acorralar al PP. Creo que esta estrategia de enfrentamiento es de una irresponsabilidad tremenda por parte de quienes la defienden y llevan a cabo, puesto que es de justicia que la historia de ETA tenga un final con vencedores y vencidos en el que no quede impune el sufrimiento de tantas miles de personas a lo largo de tantos años. La sociedad pide más contundencia en este sentido.
Miguel Ángel Blanco, convertido en símbolo de libertad y defensa del Estado de Derecho, nos hace recordar que es de obligada justicia tener presente a las víctimas de ETA y continuar pidiendo un final justo a tantas décadas de barbarie.