ÁGUEDA MARTÍNEZ GIRONÉS/YASMIN ZAIN SLILEM/ANTONIO MARTÍNEZ DE GEA

“¡¡Hola Águeda!! ¿Mañana por la tarde a las 16,30 o por ahí podríais Yasmín y tú quedar con Ana Peinado y conmigo para tomar un café? Es porque nos gustaría hablar con vosotras para presentar las jornadas de EducAccion”. Este mensaje de Fernando Ripoll fue el que lo inició todo.

Presentando las jornadas de EducaAcción

Presentando las jornadas de EducaAcción

Por supuesto, nosotras pensábamos colaborar en las IV Jornadas de Educación que tenían lugar en Cehegín, ya que nuestro instituto (IES Alquipir) nos ofrece todos los años formar parte de la organización, y el Taller de Teatro de Fernando Ripoll, al cual pertenecemos, también está invitado a participar, pero nunca nos habríamos imaginado que este año nos propondrían participar de esta forma. No obstante, no nos dimos cuenta de la responsabilidad que suponía presentar un evento de este calibre hasta que hablamos con Fernando Ripoll y Ana Peinado. No quisieron condicionarnos, por lo que simplemente nos contaron como se habían presentado las jornadas los años anteriores, y nos pidieron que creáramos un guion haciendo lo que nos pareciera más conveniente. Ante nosotras se presentaba nuestra puerta hacia el mundo. Y no solamente la nuestra, sino la de todos los adolescentes.

Este tipo de oportunidades apenas se les presentan a la gente de nuestra edad, bien porque los adultos no nos creen capaces, bien porque nosotros mismos aceptamos el pensamiento de los mayores en vez de demostrarles que se equivocan. Y como esta vez teníamos la oportunidad de expresar nuestros sentimientos (y estábamos bien dispuestas a hacerlo) hicimos una lista de nuestras emociones y preguntamos a amigos y compañeros con nuestra edad qué pensaban ellos sobre la adolescencia. Cual fue nuestra sorpresa cuando, a raíz de esta documentación, nos dimos cuenta de que no existía un patrón claro de adolescente perfecto. ¿Por qué no basar en esta idea nuestro guion?

Poco después descubrimos que no íbamos a trabajar solas, sino con un gran compañero que mostró una gran ilusión y profesionalidad. Antonio hizo que se multiplicaran nuestras posibilidades de expresar todo lo que queríamos, y terminó siendo la base del guion: un chico que quería convertirse en el adolescente perfecto. A partir de esta idea añadimos estereotipos que quisimos romper, ideas que intentamos cambiar y, sobre todo, un mensaje que llegara a todo el que nos escuchara.

Ensayar fue más complicado. Las clases y los exámenes nos dejaron poco margen, pero conseguimos sacar nuestro proyecto adelante, con lo que, entre horas de estudio y horas de ensayo, el tan esperado día llegó rápidamente.

Nervios no faltaron, lo aseguramos. Pero podemos decir con orgullo que esos mismos nervios nos sirvieron para creer más que nunca en nosotros, y pisar fuerte el escenario la primera vez que tuvimos que salir para exponer nuestra pequeña historia y presentar al primer ponente. A partir de la primera intervención, todo fue rodado. Sin embargo, una parte muy importante de esta experiencia se dio tras los focos. Pudimos escuchar las ponencias de cada invitado y aprendimos de cada palabra que trasmitieron. Incluso pudimos hablar con algunos de ellos: Miriam Fernández, Juan Manuel Hermosilla, Javier Cebreiros, Fernando de Pablo… Era increíble conversar con personas que estaba ahí para trasmitir unas ideas que ayudarían a cambiar el mundo, que eran un ejemplo a seguir en muchos sentidos y que tenían el mismo entusiasmo que nosotros tres. Aun hoy, al recordarlo, nos parece un sueño.

Intentamos disfrutar y aprender cuanto pudimos, y el evento finalizó antes de lo que nos habría gustado. Había llegado el momento de despedirse de las jornadas, pero no fue una despedida triste. A día de hoy, poseemos unos recuerdos increíbles y una gratitud enorme a cada ponente, cada escuchante, cada organizador y cada persona que aportó su grano de arena para que estas Jornadas de Educación se convirtieran en una experiencia inolvidable.

Es probable que dentro de una semana no se acuerden de nosotros, pero nos sentiremos satisfechos si nuestro mensaje perdura en una sola de las personas que nos escuchó: no existen los adolescentes perfectos, pero si se les deja volar, ser ellos mismos, descubriremos que tienen unos poderes increíbles.