Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Entre los documentos más curiosos conservados en el Archivo Municipal de nuestra ciudad figuran unas recetas médicas redactadas en 1795 por el doctor Antonio Llovet, facultativo titular del Real Monasterio de Uclés, sede central de la Orden de Santiago, paTratado de farmacia, editado en 1794ra curar la enfermedad padecida por el caravaqueño Joseph Pedro de Mata, admitido en esa orden 3 años antes. La documentación aludida en este artículo forma parte de la correspondencia particular de don Pedro Antonio de Mata, administrador en Caravaca del Conde de Clavijo e influyente personaje de la sociedad local de fines del siglo XVIII.
Don Joseph Pedro de Mata era hijo del matrimonio formado por el referido don Pedro Antonio y doña Inés Lucas Luján, y nació en Caravaca el 26 de noviembre de 1771. A comienzos del verano de 1792, cuando contaba 20 años, su padre solicitó su ingreso en la Orden de Santiago, siendo admitido algunos meses después, al poder ocupar una “plaza de havito de esta Real Casa, que teniendola de ante mano destinada para otro paisanito, se ha separado de su pretensión, temiendo a los gastos, principalmente de Colegio”. Como el asunto económico no suponía ningún problema para el acaudalado caravaqueño, su pretensión fue rápidamente concedida, valorándose igualmente las cartas de recomendación remitidas al Prior de Uclés por algunos poderosos amigos de don Pedro, así como las cualidades del pretendiente: “con el mayor respeto hago presente, que Don Joseph de Matta mi hijo se halla con los mas vibos y eficaces deseos de colocarse por yndibiduo de esa Real casa, y con el fin de mejor serbir a Dios nuestro Señor, vestir el Santo Habito: para lo que ha estudiado Gramatica, Rectorica y Artes en las que se halla graduado por la universidad de Orihuela”.
Tras su admisión, el joven marchó al Monasterio de Uclés, continuando posteriormente sus estudios en Salamanca, donde se encontraba en mayo de 1795, cuando comenzó a sentirse aquejado por una enfermedad cuyos síntomas principales eran fiebre, pequeños tumores en la garganta y molestias intestinales. Joseph Pedro recibió rápidamente atención médica; no obstante, a principios de julio, al conocer su familia la noticia, solicitaron al Prior que consintiera su traslado a Caravaca continuando aquí su convalecencia. En principio, la petición no fue autorizada, puesto que los médicos aconsejaron que tuviese el mayor reposo posible, “que se mantubiese quieto, y que no se separase del Colegio porque va a perder mas que a ganar ”, disponiéndose en su lugar su marcha a Buenamisón, “sitio de esta casa vastante ameno y divertido”, donde descansaría durante unos días. Sin embargo, a finales de junio, viendo que su estado apenas experimentaba mejoría, permitieron su partida a su ciudad natal donde, tanto el clima como los cuidados de sus familiares favorecerían una más rápida curación, “que por algunos dias tomase los aires nativos, con el agregado del gusto de ver a Vuestra merced y mexor asistencia que lograua hallandose en su compañia”.
El 7 de agosto don Pedro Antonio escribió una nueva carta al Prior de Uclés comunicándole los escasos avances experimentados por su hijo, así como el tratamiento que estaba recibiendo: “luego que regreso se llamo al Medico y Zirujano para ponerse en cura y para ello se les dio el papel que traia, del Medico de esa villa, con cuya vista dispusieron estos facultativos varias cosas, sin embargo de las quales no notamos todavía mejoria sensible excepto en la Glandula dela Garganta que dicen verse algo menos elevada”. Siguiendo sus órdenes, los médicos de Caravaca redactaron un informe sobre el estado del enfermo y su tratamiento, que se adjuntó a la carta, para que fuese revisado por el médico titular del Real Monasterio “para si se le ofrece algo que advertirles”.
La respuesta tardó algún tiempo en llegar, debido a que el Prior Juan Antonio se encontraba ausente de Uclés; finalmente el 22 de septiembre remitió la esperada carta, en la que se lamentaba del estado de salud del joven, exponiéndole sus temores acerca de que la enfermedad le imposibilitase proseguir los estudios durante el siguiente curso: “mui de veras siento el fatal estado en que Vuestra merced me pinta la salud de Don Josef, su hijo, asi por su padecer, y el de toda la familia, como por lo que se improporciona para continuar su carrera literaria, que es la que podia prometerle las mayores ventajas en lo subzesivo”. La misiva iba acompañada de un escrito del referido Antonio Llovet detallando los remedios que debían de suministrarle, y su correcta preparación. Las recetas, como ya se ha dicho, eran tres: una para los tumores en la garganta y las dos restantes para las molestias estomacales, mezclándose en ellas diversos productos de origen animal, vegetal y mineral, insólitos en la actualidad aunque muy frecuentes en la época.
Las recetas fueron entregadas a los galenos locales, quienes accedieron a su administración, “les parece bien y dicen seguiran su Metodo, que en muy poco se diferencia del que han seguido”. En aquellos momentos, la familia Mata se hallaba sumida en una gran tristeza, al haberse producido el fallecimiento de otro hijo de don Pedro que servía en la Marina, por lo que, temerosos de otro fatal desenlace, optaron por su mantenimiento en Caravaca aunque eso le costase algún retraso académico: “siempre que continue la tarea de sus estudios en clima tan frio y humedo como lo es Salamanca, esta notablemente expuesto a perder no solo la salud, si tambien la vida”; en cuanto a su estado, seguía prácticamente igual, si bien comenzaban a manifestarse algunos avances gracias a la desaparición de la fiebre: “se halla mejor desde que le faltaron las tercianas y se conoce restablecerse, por que se ve nutrirse y de mejor color, con el animo algo mas exparcido y alegre, pero no obstante saliente todavía la inflación del estomago, aunque no tan vehemente ni con tanta frecuencia. Los bultos de la Garganta se mantienen en el mismo estado sin mas novedad que sentir ahora alguna opresión algo dolorida en ellos en algunos ratos, aunque no continuo, que quiza sea ocasionada de tocarlos el Cirujano todos los dias dos vezes, con un hisopo empapado con no se que espiritus resolutivos, cuya operación ha estado practicando desde el principio sin haber sentido esta sensación dolorosa hasta ahora”.
Poco a poco los remedios y cuidados hicieron su efecto y así, el 16 de octubre, el propio enfermo envió una carta al Prior informándole de su mejoría y de sus intenciones de continuar sus estudios en Salamanca, al resultar imposible el poder hacerlo en Murcia u Orihuela, en cuanto estuviese totalmente restablecido: “hallandome ya con conocida mejoria (pues ya pasan los dias enteros sin sentir la inflación de estomago y los tumorcitos de la Garganta han vajado algo) sin embargo de que los Facultativos de mi asistencia juzgan, que aun llegando a haber recobrado mi entera salud la expondre si vuelbo a salamanca, y que el Medico de aquella ciudad me dixo que no volviera por que me exponia a recaer, no obstante todo ello determino continuar aquí mi curacion y acavada de conseguir, bien sea antes de aber principiado el curso, o después de principiado partir para dicha ciudad a seguir mi carrera de estudios hasta donde Dios sea servido darme fuerza”. Y así fue, su salud se restableció, continuó sus estudios y tuvo una acreditada carrera en la orden, llegando a ser archivero del Real Monasterio de Uclés.
Ungüento para los tumorcillos de garganta
“Se untara por fuera con esta vntura. Receta: Vnguento de Zacarías dos dragmas, de Esperama de Vallena una dragma, de azeite de manzanilla, almendras dulces, de Aceite de Lombrices, de cada uno una onza, mezclese, y si le parece al Cirujano, se le podra mezclar con el Aceite de almendras dulces una tercera parte de azeite de Escarabajos. Yo espero que con esto se resolverá. Me avisara sino mejora. El Azeite de Escarabajos es para vntura”.
Remedios para la flatulencia y molestias gástricas
 “Se mandara cocer un cuartillo y medio de Agua con seis Piñas de Siemprevivas, y un puñado de Parietaria verde, quitadas las Yervas, se le mezcla medio cuartillo de vinagre, una poca de Manteca sin sal. Se ponen unos Lienzos mojados desde el ombligo a la voca del estomago, que cojan los huecos. En habiendo dos dias que se apliquen los Lienzos, que continuara con ellos,  tomara dos onzas y media en ayunas, lo mismo una ora antes que tome alimento de esta Receta: agua de grama dos libras, de los Polvos de que se componen las Píldoras antiacidas de cuavo tres dragmas, der Goma Araviga, de Asta de Ziervo calcinado y de Cristal montano de cada uno media dragma, de spiritu de nitro dulce dos Escrupulos, de Jarave de Malvaviscos onza y media, mezclese. Repitase. Las dos egundas libras, se toman como las primeras, a las mismas oras, que creo se mejore. Quando vaya a tomar alimento debe veber agua, y tomando el Alimento, no debe beber ni agua, ni vino, ni sobre la comida de ve beber, que con este metido creo se disipara esa flatulencia”.