REBECA GONZÁLEZ/@QuecaGonsery

Hoy quiero hablar de regeneración democrática, porque en la facultad de Derecho nos inculcan unas fuentes muy claras para explicarnos de dónde viene nuestro sistema jurídico, de cómo se forma nuestra constitución, la separación de poderes y el escrupuloso sistema judicial. Pero hay elementos que faltan en el relato, como la palabra dictadura, el concepto de regeneración democrática y las claves históricas que hacen que hoy día se den casos jurídicamente surrealistas, titiriteros entre ellos.

REBECA GONZÁLEZ/@QuecaGonsery

Hoy quiero hablar de regeneración democrática, porque en la facultad de Derecho nos inculcan unas fuentes muy claras para explicarnos de dónde viene nuestro sistema jurídico, de cómo se forma nuestra constitución, la separación de poderes y el escrupuloso sistema judicial. Pero hay elementos que faltan en el relato, como la palabra dictadura, el concepto de regeneración democrática y las claves históricas que hacen que hoy día se den casos jurídicamente surrealistas, titiriteros entre ellos.

Una de las claves
El tribunal de orden público (TOP) fue la instancia judicial especial en la segunda etapa del franquismo que se especializó en perseguir a sindicalistas, estudiantes y luchadores por derechos sociales, esos mismos derechos sociales que hoy nos roban con reformas laborales, educativas y recortes. Es decir, era la herramienta esencial del Estado, jurídicamente, para la represión.
Cuando en la izquierda hablamos de que la transición fue un engaño nos referimos a algo más a parte del republicanismo y nuestros muertos en las cunetas, hablamos también de regeneración democrática, ese concepto tan de moda que abarca más mares que el de la corrupción.
El TOP, jurídicamente, éticamente y por respeto, debería de haber desaparecido el 4 de enero de 1977. Pero nuestros constitucionalistas prefirieron que fuera parte de la nueva reconfiguración jurídica, a pesar de los grandes cuestionamientos doctrinales y sociales que ello generó. La Audiencia Nacional nació el mismo 4 de enero de 1977 y es el actual tribunal arbitrario de jurisdicción estatal. Es la hija de la represión franquista; capaz de perseguir a actores, sindicalistas y jóvenes que se movilizan por sus derechos por medio de los antiguos jueces y policías franquistas que ahora son “constitucionalistas de toda la vida”. Entiendo perfectamente que de vergüenza hablar de regeneración democrática en las universidades.

Uno de los elementos ejemplificantes es el juez Ismael Moreno. Mucho se habla del moralismo de los titiriteros y poco del moralismo del juzgador, quien era policía de ese antiguo régimen franquista que sigue vivo. Este “constitucionalista de toda la vida” es de los jueces que ha rehusado tomar declaración en casos de la Gürtel, se ha negado a reconocer atentados en el caso Falange y tradición; en 1995 archivó una querella contra La Caixa por primas únicas; devolvió el caso Noos al juzgado de Baleares negándose a juzgarlo; e incluso ha procesado a un ex-coronel acusándolo de un delito de “calumnias e injurias graves contra la corona” por un artículo titulado “Por que te callas?”. Todo esto fuente de LeHaine.

La clave fundamental
Si hablamos de regeneración democrática, hay muchas verdades que rasgar bajo la fachada de la transición del 78, que hoy se derrumba. Perdura el franquismo en las instituciones y este ejemplo es uno entre un mar de injusticias, un mar muy lejano de lo que se nos enseña en universidades y se habla en tertulias. Por eso en la izquierda no queremos una nueva transición, eso ya lo conocemos, la única forma efectiva de regeneración para nosotras es darle poder a la gente, poder democrático de constituir sus propias claves como pueblo. Esa propuesta llamada proceso constituyente.