Juan Antonio Sánchez Giménez

Estamos hechos de recuerdos y vivencias, y los de la adolescencia son quizás los que más perduran. Tal vez por ser una época de la vida repleta de emociones encontradas e intensas, en las que nos vamos configurando como personas adultas, muchos de esos recuerdos son reflejos que de manera voluntaria o involuntaria siempre relacionaremos con el momento que vivimos. Eso me ocurrió felizmente a mí la tarde del 2 de mayo de 2017.

Resulta que uno que ya va peinando canas (nunca pensé que fuera a escribir esto, pero todo llega) no pude evitar un bonito torrente de recuerdos cuando vi aparecer a un grupo de chavales por la sede de los navarros luciendo el mítico traje  que apodamos en nuestro grupo como el “bicolor”. En mi mente se reflejaba como por el “kiosco de la Isa” caminábamos 15 chavales extrañados, ilusionados y mirándonos los unos a los otros de camino al refugio que por aquel entonces tenían los navarros en la calle Cervantes (1994).

Veintitrés años después de aquella exitosa aventura volvieron a surgir; era la flamante generación de infantes de Navarra, que volvía a pisar las calles de Caravaca luciendo otra vez el mítico bicolor. Se trata de la nueva hornada de un grupo que tiene su raíz en los mismos años 60 y cuyas generaciones en los 70, 80, 90 y 2000 vienen siendo cantera y motivo de orgullo para  todos y cada uno de los componentes, así como también escuela de festeros que a lo largo de los años han recalado en otros colectivos. En esta ocasión era otro grupo de unos 15 chicos que a todos nos dejaron boquiabiertos por la ilusión que emanaban en su primera toma de contacto con la fiesta adulta así como por su compañerismo. Desfilaban más anchos que largos, con un aplomo, una espontaneidad y una seguridad que no dejaban de sorprender por su juventud. ¿Y nosotros?. Nosotros más que orgullosos y contentísimos de ver como arranca de manera exitosa esta nueva generación. Con paso corto y vista al frente, disfrutando y saboreando cada momento, y sobre todo viviendo y sintiendo la fiesta desde la juventud.

A la misma vez nuestras damas de Navarra están apostando por un grupo de niñas y adolescentes que un día deberán tomar las riendas de esta hermosa empresa algún día. Las navarras también tienen una importante tradición en nuestras fiestas, siendo el primer grupo femenino del Bando Cristiano allá por los sesenta, y saliendo de manera continuada desde inicios de los 90. Innovadoras, luchadoras incansables y con un estilo inconfundible e insuperable, ellas también están sabiendo integrar en sus filas a estas jóvenes cristianas que desde edad temprana están viviendo la FIESTA con mayúsculas desde dentro, atravesando un océano de vivencias y sensaciones que a buen seguro conservarán en su memoria como todas sus compañeras navarras, eso sí a buen seguro en el rincón de los recuerdos felices.

Es solo el inicio de una serie de necesarios proyectos y ambiciones para consolidar y transmitir este hermoso legado festero a las nuevas generaciones mostrando ya  sus primeros frutos, y que a fin de cuentas perpetúa ese espíritu juvenil del que hacen gala los navarros desde sus orígenes. Estoy más que convencido de que tanto ellos como ellas, con estos mimbres, engullirán y se empaparán de la fiesta y la disfrutarán como nadie en estos años de su juventud y adolescencia. Y de que algún día, en la puerta de nuestra sede, también los verán como un hermoso reflejo.