PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Como saben nuestros lectores, aprovechamos cualquier ausencia de fallecimientos de músicos para dedicar nuestro espacio a otras actividades, vivencias y matices musicales alejados del siempre indeseable obituario. Y ojalá que sean muchas las ocasiones en las que tengamos esta extraordinaria oportunidad, esencialmente porque será la más inequívoca señal de que no perdemos a nuestros grandes artistas y, por añadidura, porque gozaremos de la ocasión de adentrarnos en otras cuestiones, siempre interesantes, del variopinto, amplio e interminable mundillo musical.

Hoy, vamos a dedicar esta página a la verbena, una celebración que no se ha perdido, pero que, no obstante, por su escasez de celebraciones, goza de bastante menos predicamento, sobre todo si lo comparamos con el enorme tirón que ofreció en las “décadas doradas”: los años ’60 y ’70 del pasado siglo XX. Unas actividades muy ligadas en su preferencia, pese a ser diametralmente distintas, eran el guateque o la pista de baile que se instalaba, ocasionalmente, en las fiestas patronales de numerosos municipios. Pero, de eso, hablaremos en otra ocasión para centrarnos, hoy, en la referida verbena que, por cierto, también es el nombre de una planta, extraordinariamente rica en su composición, de tradicional uso en muchos campos de la medicina, en base a sus propiedades, ventajas y beneficios para la salud.

Bailando “agarraos”.- La verbena, la de la celebración, solía ubicarse en un recinto cerrado, pero al aire libre, con un escenario en el que una orquesta, conjunto o grupo musical se encargaba de amenizar la festiva velada con música propia del clima que se pretendía crear: diversión, alegría, baile y ánimo de fiesta. Algunos ayuntamientos instalaban este acontecimiento en la plaza principal del pueblo y, en esos casos, no existía recinto cerrado, lo que gustaba bastante menos, sobre todo a las parejas, cuando esta celebración les proporcionaba la oportunidad de bailar “agarrao”, como solía denominarse al baile unido que practicaban las citadas parejas al son de las canciones llamadas lentas, cuyos géneros, en la época, estaban representados por el bolero, balada, blues o soul, amén de otras interpretaciones, pero con ritmo menos sosegado y mucho más alegre, como la canción española, el pasodoble o la música de salón que, igualmente, ofrecían otras alternativas a las susodichas parejas, “atropelladas” por un morbo inexistente, pero considerado así en la época. 

La “vigilancia” de los mayores.- Y, ¡claro!, resulta que tales parejas preferían un recinto cerrado, aunque hubiese que abonar una módica entrada, antes que los lugares públicos en los que nunca faltaba el nutrido grupo de personas mayores en plena “vigilancia, control y opinión no solicitada” de todo lo que contemplaban, aunque no tuviera importancia, porque ya, ellas, se encargaban de otorgársela con la mayor intensidad.

Artistas claramente verbeneros.- De los muchos artistas que generaban canciones propias de verbena, siempre divertidas y contagiosas por su ritmo y soniquete, cabe destacar el repertorio del parisino Georgie Dann, quien tantos años se alzó con el triunfo en la siempre presente “canción del verano”, gracias a temas como “Bimbó”, “Casatschok”, “Campesino”, “Paloma Blanca”, “Mi cafetal”, “El africano” y otras muchas. También los paraguayos conocidos como “Los Tres Sudamericanos”, trío formado por los inolvidables Alma María Vaesken, Casto Darío Martínez y Johnny Torales, con su “Cartagenera”, “El Orangután”, “Me lo dijo Pérez” o “La Chevecha”, así como “Fórmula V” y otra larga relación de canciones, “Los Diablos”, King África, Chayanne, Enrique Iglesias, Sonia y Selena, “Los Mismos”, “Los Payos” y un incontable número de artistas que se sumaron a ese movimiento musical verbenero por lo rentable que les resultaba y las muchas galas que les permitía firmar, igualmente, en las fiestas patronales de numerosos municipios que practicaban esa celebración. Y es curioso, porque las referidas verbenas, ahora, quizás por la enorme oferta cultural y de diversión existente, suelen prodigarse bastante menos, pero, no obstante, las galas o actuaciones de los artistas mencionados, y otros muchos, siguen manteniendo su predicamento festivo, a tenor de los copiosos anuncios que, a través de pósters, medios de comunión y otros efectos publicitarios, suelen invadirnos constantemente, de forma especial en las fechas veraniegas.

El turrón “a granel”.- En su concepción inicial o más tradicional, la verbena incorporaba al baile tenderetes con comidas y bebidas y, en tiempos de fiestas patronales, hasta barritas de turrón en forma de cortes que se comercializaban “a granel”.

Acabamos aconsejado que no despreciemos la verbena que, debido a los avances musicales, calidad de sonido, nuevas tecnologías y la invasión del pop, el rock y otros géneros relevantes, ha caído en una injusta desacreditación, algo inconcebible tras las numerosas horas de gloria que ha proporcionado, a lo que sumamos las muchas parejas, hoy felizmente casadas, que se conocieron en el ambiente de una verbena, algo que no puede, ni debe, olvidarse. 

La verbena y sus “beneficios” sociales.- Todavía quedan muchas regiones en España que la tienen como tradición y la potencian con devoción y extraordinaria vinculación, como la madrileña “Verbena de la Paloma”, así como otras de gran popularidad como la que celebra Granada, Asturias, Mallorca o Galicia, una fiesta que alegra los sentidos, que reúne a mucha gente, que produce coincidencia de amistades que hace tiempo que no se han visto y que garantiza la diversión por todo lo alto. 

Como todo lo antiguo, algo digno de recuperar en unos tiempos de crisis, porque la verbena es ligera de equipaje en materia económica y permite, al mismo tiempo, mantener las celebraciones de la manera más alegre y divertida sin las monstruosas inversiones que, hoy por hoy, requieren otras celebraciones que, además, no concitan ni la presencia de tanta gente ni una relación social y vecinal tan garantiza como la que propicia la tradicional verbena. Buenos días.