ANDRÉS HERRERA (sobrino de Don Emilio Sáez)
La Casa de la Cultura, en su fachada, ostenta el nombre de Emilio Sáez; al entrar en el edificio, donde arranca la escalera y en la pared izquierda, se encuentra una lápida en relieve del busto del Dr. Sáez, realizada por el escultor Rafael Pi Belda. Subiendo dicha escalera y entrando a la habitación de la izquierda, hace varios años que se están clasificando cientos de investigaciones, separatas, trabajos, libros suyos y otros a él dedicados, que recibido de relevantes personalidades. La Casa de la Cultura tiene en su interior, por tanto, algo mucho más valioso que su nombre en la fachada.


Desde el 5 de diciembre de 1917 hasta el día 7 de mayo de 1988, en que nos dejó, víctima de un accidente de tráfico en las cercanías de Valladolid, vivió intensamente su vocación de historiador medievalista, profesor universitario, investigador, maestro de investigadores…
Su buen amigo y compañero, por entonces catedrático en la Universidad de Oviedo, Dr. Don Eloy Benito Ruano, estaba preparando “estas que debían ser páginas de alegría, con motivo de un homenaje que se preparaban por su jubilación, se tornaron en triste In Memorian tras su inesperada muerte”.
Nuestro medievalista, como buen caravaqueño, realizó la primera investigación de su carrera sobre “Privilegio de la Orden de Santiago a Caravaca” en 194. Después sus estudios, no solo en toda España, también en Portugal, Italia, Francia, etcétera., hasta llegar a la Unión Soviética, cuyo viaje le valió para conseguir una gran cantidad de documentos allí guardados. También viajó por todas las Américas, donde encontró en varias ciudades “Cruces de Caravaca” que trajo a su casa.
Este paisano nuestro obtuvo la cátedra barcelonesa de medievalismo en mayo de 1958, que mantuvo hasta 1978, siendo nombrado presidente del CESIC y a continuación catedrático de la Complutense de Madrid hasta su jubilación en 1988.
Su biografía alcanzó cincuenta y seis trabajos profesionales y otros que se quedaron sin terminar; aunque algunos de ellos los publicó su hijo Carlos, catedrático en Alcalá de Henares, que también se nos fue. Organizó dieciséis congresos españoles e internacionales, y asistió invitado a otros cuarenta, la mayoría internacionales. Dirigió veinticuatro tesis doctorales y sesenta y tres tesis de licenciatura. La mayoría de los alumnos que obtuvieron ambos grados alcanzaron puestos relevantes en las universidades españolas y en la investigación medieval española y extranjera.
Otro caravaqueño ilustre, el Doctor Don Jesús Montoya Martínez, catedrático en la Universidad de Granada, escribió un artículo en la Revista de Fiestas de Mayo de 1999, este primer párrafo: “uno de los mejores servicios que pudo prestar a su pueblo el Dr. Don Emilio Sáez fue además de publicar el “Privilegio de la Orden de Santiago a Caravaca” reeditar en 1975 las “Memorias para la historia de la ciudad de Caravaca (y el aparecimiento de la Stma. Cruz) desde los tiempos más remotos, hasta nuestros días, e ilustrada con notas históricas por Don Agustín Marín de Espinosa” facsímil de la editada en Caravaca, Imprenta de D. Bartolomé de Haro y Solís, año 1856, en la cuidadosa Bilbioteca de Historia Hispánica (Historias Regionales y Locales) Serie Minor, nº 2 de la Editorial El Albir” (Propiedad de Don Emilio).
Por último, Emilio Sáez quedó con las ganas de hacer una Historia de Caravaca con los métodos profesionales que le dieron fama mundial: la muerte le privó de su deseada historia.
Ahora nos queda reeditar las Memorias para la Historia de la Ciudad de Caravaca, de Don Agustín Marín de Espinosa, del año 1856; reeditando las de 1975 de Don Emilio, que se encuentra agotada.