HABLANDO CON MIS ALUMNAS Nº 2

José Clemente Rubio García (Maestro Rural jubilado)

Y llegó y, hoy, cuarenta y dos años después vuelve a este pequeño pueblo, enclavado en un lugar privilegiado que es Otos.

Llegué en septiembre de 1980, muchos de sus vecinos estaban en Francia, en la vendimia. Si me preguntaran por una de sus cualidades, me atrevería a decir que son los primeros en trabajar y que no olvidan la fiesta, la música, el baile…

Antonia Marcela Navarro García cuando niña

Hoy me encuentro con una de mis alumnas, Antonia Marcela Navarro García. Nos sentamos junto al edificio que albergaba la escuela. Planta baja, dedicada al aula y la superior a “casa del maestro”. Se encuentra muy deteriorada, al menos desde fuera. Las hierbas empiezan a crecer en el pequeño patio exterior y se nota que no se usa para nada. La miramos y nos llena de recuerdos.

Antonia tenía cinco años. Una niña con ojos vivos y muy parlanchina, como, afortunadamente, sigue en la actualidad. La recuerdo así y, aunque solamente estuvo un año conmigo, hemos mantenido un contacto que no se ha perdido en el tiempo, tanto con ella como con el resto de su familia.

Con “miedo” me recibieron los niños y las niñas. Motivos tenían, así como el vecindario, ya que llegaba el “tío de la barba” y era yo, el maestro. Piense el lector que por aquellos años, Otos estaba muy mal comunicada y muy abandonada. Solamente unos pequeños caminos la unían con Benizar  o con Socovos. Por aquellas cortijadas, a los niños pequeños se les decía para intimidarlos: ¡Que viene el “tío de la barba”!, semejante a lo que en otros sitios se les llamaba “el tío del saco”, o el “tío saín”.

Así empezamos una larga conversación de cerca de dos horas, donde recordamos la escuela, los compañeros, la vida…

Antonia me decía que no había sido buena estudiante, pero que la escuela le enseñó mucho. Pronto, sobre los diez años, pasó al Colegio de Benizar, donde un autobús acercaba al alumnado mayor, quedando en Otos solamente lo pequeños: “los parvulitos” y los cuatros primeros cursos.

De los primeros años, no recuerda mucho, pero de su tiempo pasado en Benizar lo recuerda con detalles, así como de sus maestras y maestros y lo mucho que le ayudaron y enseñaron y, sin olvidar, al cocinero Pedro que merece una “mención de honor”.

Recordamos a Paquita, esa maestra pelirroja, capaz de escribir con las dos manos a la vez, a Don Manuel y Doña Pilar, conquenses ellos, que actualmente pasan su retiro en ese pueblo que tan bien los acogió. Como olvidar a Pascual (Donpas), o a Don José el cura, a la Camila , a Dolores, a José Rafael…. y a tantos que con su buen hacer  hicieron ser muy  felices a tanto niños y niñas.

Una de las cosas que más me ha impresionado de Antonia, en el transcurso de la conversación,  es su mirada y su capacidad de reflexión antes de contestar.

Antonia está felizmente casada, con dos hijas, que son su ilusión.

Antonia dejó pronto la escuela. El Graduado Escolar lo obtuvo después, en las clases nocturnas que se  empezaron a impartir en estos pequeños pueblos, tristemente desaparecidas.

Me dice Antonia, con toda rotundidad, que ella no estudió porque no quiso. No echa la culpa  a sus padres, pero la preocupación que ahora se tienen a nivel educativo con los hijos, antes no se tenía. Hay que pensar que la primera persona de Otos que bajó a estudiar a la Universidad fue sobre el año 1998. Hoy en día ya no es lo mismo.

Los maestros y las maestras que tuvimos nos ayudaban mucho y lo pasábamos muy bien. La alegría era lo habitual. Nos enseñaban, pero sobre todo nos animaban a ser personas buenas, trabajadoras, honradas…Creo, que al mismo tiempo de enseñarnos conocimientos, nos ayudaban en nuestra educación y formación. El respeto y el cariño era lo habitual. Se preocupaban de nosotros y, nosotros, del alguna forma, veíamos, que eran unas figuras a imitar y, de ahí, el gran recuerdo que tengo de los mismos y, creo, que no es opinión mía solamente.

Pasa rápidamente el tiempo, empieza a oscurecer y tenemos que despedirnos. Gracias Antonia por el rato tan agradable que me has hecho pasar.

Muchas cosas, la mayoría, quedan en el tintero, pero me queda una cosa clara: la escuela no es solo enseñar, no es solo transmitir conocimientos, es animar a vivir a esas criaturas que han tenido y tienen un futuro lleno de esperanza y de ilusión.