GLORIA LÓPEZ
Hasta para hacer los artículos soy la última de la última. La última en enterarse que tiene que hacerlos, la última en hacerlos, y por supuesto tengo que hacerlos de los últimos deportes. Los últimos de los últimos de todas las categorías. El senderismo.


Para quien no lo sepa, esta modalidad es como ser uno de los actores de relleno en la peli “300”. Ese montón de figuras cada uno de su padre y su madre, vestidos por la becaria daltónica de la sección de vestuario, que se mueren en pelotón en el primer acto y de los que nadie se acuerda, porque antes han pasado otros 300 (al grito de “¿qué somos?” “corredor, corredor”), más guapos, con mejor cuerpo y más estilo que tú hasta para morirse, cuanto ni menos para subir (y no te digo ya bajar, que es peor) por el monte. Que algunos descendemos como si fuésemos detrás de las carrozas del orgullo gay, dando saltitos, las manos en alto y con más expectativas que Carmen de Mayrena.
Los del trail de montaña son esos 300, los que te adelantan corriendo cuando tú vas exhalando el último suspiro y casi estás llegando al penúltimo repecho del kilómetro diez cuesta arriba y ellos ya han saltado dos cimas de treinta kilómetros, sin mochila, ni agua, ni toña. Los que salen en todas las fotos del feis y en las páginas de las revista running encabezando listas y sumando más kilómetros que nosotros en una semana bajando al CDC en coche. Esa pequeña élite de deportistas que se miden con la montaña en décimas de segundos y hasta les ganan en soledad. Porque en el pódium hay tres sitios, y en cada escalón sólo cabe uno.
Los senderistas somos los demás. Los que no salimos en las revistas running, ni en la tele (a no ser que tengan que venir los bomberos a rescatarte, entonces sí), ni en los feis de las pruebas (pero tenemos los nuestros llenos de: “seis kilómetros en cinco horas y avanzando), los que no tenemos ni las fuerzas, ni el gusto, ni la naturaleza ni las ganas de seguir corriendo los domingos cuando llevamos toda la semana a la velocidad de la luz… y a los que nos gritan, casi siempre y por detrás ¡¡¡apartaaaaaa!!!
Somos los que medimos la montaña en amigos y no en tiempo ni kilómetros. En ratos, en cuánto queda, en repechos, en amigos encontrados, compañeros diferentes, almuerzos compartidos, selfies, miedos superados y retos conseguidos.
En Caravaca tienes tantos paisajes como pruebas de senderismo, porque es barato, te dan de comer y te haces famoso. Puedes conseguir más like en una foto en el Buitre que todas las de perfil juntas de Paula Echevarría, soltera y en bikini.
Escoger vuestra prueba, y apuntaros a senderismo sin miedo a ser los últimos, que ese puesto ya lo tengo yo asegurado.
Os lo dice una senderista (con alma de triatleta) que nunca mira los kilómetros de las pruebas, sino el tiempo que dan para conseguirlas.