Que el espectáculo continúe

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PAQUI VALERA LÓPEZ.

¿Héroe? Creo que esa palabra no existe en el diccionario, o al menos no con el significado que se le atribuía en los tiempos de Robin Hood. El heroísmo es arcaico, pertenece a tiempos que ya nos quedan muy lejanos. No existe.

La gente llora, ríe, muere, pero no piensa. Es imposible que haya héroes en una sociedad en la que prima la ignorancia. No somos ciegos, simplemente no queremos ver y tampoco actuar. Todo pasa sobre nuestras insignificantes pupilas y nos mostramos impasibles, somos invidentes ante la putrefacta vida que tenemos y aquella que nos sobreviene.

Un héroe lucharía por la justicia, por la paz, por la igualdad. Pero lo cierto es que esos principios ni siquiera están definidos, no existen, nadie cree en ellos. La figura de un héroe no haría bien a una sociedad que no aspira al cambio, que está programada y que actúa como un producto manufacturado. Solo provocaría incertidumbre y desconcierto a todo aquel que no desea que su insignificante existencia varíe.

Señores, somos personajes de una obra de un muy mal autor (no se trata de Lope de Vega ni de Federico García Lorca, por supuesto) que no nos ha dotado de sentimientos ni matices. Somos sombríos, oscuros y tremendamente lúgubres, nos encontramos sumidos en la mayor de las soledades. No somos Fuenteovejuna, ni tampoco tenemos capacidad de pensar ni decidir si no contamos con el beneplácito de los demás. Ni estamos unidos, ni nos queremos separar.

Que nadie luche por nosotros. No sé si lo merecemos, pero está claro que no lo anhelamos. Todo lo que sea mirar más allá de nuestra propia superficie, tener una visión amplificada, nos aterra. Estamos situados en el cabo de Finisterre y todo Galileo que quiera venir a demostrarnos que no nos encontramos en el fin si no en un continuo cesar de acontecimientos que nos permiten hacer de nuestra vida algo más que una agenda repleta de eventos a los que asistir, será repudiado o quemado acompañado de la aclamación de los burros que conforman la sociedad.

Así pues, nos quedamos con Felix Baumgartner como héroe. Al fin y al cabo es lo que merecemos, un símbolo tan patético como nosotros. Sigamos bajo el velo de la ignorancia y cerremos el telón. Que el espectáculo continúe.

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