Pedro Antonio Hurtado García

Las televisiones privadas precisan de la publicidad para nutrirse económicamente. Está claro. De ahí, a abusar de la difusión publicitaria, existe una fina línea que las cadenas no saben, no quieren o se empeñan en gestionar inadecuadamente, olvidando el debido respeto al usuario, que es del que viven, al usar el número de telespectadores como tarifa publicitaria que, como todos sabemos, se valora en función del nivel de audiencia.

Con descarada impunidad, se saltan esa referida línea. Recientemente, cuando teníamos la amenaza de la DANA en el Mediterráneo, fuimos muchos quienes nos dispusimos a ver el informativo, seguido de los deportes y continuado por el espacio meteorológico, sufriendo ese “Volvemos en 7 minutos” que, a veces, se denomina “una breve pausa y regresamos enseguida”. Injusto que se nos pretenda engañar así.

Precisamos más de una hora y cuarto para conocer esa información que suele despacharse en 40/50 minutos, incluída su correspondiente publicidad. Fue abusivo y ocurre frecuentemente. Es obvio que sus estudios dictaminarían una expectativa de crecimiento de la audiencia por la climatología. No mencionamos marcas televisivas para que no se interprete esto como un ataque a una empresa divulgativa concreta, porque todas tienen un cierto paralelismo de actuación.

Podremos hasta pensar que las cadenas tienen dueños y las usan a su conveniencia. Cierto. Nada que objetar. Pero sí, por lo menos, exponer estas realidades que merman nuestra fidelidad hacia una u otra marca, porque nadie debe olvidar que existe un instrumento que se llama “mando a distancia” y que nos coloca en otro sello televisivo de inmediato, no librándose ni la cadena pública, que, bajo la presunción de no emitir anuncios, nos “arrea” unas sesiones publicitarias tremendas. Buenos días.